¿QUÉ ES Y CÓMO SE GUARDA NIDÁ?
Bienvenidos, estamos en “Respuestas en la Biblia”, conociendo más de la Palabra del Eterno y, el día de hoy, vamos a llegar a comprender más qué es el tema de la pregunta No. 160 ¿Qué es y cómo se guarda niddá? Vamos a comenzar por definir qué es niddá, porque a lo mejor, hay personas que no están familiarizados con esta terminología, porque están empezando a caminar en las Raíces Hebreas y a conocer de esto. Este tema es muy relevante y, habitualmente se considera o se toma como parte de la enseñanza que debe recibir un matrimonio, ya que entra en la categoría de la sexualidad y, vamos a ver que también es importante que lo conozcamos todos, no solo por la sabiduría de Dios para cada uno de estos temas y lo que implican, sino finalmente, porque todos somos parte del pueblo y estamos unidos bajo la misma Escritura y en los mismos lineamientos.
TAHARAT HAMISHPAJÁ = PUREZA FAMILIAR
Vamos primero a definir qué es la “niddá”, el cual es un término hebreo (H5079) que significa SEPARADA, de una raíz que significa ‘alejar’. Propiamente ‘rechazo’.
Este es el pasaje base en el cual se aplica: Levítico 15:19-20:
“Cuando la mujer tuviere flujo de sangre, y su flujo fuere en su cuerpo, siete días estará apartada; y cualquiera que la tocare será inmundo hasta la noche. Todo aquello sobre que ella se acostare mientras estuviere separada, será inmundo; también todo aquello sobre que se sentare será inmundo.” (Levítico 15:19-20 RVR60).

Aquí viene la palabra en español separada, que es niddá en hebreo y que, entra en el concepto más amplio conocido como “Taharat HaMishpajá” (Leyes de Pureza Familiar).
Se denomina niddá, al período en que la mujer y el varón están “separados” debido a la condición temporal, pero habitual de la mujer que sucede cada 28 días. Vamos a la base bíblica del mandamiento que estamos explicando, así que vamos a dar lectura del pasaje completo para tomar en consideración lo que nos está mostrando la Biblia y, después, vamos a ver las razones del porqué de esta separación. Aunque algunas pudieran ser lógicas, hay personas para las que no lo son.
Vamos a leer Levítico 15:19-33:
“Cuando la mujer tuviere flujo de sangre, y su flujo fuere en su cuerpo, siete días estará apartada; y cualquiera que la tocare será inmundo hasta la noche. Todo aquello sobre que ella se acostare mientras estuviere separada, será inmundo; también todo aquello sobre que se sentare será inmundo. Y cualquiera que tocare su cama, lavará sus vestidos, y después de lavarse con agua, será inmundo hasta la noche. También cualquiera que tocare cualquier mueble sobre que ella se hubiere sentado, lavará sus vestidos; se lavará luego a sí mismo con agua, y será inmundo hasta la noche. Y lo que estuviere sobre la cama, o sobre la silla en que ella se hubiere sentado, el que lo tocare será inmundo hasta la noche. Si alguno durmiere con ella, y su menstruo fuere sobre él, será inmundo por siete días; y toda cama sobre que durmiere, será inmunda. Y la mujer, cuando siguiere el flujo de su sangre por muchos días fuera del tiempo de su costumbre, o cuando tuviere flujo de sangre más de su costumbre, todo el tiempo de su flujo será inmunda como en los días de su costumbre. Toda cama en que durmiere todo el tiempo de su flujo, le será como la cama de su costumbre; y todo mueble sobre que se sentare, será inmundo, como la impureza de su costumbre. Cualquiera que tocare esas cosas será inmundo; y lavará sus vestidos, y a sí mismo se lavará con agua, y será inmundo hasta la noche. Y cuando fuere libre de su flujo, contará siete días, y después será limpia. Y el octavo día tomará consigo dos tórtolas o dos palominos, y los traerá al sacerdote, a la puerta del tabernáculo de reunión; y el sacerdote hará del uno ofrenda por el pecado, y del otro holocausto; y la purificará el sacerdote delante de Jehová del flujo de su impureza. Así apartaréis de sus impurezas a los hijos de Israel, a fin de que no mueran por sus impurezas por haber contaminado mi tabernáculo que está entre ellos. Esta es la ley para el que tiene flujo, y para el que tiene emisión de semen, viniendo a ser inmundo a causa de ello; y para la que padece su costumbre, y para el que tuviere flujo, sea varón o mujer, y para el hombre que durmiere con mujer inmunda.” (Levítico 15:19-33 RVR60).
Este es el pasaje donde se describe esta condición, la cual no debemos verla como algo extraño, porque forma parte de la vida misma. Se considera este mandato, conocido de forma general, como niddá, como un mandamiento “jukim” (mandamiento de carácter ilógico). Sin embargo, hay razones tanto físicas como emocionales y espirituales para tener esta separación sexual del hombre y la mujer. Y esta razón me gustaría que la analizáramos para que nos acerquemos más a este entendimiento de lo que el Eterno nos ha dado como mandamiento y por qué lo ha hecho así. Pues es Dios quien incita a esta separación y lo eleva evidentemente a nivel de mandamiento.
