¿POR QUÉ SE DICE QUE NUESTRO CUERPO ES UN TEMPLO?
Bienvenidos, una vez más, a “Respuestas en la Biblia”, el espacio donde estamos respondiendo y abordando diversos temas sobre la Escritura. Hoy vamos a responder una pregunta que nos mandaron y que corresponde a la No. 149: ¿Por qué se dice que nuestro cuerpo es un Templo? Esta carta de Pablo donde expone esta idea la encontramos en el “Brit Hadasha” (Nuevo Testamento), pero me parece que es importante que antes de escrudiñar la cita, recordemos lo siguiente: la importancia que tenía el Templo.
IMPORTANCIA DEL TEMPLO
Hagamos memoria de que quien escribe estas palabras. Es decir, la asociación del Templo con el cuerpo la hace Pablo, un rabino, un judío, un erudito, que vivió en los días del Templo. Y para todo judío era sumamente importante lo que era este espacio, este lugar y lo que representaba para poderlo trasladar a nuestro propio cuerpo.
Entonces, el Templo que, previamente, era el “Mishkán” (Tabernáculo), sería el lugar donde la Presencia de Dios, más que residiera, pues el mismo Salomón le dijo: ¿Cómo te voy a construir casa, si los cielos de los cielos, no te pueden contener? Más bien, la idea es que ahí, el Eterno se manifestaría y mostraría su gloria en ese lugar. No es el único lugar porque el Eterno no está limitado a un espacio físico, pero sí sería el lugar donde, por excelencia, Él se manifestaría a Su pueblo. En el Tabernáculo, es muy evidente que Dios le dijo a Moisés que le hablaría desde ahí. Además, sería donde se llevarían a cabo los sacrificios y las ofrendas. Era el centro de operaciones de todos los levitas. El lugar donde se celebraban todas las festividades. Y, por supuesto, el lugar donde principalmente se manifestaría de una manera única, especial y mística sería el Lugar Santísimo, un lugar sumamente particular. Por tanto, el Templo siempre fue considerado como el lugar más santo, más puro e importante dentro de toda la tierra de Israel. Esto va más allá de un símbolo, es un elemento que representaba la Presencia de Dios con Su pueblo; así como Su fidelidad también. El Templo era el lugar donde se llevaban a cabo la reconciliación y el perdón de los pecados. Todos los sacrificios tenían esa idea: ‘Vamos a reconciliarnos’. Y el lugar de la reconciliación era el altar del Templo. Por ello, había mandamientos muy ligados, muy involucrados con éste. Por ejemplo: se consideraba que había que mantenerlo limpio, en buenas condiciones, no se podía sembrar árboles dentro del Templo, se debía mantener vigilado las 24 horas. Todas estas indicaciones del Templo también pueden ser trasladadas, hoy en día, a nuestro cuerpo.
NUESTRO CUERPO: UN TEMPLO
Me parece que es parte de lo que, en este caso, Pablo quiere asociar y relacionar justamente con los creyentes. Vamos a leer esta cita que nos acerca a la idea del por qué el Apóstol pudiera considerar al cuerpo como un Templo o como el lugar donde residiría y se manifestaría la “Ruaj Hakodesh” (Espíritu Santo) en 1 Corintios 3:16-17:
“¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es.” (1 Corintios 3:16-17 RVR60).
Aquí vemos que el enfoque de este primer pasaje está más relacionado con la idea del Templo como la unidad, el cuerpo de creyentes y la comunidad. En este caso, Pablo le estaba escribiendo a la comunidad de Corinto en una carta general para todos. De cierta forma, así es. El Templo que se levantaría para el Eterno, dice Pedro: ‘Ahora es de piedras vivas’. Ya no sería edificado con las piedras minerales, sino con corazones, con personas. Entonces, los creyentes somos responsables de mantener este Templo, porque cada uno somos una piedra viva de este Templo.
Como les decía, para un judío como Pablo, el Espíritu de Dios ahí moraba y residía, era el lugar de su morada y Presencia. Pero “Yeshua” (Jesús) dijo que: ‘Vendría un día en que los que adorarían, lo harían en espíritu y en verdad’. Como diciendo que este día está llegando. Es decir, la adoración al Eterno ya no sería solo en el lugar del Templo, sino en todas partes y, a través de todos. La Presencia del Eterno habría de residir en los creyentes, como lo hacía en el Templo. Pero, así como el Templo no podía, evidentemente, tener objetos o cosas inmundas, tampoco en la vida de los creyentes se podrían permitir falsas doctrinas o cuestiones carnales en ellos, porque sería la profanación de su propio Templo. Sería el equivalente a meter ídolos, carnes inmundas y cualquier cosa profana dentro del Templo y eso lo contaminaba. Por eso, en “Yom Kippur” (Día del Perdón o Expiación), parte de su servicio, era la purificación de todos los objetos y muebles que se usaban dentro del Templo, por esta misma razón. Seguramente, había inmundicia.
