¿QUIÉN ES LA IGLESIA? 

Vamos a seguir aprendiendo más de la Palabra de Dios y, el día de hoy, vamos a conocer un concepto muy interesante, el cual es importante reconocerlo y es la pregunta No. 173 ¿Quién es la Iglesia? Sé que todos lo hemos, evidentemente, escuchado y lo identificamos de una u otra manera, pues aparece esta palabra en el “Brit Jadashá” (Nuevo Testamento). Pero, hoy quiero invitarte a verlo con otra perspectiva, un corazón abierto y un criterio más amplio para descubrir la identidad de la iglesia en un panorama hebreo. No se trata de verlo desde un plano judío, simplemente desde un punto de vista acorde con la Palabra de Dios. 

¿QUIÉN ERA LA IGLESIA PARA LOS APÓSTOLES O PARA YESHUA AL REFERIRSE A ELLA?  

La pregunta que creo que es importante hacernos es: ¿quién era la iglesia para los apóstoles o para “Yeshua” (Jesús) cuando se refiere a ella? La primera vez que aparece la palabra iglesia, en este caso en el Brit Jadashá, la tenemos en el evangelio de Mateo 16:18:

 “Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.” (Mateo 16:18 RVR60).

 En este verso comenzamos a descubrir la identidad de quién es la iglesia. Aquí el Mesías le está hablando a “Kefa” (Pedro), llamándolo como roca, sobre la cual se edificaría la iglesia. Este es el término muy conocido, difundido y es entendido el día de hoy, como el lugar de culto. También se puede referir al conjunto de creyentes en general. A todo el cuerpo de fieles, también se le llama la Iglesia. Incluso, se escribe con ‘I’ mayúscula como para identificar entre la iglesia como templo, parroquia, auditorio, salón, etcétera y la Iglesia que representa al cuerpo de creyentes. Por ejemplo: ‘La Iglesia necesita un avivamiento’, o ‘La Iglesia debe despertar’ o ‘El Mesías viene por su Iglesia’, en fin. Creo que, de alguna manera, todos hemos escuchado y entendemos estos términos. 

En el cristianismo tradicional, la Iglesia, como premisa, surge en el libro de los Hechos en el capítulo 2. Esto es algo aceptado y no cuestionado. Si revisamos comentarios de la teología cristiana o en los diccionarios, encontramos que la iglesia surgió en Hechos, capítulo 2 en Pentecostés. Incluso, se usa el término “la Iglesia primitiva” haciendo alusión a los creyentes del libro de los Hechos. 

Pero vamos a ver algo importante: este término viene del griego “ekklesía”, ya que la mayor parte del Nuevo Testamento se escribió en ese idioma. Los griegos lo usaban tiempo atrás desde antes de la época de Pablo y de Yeshua. Lo usaban generalmente para asignar las reuniones públicas de carácter político. No tenía ninguna connotación religiosa. Ya en el exilio o diáspora, hablando de cuando Israel fue llevado a Babilonia, al lugar de reunión se le llamó: “Beit Kneset” en hebreo, que significa casa de reunión o, incluso, casa de oración. Hoy en día, al parlamento en Israel se le llama Kneset, que es el lugar de reunión y está muy ligado a la idea griega de ekklesía. Más tarde se le llamaría ‘sinagoga’ que sería lo que identificaría el lugar físico donde se reunirían en la diáspora. 

¿QUÉ SIGNIFICA IGLESIA? 

Un poco de historia; así como el significado de estos términos. Pero ¿qué significa en sí iglesia? ¿De dónde viene esta palabra? El término iglesia es el término griego ἐκκλησία, ekklesía, en el Strong (G1577); LLAMAR FUERA, esto suena raro, pero es el significado de la palabra. Concretamente, una reunión popular, específicamente congregación religiosa (sinagoga judía o comunidad cristiana de miembros en la tierra o santos en el cielo, o ambos): -ASAMBLEA, concurrencia, congregación, iglesia. Es interesante e importante entender esta definición. 