ENTENDIENDO LA PUREZA E IMPUREZA SEGÚN LA TORÁ
Vamos a entender lo que es la pureza e impureza, según la Torá. Sé que cuando escuchamos el término inmundo, nos suena bastante fuerte, es la palabra hebrea “tamé” (H2930) que viene de la raíz primaria que puede implicar estar contaminado, específicamente en un sentido ceremonial. También se puede aplicar de manera moral en esta definición del diccionario o Concordancia Strong como la raíz de estar ‘no apto o no limpio’. Lo contrario es la palabra “tahor” (H2889) y significa puro o limpio. Pero yo creo que todos, ahora que estuvimos leyendo y oímos que se repite la palabra ‘inmundo’, cuando la escuchamos, al menos en castellano, el término suena bastante fuerte. Yo creo que así fue, la primera vez que oíste o leíste esta palabra, ya que no es muy habitual. Es algo sucio, contaminado, inmoral y siempre es algo sumamente negativo. Sin embargo, la “Torá” (Instrucción, Ley) no es exactamente lo que nos quiere mostrar con este tipo de conceptos, sobre todo, con este en particular. No digo que lo inmundo no sea algo contaminado, por supuesto, que lo es. Pero me gustaría ver otra perspectiva de lo que pudiera ser más bien el término puro y los términos impuro o inmundo.
En la Escritura estos términos son opuestos. Lo opuesto de lo inmundo es lo puro y viceversa. Lo puro es lo que está conectado con la vida, esto es algo vital en el entendimiento de la Torá. Cuando hablamos de pureza, está intrínsecamente conectado con la fuente de la vida. Y lo impuro o inmundo, como hemos leído a lo largo de estas citas, es algo que resta vida o se desconecta de la fuente de la vida. En síntesis: lo que está conectado con la vida o puede dar vida es algo puro y lo que está desconectado de la vida y da muerte es algo impuro. Entonces, algunas funciones corporales, como pudiera ser la eyaculación del hombre o la menstruación, implican, por ejemplo y de cierta manera, una pérdida momentánea de la vida. Es como si perdiéramos esta particularidad, aunque sea de forma temporal y provisional de la vida. Es como la máxima expresión de la vida. Fíjense, aquí vamos a empezar a conectar este tema de la niddá (la menstruación de la mujer), porque cuando una mujer está embarazada no tiene menstruación. Por lo tanto, es cuando está más cerca de la vida. Y, literalmente, así es, porque en su cuerpo alberga literalmente a dos seres o almas en su cuerpo. El alma de una criatura y la suya propia. Cuando da a luz es la máxima expresión de vida y de mantener esa cercanía con la pureza. Ahora miren qué curioso, porque no es casualidad que, inmediatamente a que da a luz, la mujer entra en un período de menstruación muy largo y, justamente, pasa a lo opuesto, a la imposibilidad de poderse embarazar y, por consiguiente, de albergar vida. Ahí pasa a ese estado de inmundicia en el sentido de que no puede dar vida porque está menstruando. Se desconectó de esa vida, que era el bebé y, ahora, pasa a esta condición. Entonces, este es un ejemplo que me parece muy claro de lo que implican la inmundicia y la pureza.
La pureza es algo que está conectado a lo que da vida, a la fuente de la vida y la inmundicia es lo que se desconecta.
SE ROMPE EL EQUILIBRIO
Entonces, el término impuro o inmundo, puede implicar un estado en que las cosas tienen cierta añadidura. Por ejemplo: el agua pura quiere decir que no tiene ninguna alteración, que no hay nada extraño o ajeno a ese líquido. Hay un equilibrio en los elementos puros que permiten que siga siendo puro. Por tanto, se acerca a lo ideal. Entonces, una persona que adquiere impureza, por decirlo así, se encuentra como en un desequilibrio espiritual. En el ámbito espiritual esa persona está desequilibrada. Por eso, el pecado nos contamina, nos hace inmundos, en general, delante de Dios. Viéndolo así, el período de niddá es como un desequilibrio físico en la mujer. Es un factor que, de cierta manera, le desequilibra y le altera.
Pensemos en esto: el agua pura es un balance y un estado perfecto, pero si le agregamos algún elemento, viene un estado de alteración y pierde su pureza. Esa agua pura se convierte en algo impuro. Digamos que la mujer está en una condición de equilibrio, pero viene el período de la menstruación y la desequilibra, la altera y afecta. Digamos que una parte como que se rompe y se provoca un desequilibrio en el ámbito físico de la mujer y es una manifestación del desequilibrio espiritual.
Quisiera leerles un artículo que encontré en una página judía y compartirles de forma literal lo que dice: ‘Hay un vínculo entre la pureza y la vida y la inmundicia y la muerte. Dios es la fuente de vida. El potencial de generar vida es una extensión de Dios que, en este caso, le permite al ser humano. Y lo opuesto es cierto, la muerte es una expresión de la impureza. De ahí se entiende mejor por qué la mujer en menstruación es inmunda y transmite esa inmundicia porque pierde temporalmente su potencial de dar vida y se convierte en muerte. No debe ser visto como desprecio, sino como un reconocimiento de que su máximo potencial de dar vida ha quedado temporalmente perdido. El ciclo de separación y unión asegura que el vínculo físico entre la pareja tenga lugar cuando ambos están con su potencial de vida pleno. Tanto el hombre como la mujer’.