Yo les pregunto: ¿qué es lo que hacía que el Templo del Eterno fuera realmente Su Templo? ¿Qué quiero decir con esto? Que cualquier otra nación podría construir un templo igualito y hacer una copia exacta de este con su altar, su “menorá” de oro (candelabro de siete brazos), la mesa de los panes y hacer todo igual. Pero ese, no sería el Templo del Eterno. ¿Cuál sería o en qué residía la diferencia entre uno y otro? La diferencia radical, independientemente a la geografía, pues era el lugar que Dios mismo había asignado, (ya que hay una réplica del Templo en São Paulo). Además, históricamente, se considera que ese fue el lugar donde Abraham estuvo a punto de sacrificar a Isaac, por lo que es un lugar único y especial, sin duda. Pero la diferencia es que, finalmente, la “Ruaj” (el Espíritu del Eterno) estaría ahí. ¡Eso es lo que haría toda la diferencia! De nada serviría ese lugar, ni las piedras impresionantes, ni el oro, ni todos los elementos que le pusieran, si el Espíritu de Dios no estaba ahí, no serían más que piedras.
Es lo mismo con un hogar. Si en una casa no está el Espíritu del Eterno, pues no es un hogar. Solo es una construcción en donde conviven ciertos individuos, pero la diferencia radica en que el Espíritu de Dios está ahí, en nuestras vidas. Es lo mismo cuando lo relacionamos con otros aspectos. De cierta forma, también nuestro cuerpo que es un Templo de Dios, debe tener esa diferencia con respecto a otros cuerpos, porque la Ruaj mora en nosotros en nuestro interior. Por lo tanto, vienen estas ideas que menciona Pablo, como: ‘Si alguno destruyere el Templo de Dios, Dios lo destruirá a Él’. Eso es una “mitzva” (mandamiento) del Templo que era: mantenerlo, cuidarlo, preservarlo, mantenerlo vigilado y limpio. Entonces aquí nos hace pensar que debemos ser cuidadosos, si somos como comunidad el Templo de Dios, de no generar destrucciones, daños, profanaciones, en fin. Y, de manera personal, por supuesto, llevar una vida en santidad.
UN TEMPLO SIN IDOLATRÍA
Ahora leeremos otra cita en 1 Corintios 6:15-20:
“¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera? De ningún modo. ¿O no sabéis que el que se une con una ramera, es un cuerpo con ella? Porque dice: Los dos serán una sola carne. Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él. Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; más el que fornica, contra su propio cuerpo peca. ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.” (1 Corintios 6:15-20 RVR60).
Ya comentamos que el Templo era el lugar donde residía la Ruaj y ahí se manifestaba. Esa es la idea que quiere llevar Pablo a todos los creyentes: ‘Si el Espíritu de Dios mora en ti, debes de cuidarte’. En este caso, el contexto era principalmente la fornicación, porque es uno de los pecados más graves en el cuerpo. Además, se asocia a la idolatría, la cual es una larga historia en el pueblo de Israel. Así como en el Templo no se podía, por ninguna razón, introducir un ídolo, pues era una profanación mayor. Lo mismo equivaldría la fornicación en nuestro propio cuerpo. Es decir, fornicar equivaldría a la idolatría que se metía en el Templo. Tristemente, a lo largo de la historia, vemos que el pueblo de Israel no siempre guardó esto. Incluso, hubo Reyes que fueron los que llevaron idolatría dentro del Templo. Entonces, si en verdad estamos llenos de la Ruaj /Espíritu, eso debería diferenciar nuestra conducta, nuestra forma de vivir y en nuestro proceder sexual. En este caso, huir de la fornicación sexual. Dice en el verso 20: ‘que glorifiquemos, pues, a Dios en nuestro cuerpo y en nuestro espíritu, los cuales son de Dios’. Esa es la idea del Templo, pues era un lugar de glorificación para el Eterno. Él se manifestaría y glorificaría en ese lugar. Porque no estaba separado el uno del otro. Al morar el Eterno en este espacio, habría esta unidad entre la parte material y la parte espiritual. Lo mismo sucede en nosotros, no podemos ir y pecar con el cuerpo y en el espíritu decir que no pasa nada y que todo está bien, eso corresponde a un pensamiento griego. Hay una unidad en el cuerpo y en la Ruaj que no podemos separar. Entonces, cuando dice aquí que: ‘Si te unes con una mujer o un hombre ajenos, nos estamos haciendo un cuerpo con él o ella, estás llegando a una idolatría y unidad con esta persona, aun cuando la persona no lo hace conscientemente pensando en la idolatría, pero lo está haciendo.
¿QUÉ SIGNIFICA QUE LA RUAJ / EL ESPÍRITU MORA EN NOSOTROS?