Me parece interesante este concepto y esta idea de que la impureza y la pureza están asociados a la vida y a la muerte. Aquí perdemos esta connotación tan negativa de la inmundicia y la impureza, porque ha sucedido a lo largo de la historia que, incluso, hay mujeres que cuando llegaba su período menstrual, no solamente se volvían impuras en el sentido espiritual o físico, sino que eran rechazadas, encerradas, excluidas de demasiadas cosas que no tenían nada que ver con el ámbito de la santidad de Dios. En días del Templo, implicaba un mayor nivel de santidad este espacio, esta área en el monte del Templo, en el Templo mismo y en sus atrios, donde, por supuesto, estaba prohibido participar para la mujer en esos días de su período en los servicios. Precisamente, porque la niddá o menstruación era el reflejo de ese desequilibrio espiritual o estado de impureza ante la santidad y el nivel espiritual que debía haber en todo el recinto. Por eso, en el día de “Yom Kippur” (Día del Perdón), el día más sagrado, el Sumo Sacerdote dentro de todas las purificaciones que hacía y los sacrificios, él realizaba la purificación del Templo mismo y de los objetos del Templo, porque era inevitable y, además, no había manera de saber si una mujer se encontraba en su período y no solo la mujer, sino en realidad, cualquier otro ser humano que se acercara en esta condición de inmundicia. Aquí estamos hablando del tema de la mujer, específicamente por el tema de niddá, pero ya leímos en el capítulo 15 de Levítico, que el hombre también podía caer en estos estados de inmundicia. Por ejemplo: el leproso era el nivel máximo de inmundicia permanente, a tal grado que, la persona permanecía completamente excluida o apartada de la sociedad, en este caso, porque, además, se consideraba que era contagioso. También, si una persona tocaba un cadáver, ya no debería de asistir al Templo a ofrecer sacrificios. Todo esto no se sabía, muchas veces, con tantas personas y de tantos lugares, así que, Yom Kippur era un momento en el que tenían que recuperar o recobrar la santidad de este lugar y de todo lo que implicaba, por lo que hacían la purificación por todas las inmundicias que, durante el año pudieron haber sucedido por las personas que llegaron ahí. Y, en general, la persona llegaba a un estado de impureza por causa de algún cambio en su cuerpo. Como ciertos fluidos corporales, la menstruación de la mujer o en situación de “tzaráat” (lepra), aunque no es exactamente la misma enfermedad que hoy se describe como lepra, sino algo similar. O también, por entrar en contacto con algún objeto, cuerpo o persona que transmitiera esa impureza.
De aquí la razón de la separación física entre el hombre y la mujer. Porque Dios quiere que, cuando venga este vínculo físico, íntimo, sexual, ambos se encuentren en su nivel máximo de potencial de dar vida y de pureza también. Ahora, esto es el sentido espiritual. Espero que haya quedado claro, porque a mí me sorprende mucho cómo el Eterno a través de las cosas físicas, también nos muestra las cosas espirituales, muy importantes y profundas, del porqué, a veces, no entendemos ciertos mandatos. Y habrá gente que lea estos mandatos de Levítico y no les parezca, se burle o simplemente piense que es ridículo, sin entender esta relación. Aquí hemos visto las razones espirituales del porqué esta separación.
RAZONES FÍSICAS DE NIDDÁ
No es la única razón, hay también razones físicas, pues este ámbito tiene también un papel para que esta separación se dé. Como una evidencia del “desequilibrio espiritual” en la mujer, hay manifestaciones físicas de esto que, además, fomentan la separación sexual de la mujer por sí misma. Una cosa ayuda y lleva a la otra. Y hay manifestaciones en las mujeres que son muy evidentes: dolores de cabeza, dolor de espalda, cansancio, cambios de humor, mareos, debilidad, en fin. Hay manifestaciones físicas. Pero, si consideramos y creemos que, muchos de los aspectos físicos son un reflejo de lo espiritual, aquí está la evidencia más clara del porqué Dios ha sido tan estricto y manifiesta este estado en el que la mujer se debe apartar porque entra en un estado de inmundicia. Su mismo cuerpo, de cierta manera, externa esos cambios que están sucediendo en el interior.
En la parte física, cuando la mujer está en este período, secreta unas hormonas llamadas ‘menotoxinas’ que está comprobado que llegan a causar daños, en algunos casos, a flores y algunas verduras. Estas son secretadas por la sangre y los glóbulos rojos por el sudor. Está comprobado que las secreciones en el cuerpo de la mujer son ácidas y forman una barrera natural contra las infecciones. Durante la menstruación, esas secreciones se tornan alcalinas y desaparece esa barrera natural. De ahí que se propaguen infecciones si no se guarda esta ley de niddá. El canal uterino pierde un revestimiento protector y se requiere de un tiempo para que venga su restauración. Cuando cesa el sangrado, la matriz y los órganos de la mujer inician un proceso de restauración que, cuando no se respeta, va a traer consecuencias para el cuerpo de la mujer, incluso, enfermedades.
Les quiero compartir dentro de mi investigación, una lectura que encontré del ministerio de salud de Nueva York, donde el Doctor Nemberg, realizó por 13 años, una investigación sobre el cáncer de matriz, que es la causa principal de muerte en las mujeres y observó que, en el caso de las mujeres judías, una de ellas padecía cáncer de matriz por cada 2090 mujeres que no eran judías. Una proporción de 20 a 1. La misma ciencia, medicina y parte médica nos muestra la razón de porqué Dios ordenó esto. La ciencia respalda lo que la Torá nos ordena. Hay una mayor probabilidad en las mujeres de no padecer enfermedades, infecciones e, incluso, cáncer por guardar y respetar estas leyes. A mí me parece una estadística importante para considerar las razones físicas de por qué se deben de guardar o respetar estos días sin contacto sexual. Además, de que hay una indisposición física, prácticamente en todas las mujeres, está prohibida por la Torá misma. Vamos a leer esta prohibición, ya que, en el capítulo 15 nos habla de la separación y la inmundicia como para ayudarnos a entender la razón primaria, pero en el siguiente versículo nos habla de la prohibición de las relaciones sexuales durante el período menstrual de la mujer. Leamos Levítico 20:18:
“Cualquiera que durmiere con mujer menstruosa, y descubriere su desnudez, su fuente descubrió, y ella descubrió la fuente de su sangre; ambos serán cortados de entre su pueblo.” (Levítico 20:18 RVR60).
Este es el mandamiento literal que nos dice que está prohibido tener relaciones durante el período de niddá.
LA TENSIÓN POSITIVA
Aunque hay razones médicas, físicas y espirituales para detener la intimidad física durante ese período. Dios nos ha dado aún más razones que, además, por si fuera poco, sirven para el matrimonio de una manera muy poderosa. Sé que algunas mujeres lo ven como algo negativo o, por lo menos, así lo sienten. Pero aún por razones de malestares y de separación, hay algo muy positivo que sirve de manera tan poderosa, que a ningún sexólogo se le hubiese ocurrido de esta manera. Esto es algo interesante, porque el Creador que nos conoce íntimamente sabe cómo funcionamos y cómo funcionan las relaciones matrimoniales. Porque, obviamente, las relaciones sexuales están reservadas para el ámbito del matrimonio. Dios sabe que, entre las mayores amenazas para el matrimonio, se encuentra la rutina, lo que genera un cierto aburrimiento, provocando que se pierda esa pasión y esa chispa. Entonces, ¿qué es lo que sucede al encontrarnos con un mandamiento que nos dice que está prohibido tener relaciones íntimas con el esposo (a)? Es como un tope para ese momento. Además, fijar un lapso cada mes donde la relación sexual está prohibida, genera una especie de tensión positiva. Por eso, la ilustración nos muestra que es como estirar una cuerda por ambos lados, a cada uno, un cónyuge.
La cuerda se tensa en la medida que se va jalando y esta tensión, al final, termina generando un vínculo entre la pareja. Este ‘mecanismo’, vamos a llamarlo así, que el Eterno creó dentro de la categoría de pureza familiar, va a generar psicológica y físicamente en la pareja, el gusto por algo que está prohibido, pero dentro del ámbito de lo permitido. Lo voy a repetir: le va a dar a la pareja el gusto de lo que está prohibido, pero dentro de lo que sí está permitido. Es decir, siguiendo la regla de que, lo prohibido es lo que deseamos, entonces, se empieza a generar un mayor deseo. La idea es que, este reencuentro mensual va a ayudar a la pareja a disfrutar como si fuera una nueva luna de miel. Genera como un ‘reset’ (botón de ajuste) en este sentido para la relación. Así funcionamos, lo que, generalmente, está prohibido es lo que más nos seduce y atrae. Si no me creen, solo pregúntenle a Adán y a Eva, que lo que les prohibieron, fue justamente lo que desearon. Dice la Palabra que vio Eva, el fruto que era deseable a la vista y lo codició. De eso se trata este período de separación o de niddá, que se reavive la llama del deseo que, con los años, muchas veces, se va apagando.