Por otro lado, ¿qué significa que la Ruaj / el Espíritu mora en nosotros? Que si el Espíritu mora en nosotros, tenemos esa fuerza y poder que nos va a dar la capacidad para vencer los pecados de la carne. Entonces, el llamado es a tener una purea sexual en nuestro cuerpo. Por eso se dice que el cuerpo es un templo, porque hay que mantenerlo en santidad, pureza y cuidado. Si fuimos comprados por precio, como dice aquí, también significa que, por otro lado, tampoco es nuestro cuerpo, sino que es del Eterno. Así como el Templo no era de los levitas o de los sacerdotes, era del Eterno, pues era su morada, su casa. Esto es interesante porque tendemos a cuidar más lo que no es nuestro. ¿Cómo te sientes cuando te prestan algo caro y delicado? Eres cuidadoso con eso porque si SE rompe, lo tendrás que pagar. De cierta forma, así deberíamos ver a nuestro cuerpo, porque le pertenece al Señor. Nuestro cuerpo es para el Eterno y la evidencia es que nos dio Su Espíritu. Por eso, debemos comportarnos, cuidarlo y darle el uso correcto.
El Templo, al final del día, solo era el medio para glorificar a Dios. Nuestro cuerpo también debe ser el medio, no debe ser el fin. La idea no era que la gente le rindiera culto al Templo, sino que le rindiera culto al Eterno. Nosotros también, como creyentes, no debemos rendirle culto a nuestro cuerpo, ni al de nadie más, sino únicamente al Eterno.
Finalmente, para cerrar, leeremos 2 Corintios 6:16:
“¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, Y seré su Dios, Y ellos serán mi pueblo.” (2 Corintios 6:16 RVR60).
No hay forma de que haya un acuerdo entre el Templo de Dios y los ídolos, igualmente en nuestro cuerpo, que es nuestro Templo físico, por eso dice que salgamos de los ídolos y nos apartemos para que Él nos reciba. Una vez más, la idea del Templo con nuestro cuerpo siempre está asociada con la santidad, la pureza, al lugar donde se manifestaría el Espíritu de Dios. Y el Eterno no puede asociarse con los ídolos; así nosotros no podemos llevar una vida de idolatría, fornicación, ni nada parecido.
Hay algo curioso, la mayoría de las culturas antiguas creían que los seres divinos entraban a las estatuas hechas a mano. A través de las cuales los adoradores podían interactuar con esas deidades. A veces, nos preguntamos: ¿cómo podían desde ese tiempo idolatrar figuras? Porque cuando lo hace una persona, nos damos cuenta de que es algo hechizo. La persona hacía o construía el ídolo, la imagen, la figura o la estatua con sus manos, pero lo que creían era que una deidad o un ser divino entraba a la imagen, figura o estatua. Sin embargo, Pablo tiene la idea inversa. Es decir, “Adonai” (Dios) va a entrar a nosotros. Por eso, el Eterno les dice a los corintios: ‘Ustedes son como imágenes vivas, que sí respiran porque tienen aliento de vida y es el Espíritu quien reside dentro de ustedes’. Y esto, para los corintios, tenía cierto sentido, porque los paganos construían cosas muertas con palos, piedras, madera y decían que entraban los espíritus de esos seres, pero no se movían, tal cual dice el Salmo 115: ‘Tienen ojos y no ven. Tienen boca y no hablan. Tienen oídos y no oyen’. Ellos no tienen vida. ¡No hay manera! Pero, nosotros somos hechos a imagen y semejanza de Dios. Entonces, somos una imagen, pero ¡hecha a semejanza del Eterno! Ahora, no somos nada si no tuviéramos el Espíritu. Por eso, Dios sopló y ese Espíritu entró, nos dio vida y tenemos la responsabilidad de manifestar esa vida. Lo mismo con el Templo. Entonces, el pensamiento es: los cuerpos de los creyentes son espacios sagrados en los que el Espíritu reside en la imagen de un Templo.
Está interesante este concepto: Así como los paganos tenían esta creencia. Pablo más bien lo asocia de manera bíblica en que nosotros también somos una imagen, con la diferencia de que nosotros tenemos vida. Por eso se dice que los paganos les tenían que hacer orificios a los dioses, porque si no los hacían, no podría entrar esa deidad por ahí.
Finalmente, si lo asociamos a los mandamientos relacionados con el Templo, nos llevaría a la responsabilidad de mantener nuestro cuerpo en las mejores condiciones de salud, de cuidar nuestra imagen, de lo que comemos, lo que vemos y oímos. Por eso, está de pensarse porque, a veces, traemos el cuerpo en las últimas reservas, abandonado, profanado, con achaques y dolores. Nos quejamos como si fuera culpa del Eterno, cuando realmente es nuestra culpa. Así que, estaba prohibido que los levitas mantuvieran el Templo en condiciones sucias, deplorables o dando una mala imagen. Nosotros también deberíamos de pensar, de cierta forma así. Es decir, animarnos para cuidarnos y ser responsables también de nuestra salud y de nuestro cuerpo.
Si fue de bendición para ti, como siempre te animamos a que lo compartas y que le demos ‘Me gusta’ para poder seguir difundiendo estos temas de la Palabra de Dios.
Que el Eterno te bendiga: ¡“Shalom” / Paz!
Escribe un comentario