VIÉNDOLO COMO UNA LEY DIVINA
Ahora, hay una parte muy importante para que esto funcione, debe respetarse como un mandato divino, porque si uno se propusiera inventar una regla o una ley de separación para lograr el mismo objetivo, esto terminaría siendo una tensión negativa en lugar de una tensión positiva. Si alguien en casa ejerciera una prohibición, sin ningún sentido aparente, justificable o convincente, por ejemplo: que el esposo le dijera a la esposa que, a partir de ahora, estará prohibido bañarse tal día porque hay que ahorrar agua, la esposa podría decir: ‘Sí, pero yo también necesito bañarme ese día’. Lo que generaría una tensión negativa. Aquí viene lo relevante del porqué, sobre todo, para los que son solteros, es tan importante el yugo igual y el porqué evitar el yugo desigual. Porque finalmente, estas leyes de niddá se deben ver como una ley divina. Porque ocurre que una ley humana, especialmente, si es confeccionada por uno mismo, es inherentemente “negociable”, mientras que una ley Divina no lo es, porque no puedes “negociar” con Dios. No podemos hacer reformas o sugerencias a la ley. Si la pareja se adhiere al sistema Divino, del que estamos hablando, ambos integrantes saben que no hay opción mientras dure el período de separación. Ya leímos lo que dice Levítico 20: ‘Serán cortados de su pueblo’. Entonces, si realmente creemos en la Torá, si ponemos a Dios como prioridad y realmente queremos obedecer a Dios, por más ganas y deseos que tengamos, vamos a respetar esa ley porque sabemos que está por encima de nosotros y que viene del Eterno, por tanto, es una ley que hay que respetar sí o sí. No funciona cuando hacemos un sistema casero que uno mismo diseña, ‘por llamarlo así’, a diferencia de cuando sabemos que lo está haciendo Dios. Un sistema hecho por el mismo hombre termina por no funcionar a las parejas porque como no se ve como una ley divina, siempre se van a encontrar excepciones para romper esa regla. Lo digo, porque hay sexólogos que han sugerido la misma separación en las parejas y con la misma intención y los matrimonios no lo han logrado. Por ejemplo: consideremos cuánto tiempo nos duró alguna dieta que quisimos hacer y no lo logramos porque nos invitaron a una reunión y terminamos comiendo y luego otra vez y otra vez, en fin. Pero cuando llega la fiesta de Panes sin Levadura, sabemos que es una ley divina y que no hay excepciones a la regla, aunque vayas a ciertos lugares, reuniones o te inviten a ellas.
El punto aquí es, si logramos ver estas leyes de niddá como lo que son, leyes divinas y, nos adherimos a ellas en ese estatus, las cosas van a funcionar de una manera increíble. Se va a generar una especie de tensión, porque la tensión no necesariamente desaparece, esa es la verdad, porque no va a desaparecer el deseo; al contrario, la intención es, más bien, propiciarlo para que, entonces, cuando ya se pueda, realmente se disfrute. Vuelvo a poner el ejemplo de la dieta, una persona dice: ‘No voy a comer pan, bocadillos, pasteles, tortas, durante toda la semana, pero sí lo voy a hacer en shabat’. Cuando llegue ese día que tanto anhela y espera, lo va a disfrutar mucho más que si lo hiciera todos los días. Esto es parte del objetivo intrínseco que también tiene la Torá de avivar las llamas de la pasión, del fuego y es mucho más efectivo que hacer algún truquito afrodisíaco o hacer cualquier cosa o consejo que circula por internet que lo que Dios diseñó y creó. ¡De ahí la importancia de esto!
HACIA LA INTIMIDAD EMOCIONAL
No solamente viene el avivamiento del deseo de la pareja, de reavivar esa llama, sino que también va encaminado a generar otra especie de intimidad que no es solo la sexualidad, sino la intimidad emocional que es fundamental en todos los matrimonios. Ya que esto también se va perdiendo. La intimidad emocional no solamente consiste en decirnos nuestra vida o no tener secretos el uno con el otro, sino que es un aspecto en el que nos acercamos al mundo interior de la persona, en el que podemos enfocarnos en su ser. La ventaja de la separación física por la niddá es que permite la conexión en otro nivel, va a permitir que haya conexión en el matrimonio, pero con otra perspectiva. En su plan maestro, Dios sabe que no todo es físico en una relación. El matrimonio no solamente es comer, dormir, reproducirse, etcétera. ¡No! Dios sabe que el hombre y la mujer necesitan intimar emocionalmente. Que tienen que conectarse espiritualmente, no vamos a decir que las relaciones físicas están fuera de lo espiritual, por supuesto que no; sin embargo, cuando hay esta separación también hay un espacio para otro tipo de conexión.
Yo creo que a esto se refiere el Apóstol Pablo en 1 Corintios 7:5:
“No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración; y volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia.” (1 Corintios 7:5 RVR60).
Seguramente que ya habíamos leído este pasaje, pero ahora, viéndolo en esta perspectiva, con este tema, adquiere otra dimensión. ‘No os neguéis’, se refiere al aspecto sexual. Y, ¿en qué tiempo el hombre y la mujer podrán tener un mutuo consentimiento de no tener intimidad sexual? Es poco común que en realidad coincidan ambos exactamente con la misma intención, al mismo tiempo, esa es la verdad, si somos honestos. Tanto esposo como esposa, a veces, uno tendrá ganas y el otro no, pero que los dos, al mismo tiempo digan no, no es tan fácil. Pero, entonces, aquí entra este período perfecto de separación ordenada por la misma Torá: ‘A no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento’. Si están en el mismo yugo, van a tener el mismo consentimiento de separarse esos días. También menciona otra razón para la separación física o íntima de la niddá: ‘Para ocuparos sosegadamente de la oración’. La Torá es perfecta y tiene un tiempo marcado por algo. Por ello dice: ‘No le añadas a la Escritura porque no le hace falta y, tampoco le disminuyas porque no es necesario’. Ni le añadas, ni le aumentes. En caso de hacerlo, satanás los puede tentar por la incontinencia. Dios sabe que no es bueno que, tanto el hombre, como la mujer, en general, estén durante mucho tiempo en incontinencia porque va a venir la tentación.
No es sinónimo de una superespiritualidad quien tiene esta separación física por muchos días. Pues el objetivo, en todo caso, es aprovechar ese tiempo para ocuparse en la oración. Ahí vuelve a haber esta intimidad en otro nivel. En un nivel espiritual, emocional y de acercamiento del uno al otro en un aspecto y tiempo diferente.
El período de niddá, hace que la pareja se concentre en otras formas de interacción, de comunicación y fortalezca la amistad en la relación. A veces, la parte física es un estorbo dentro de la relación emocional. Hoy, el mundo está exactamente al revés, primero tienen lo físico y luego viene lo emocional. Hemos escuchado a parejas que dicen que el pretexto o la justificación de las relaciones sexuales antes del matrimonio es para ver si son compatibles, pero es imposible que un hombre y una mujer físicamente no pudieran llegar a ser compatibles si Dios los unió. Si el plan de Dios era unir a esas dos personas, ni modo que Dios los haga incompatibles. No necesitamos conocer sexualmente a una persona para saber si eres compatible con ella para casarte. Más bien, necesitamos conocer cómo es su forma de pensar, su fe, su mundo interior. ¡Eso es lo que pudiera llegar a ser, en un momento dado, incompatible! Pero nunca la cuestión física. Esta separación también da tiempo para la individualidad y privacidad dentro de la unión matrimonial. Que no se nos olvide que, en el plan de Dios, la idea es que la intimidad emocional nos lleve a la intimidad física. ¡Así es como todo tendría que ser! Por eso, todo parte de una amistad. En una amistad no hay intimidad física, solo puede haber intimidad emocional y no hay problema. La idea de niddá, en este tiempo, es que se recobre esta intimidad emocional, esa amistad que, tal vez, se perdió por otras cosas y es una gran oportunidad para poderla recuperar. Muchos matrimonios puedan tomar este tiempo para fortalecer esta relación emocional, espiritual y de amistad, para enforcarse en esta parte; así, cuando venga la parte de la unión, no habrá ningún impedimento o limitación que Dios marque para ello. La separación física intensifica la intimidad física para cuando está permitida.
Decíamos, no es que el deseo se busque apagar totalmente en esos días, sino de cierta manera, lo que busca es que reavive esa llama y deseo por sí mismo. Por eso, los rabinos, han estipulado ciertas restricciones y lineamientos sobre este tema para ayudar a que no se vaya a transgredir este mandamiento o generar una situación que pase de la tensión positiva a negativa. Por ejemplo, dentro de los aspectos que se consideran prohibidos en esos días, es ver la desnudez de la pareja, bañarse juntos, verse, cambiar de ropa u otro tipo de contacto visual y físico que pueda llevar o incitar a uno de los dos a caer. Está bien que esté prohibido, por lo que no debemos incitar el deseo de la pareja en esos días.
DOS ESTADOS, DOS SITUACIONES: NIDDÁ Y ZAVÁ
Vamos a hablar por último de esta parte técnica de la información, porque hay dos situaciones que generan controversia y hay que marcar esta diferencia, las cuales son conocidas como: Niddá y Zavá, ambos son períodos de separación y básicamente, se estipulan las mismas reglas.
- Niddá.
Levítico 15:19-24:
“Cuando la mujer tuviere flujo de sangre, y su flujo fuere en su cuerpo, siete días estará apartada; y cualquiera que la tocare será inmundo hasta la noche. Todo aquello sobre que ella se acostare mientras estuviere separada, será inmundo; también todo aquello sobre que se sentare será inmundo. Y cualquiera que tocare su cama, lavará sus vestidos, y después de lavarse con agua, será inmundo hasta la noche. También cualquiera que tocare cualquier mueble sobre que ella se hubiere sentado, lavará sus vestidos; se lavará luego a sí mismo con agua, y será inmundo hasta la noche. Y lo que estuviere sobre la cama, o sobre la silla en que ella se hubiere sentado, el que lo tocare será inmundo hasta la noche. Si alguno durmiere con ella, y su menstruo fuere sobre él, será inmundo por siete días; y toda cama sobre que durmiere, será inmunda.” (Levítico 15:19-24 RVR60).
Es el estado regular del período de menstruación de la mujer. Como regla principal de la separación, es que son 7 días completos, y al 8vo día, aunque no es un mandato, se acostumbra a hacer “tevilá” (inmersión, purificación en agua) para cambiar el estatus de esta separación. Para hacer conciencia del cambio de estatus. ¿Qué sucede cuando la mujer no tiene acceso a la “mikvé”? (lugar donde se acostumbra a hacer la tevilá como río, mar o laguna con la condición de agua corriente). Yo considero que, al menos, debe buscar acercarse a esto en la regadera donde puede hacer uso de ella con esta finalidad. Hay quien, tal vez, pueda hacerlo en una tina o en una pileta, pero básicamente, es que se cree esta idea de cambio de estatus mediante el agua que representa y es un símbolo de la pureza, la limpieza y purificación.
En el ámbito, principalmente, judío ortodoxo no se interpreta el estado de niddá así; ellos consideran que, al terminar el período de la mujer, se cuentan 7 días. Lo que significa que son desde 12 a 15 días. Entonces, el judaísmo no hace diferencia entre estos dos estatus. Si buscas información en el ámbito judío, vas a encontrar que, para ellos, el período de niddá es un período más extenso, pero si quiero que veamos la diferencia que la misma Biblia, nos marca.
Vamos a leer la otra condición, para que ustedes mismos se den cuenta de la diferencia entre ambas.
- Zavá.
Levítico 15:25-33:
“Y la mujer, cuando siguiere el flujo de su sangre por muchos días fuera del tiempo de su costumbre, o cuando tuviere flujo de sangre más de su costumbre, todo el tiempo de su flujo será inmunda como en los días de su costumbre. Toda cama en que durmiere todo el tiempo de su flujo, le será como la cama de su costumbre; y todo mueble sobre que se sentare, será inmundo, como la impureza de su costumbre. Cualquiera que tocare esas cosas será inmundo; y lavará sus vestidos, y a sí mismo se lavará con agua, y será inmundo hasta la noche. Y cuando fuere libre de su flujo, contará siete días, y después será limpia. Y el octavo día tomará consigo dos tórtolas o dos palominos, y los traerá al sacerdote, a la puerta del tabernáculo de reunión; y el sacerdote hará del uno ofrenda por el pecado, y del otro holocausto; y la purificará el sacerdote delante de Jehová del flujo de su impureza. Así apartaréis de sus impurezas a los hijos de Israel, a fin de que no mueran por sus impurezas por haber contaminado mi tabernáculo que está entre ellos. Esta es la ley para el que tiene flujo, y para el que tiene emisión de semen, viniendo a ser inmundo a causa de ello; y para la que padece su costumbre, y para el que tuviere flujo, sea varón o mujer, y para el hombre que durmiere con mujer inmunda.” (Levítico 15:25-33 RVR60).
Aquí es muy claro que está haciendo la diferencia de cuando la mujer siguiere el flujo de su sangre, por muchos días, fuera del tiempo de su costumbre. Por lo general, todas las mujeres tienen un período regular de 3, 4 o 5 días. Pero aquí habla de que esta condición en que, los días de la menstruación han durado más: ‘fuera de su costumbre o cuando tuviere flujo de sangre más de su costumbre’. Es decir, una emisión de sangre, mucho mayor de la habitual. Todo el tiempo de su flujo será inmunda como en los días de su costumbre, dicho en otras palabras, como en los días de la niddá. Y el pasaje menciona, prácticamente, las mismas reglas. En el verso 28 dice:
“Y cuando fuere libre de su flujo, contará siete días, y después será limpia”. (Levítico 15:28 RVR60).
Aquí está otro detalle de por qué en el judaísmo ortodoxo se considera así. Estamos hablando de un período menstrual que dura más de lo normal. Entonces, si en lugar de 5 fueron 8 días, a partir de ahí, contarás 7 días desde que se detuvo ese flujo y, entonces será limpia. A partir del verso 29, menciona los sacrificios que había de llevar la mujer para su purificación.
El enfoque principal, considerando el contexto, es también para no contaminar el tabernáculo del Eterno que estaba entre ellos (el pueblo) y que no murieran por sus impurezas por contaminar Su tabernáculo. Me parece que, si leemos con detenimiento, si es bastante clara la diferencia.
El tiempo de menstruación dura más tiempo del habitual y eso es un “foco rojo” que nos avisa que algo está mal en el cuerpo y, mientras esté en esta situación, no es apta para tener relaciones sexuales. Una vez que concluya el sangrado, deberá contar 7 días más.
Ya leímos que las razones físicas también son porque la mujer necesita un tiempo de rehabilitación dentro de su cuerpo para que esté en las condiciones óptimas para que, en un momento dado, poder engendrar, dar a luz y para evitar infecciones, enfermedades y otras situaciones que se puedan suscitar.
Zavá es la condición de la mujer que marca un foco rojo, como es el caso de la mujer con flujo de sangre que tocó a “Yeshua” (Jesús). Ella estaba en esta situación. Por lo tanto, no podía acudir al Templo, no podía acudir con ninguna persona y estaba excluida. Ella, sin embargo, se atrevió a tocar al Mesías y quedó libre de ese azote y castigo. Entonces, en zavá, una vez que concluye el sangrado que, evidentemente, fue mayor a los días habituales, a partir de ahí se cuentan 7 días y ese período es para que el cuerpo se pueda rehabilitar, tenga sanidad, restauración y, por lo tanto, evitar en un futuro una situación de salud que comprometa la vida de la mujer.
Una pregunta habitual al leer esto es: ¿qué pasa cuando ella está en niddá? ¿ya no podemos tocarnos, vernos, sentarnos en la misma silla, mesa, comedor y sala? ¿tengo qué comprar una nueva sala, una nueva recámara? Sé que, a veces, en el ámbito judío se propicia o se hace énfasis en no tener contacto físico, pero no es considerado necesario forzosamente en este punto porque ya leímos en Levítico 15:31:
“Así apartaréis de sus impurezas a los hijos de Israel, a fin de que no mueran por sus impurezas por haber contaminado mi tabernáculo que está entre ellos.” (Levítico 15:31 RVR60)
El enfoque principal de la inmundicia o impureza estaba dirigido a la parte ceremonial asociada al Templo. Así, los esposos que eran sacerdotes y los levitas que sus mujeres estuvieran en este período, deberían tener muchísimo cuidado, por supuesto. Porque entraban en esas instancias donde podían contaminar el tabernáculo. Mientras no estuvieran en estos ámbitos o lugares que implicaban una mayor santidad, ya que había diferentes niveles de santidad, de igual manera, había diferentes niveles de impureza.
En ciertos casos como: tocar un cadáver, se consideraba el máximo nivel de impureza. Y, de cierta manera, podemos pensar que, cuando una mujer está en su período menstrual, pues es como la pérdida de la posibilidad de la vida y, por tanto, se acerca a la muerte. Por eso, es muy drástico tener intimidad sexual en esos días, se considera “karet” (cortado), porque no tiene respeto por la vida, no le importa y se contamina. Entonces, pensando en nuestro sentido práctico el día de hoy: ya no hay Templo, ni tabernáculo, que una mujer pueda ir a contaminar, o un varón que haya sido contaminado por su esposa’por decirlo así’, no hay ese riesgo, porque no existe ese Templo. Si, hoy en día, existiera el Templo y tuviéramos que ir, deberíamos evitarlo prácticamente en esos días, a excepción de que estuvieras purificado. Finalmente, no nos debemos angustiar tanto en ciertos aspectos, porque como leímos aquí, esta cuestión de inmundicia es una cuestión de estatus que es temporal y que, además, la misma Torá provee la manera de corregir ese estado de inmundicia. ¿Cuál era la manera de hacerlo y eliminar esa impureza? Dice ahí: ‘Se lavará con agua y será inmundo hasta la noche’. ¡Y listo! Hoy en día, algo tan simple y cotidiano como lo es bañarse, te libra de esa inmundicia.
Lo mismo sucede hoy, cuando una persona llega de la calle con las manos sucias, simplemente hace “Netilat Yadaim” (Lavado de manos) y queda limpio. Pasa de un estatus de inmundo y sucio a puro y limpio con esta simple acción. Si esa fuera la preocupación de un varón: ‘Mi esposa ya se sentó en esta silla y luego me senté yo en ella, ya me pasó a contaminar’. No hay ningún problema. Es una cuestión temporal donde la misma Torá provee el cambio de estatus al hacer este lavado o bañarse.
Los judíos ortodoxos suelen ser, obviamente, muy estrictos en muchos sentidos y tienen camas separadas, se evita todo contacto, se evitan compartir cubiertos y, hasta el día de hoy, los rabinos no le dan la mano, ni saludan a una mujer, justamente, porque no saben si está en su período y, para evitarse conjeturas o preguntas y una posible inmundicia, ni siquiera le dan la mano a una mujer. Aquí aplica cómo cada uno quiere y considera que es lo correcto que debe guardar. Incluso, será decisión de cada pareja el cómo va a manejar esto. Obviamente, lo que está escrito no se puede cambiar y ya hablamos de la importancia de lo que está prohibido.
Hay otra perspectiva sobre el tema del contacto físico que, no implica un contacto sexual, por supuesto. Se trata de que este contacto se pueda dar sin este deseo, sin esta intención. Es decir, es otro acercamiento. Para una mujer, a veces, sentir un beso, un abrazo, una caricia de su esposo que no lleve de fondo un deseo sexual, puede ser mucho más significativo e íntimo y puede ser una muestra de amor muy profunda y grande, incluso más que la relación sexual. A veces, la mujer acusa al varón y, con cierta razón, de que, en momentos, quiere mucho beso y abrazo porque algo más quiere. Eso es cierto, el hombre es más propicio hacia la búsqueda de la sexualidad de lo que la mujer lo hace, aunque no siempre es así. Por tanto, en este caso, hay un contacto físico de ambos, sin propiciar nada que los haga caer. Digamos que son contactos físicos sin ninguna intención de buscar algo más. También esta perspectiva me parece interesante. Hay que ser cuidadosos para no caer, ya será cuestión de cada pareja decidir si lo hace más estricto en cuestión de cero contactos físicos o evitar ciertos aspectos. O tener cierto contacto físico que no lleve a una intimidad sexual ni tengan una relación, pero que, al final del día, puedan ser una muestra de afecto y cariño. Que cada pareja lo ore, lo considere y lo ponga en manos del Eterno, para guardar y cumplir este mandamiento, el cual, me parece muy importante dentro de la relación matrimonial y tiene una repercusión muy grande en la pareja.
Yo te invito a que sigamos conociendo de la Palabra y los mandamientos de Dios. Que sigamos profundizando, si es necesario, en este tema, pero que, por supuesto, lo guardemos ahora con este entendimiento desde la perspectiva emocional, espiritual y física que hay. Y hacerlo con mucho mayor agradecimiento a Dios y como dijo el Rey Salomón: ‘Todo lo hizo hermoso en su tiempo. Hay un tiempo para abrazar, hay un tiempo para dejar de abrazar. Hay un tiempo para besar, hay un tiempo para la intimidad física, otro tiempo para la intimidad emocional, en fin. Cada cosa tiene su tiempo y Dios lo hizo todo hermoso en su tiempo’.
Espero que haya sido de bendición para tu vida y si fue así, que sigamos compartiendo este contenido.
Que el Eterno te bendiga, te espero en nuestra siguiente pregunta de “Respuestas en la Biblia”: ¡“Shalom”! / ¡Paz!
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