LOS LLAMADOS FUERA 

Por supuesto que nos llama la atención que signifique: LLAMAR FUERA. ¿Qué implica esto de los llamados fuera? Si lo primero que nos dice como significado de ekklesía es los ‘llamados fuera’, entonces nos surgen algunas preguntas: ¿A quién o quiénes llamó fuera el Eterno? Y ¿De dónde los llamó fuera? ¿Dónde estuvieron dentro, para llamarlos fuera? Porque para poder salir, primero tuvieron que entrar. Para poder llamar a alguien afuera, es porque se considera que estaba dentro. 

Para encontrar más claramente las respuestas, vamos a leer los siguientes pasajes: Éxodo 3:17:

 “y he dicho: Yo os sacaré de la aflicción de Egipto a la tierra del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y del jebuseo, a una tierra que fluye leche y miel.” (Éxodo 3:17 RVR60).

 Me parece aquí que, es bastante claro a quién llamó fuera Dios, a este pueblo que estaba en aflicción en Egipto. Aunque hay muchos más ejemplos, solo vamos a leer otro para entrar más en detalle de ¿quién es la iglesia y a quiénes está llamando fuera? 

Leamos Éxodo 7:4:

 “Y Faraón no os oirá; más yo pondré mi mano sobre Egipto, y sacaré a mis ejércitos, mi pueblo, los hijos de Israel, de la tierra de Egipto, con grandes juicios.” (Éxodo 7:4 RVR60).

 ¿Queda alguna duda de a quiénes son éstos que Dios llamó fuera? ¿A qué pueblo Dios lo pudo haber llamado fuera? Solamente al pueblo de Israel, es más que entendido, aceptado y conocido que Dios sacó a Su pueblo de Egipto. El primer mandamiento o la primera declaración de las diez que les entrega dice: ‘Yo Soy el Señor tú Dios, que te sacó de la tierra de Egipto. No tendrás dioses ajenos delante de mí’. No cabe duda: la Iglesia son aquellos a quienes Dios llamó a salir. Y, de alguna manera, ese mismo concepto se sigue aplicando hasta el día de hoy. Dios sigue formando esa Iglesia de aquellos que llama a salir de Egipto. 

Ahora, hay otra definición que encontramos y leímos en la palabra ekklesía, que es como aparece en el Nuevo Testamento, que significa también ASAMBLEA.   

LA ASAMBLEA     

¿Qué es la Asamblea? Vamos a adentrarnos en este concepto de asamblea para, de alguna manera, entender y redondear quién es la Iglesia de acuerdo con la Palabra de Dios. 

Leamos Hechos 7:37-38:

 “Este Moisés es el que dijo a los hijos de Israel: Profeta os levantará el Señor vuestro Dios de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis. Este es aquel Moisés que estuvo en la congregación en el desierto con el ángel que le hablaba en el monte Sinaí, y con nuestros padres, y que recibió palabras de vida que darnos;” (Hechos 7:37-38 RVR60). 

Observemos que este pasaje está en el libro de los Hechos, no está propiamente en la “Torá” (instrucción, Ley) o los Profetas. Estas palabras son de Esteban cuando está disertando con los líderes del pueblo y está hablando acerca de todo el peregrinaje y de la historia de Israel y les dice así: ‘este Moisés es el que estuvo en la CONGREGACIÓN en el desierto’. Congregación es la palabra Ekklesía. Entonces, lo que nos dice en otras palabras este pasaje es Moisés estuvo en la Iglesia. Si la iglesia hubiese nacido en Hechos, capítulo 2 en Pentecostés en Jerusalén, ¿cómo es que Moisés estuvo ahí? 

Aquí es donde nos llaman ciertos detalles la atención, por un lado, nos preguntamos: ¿por qué en ese pasaje no le ponen Iglesia, si es exactamente la misma palabra? Porque en la teología en que fueron formados estos hombres que tradujeron el pasaje, dicen: ‘No es posible que Moisés haya estado en la Iglesia. Porque si la Iglesia nació en Pentecostés, no pudo haber estado allí’. ¿De dónde tomó Esteban esta idea o argumento que él cita? Lo toma del libro de Deuteronomio 18:15-16:

“Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis; conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera.” (Deuteronomio 18:15-16 RVR60).

 Nos damos cuenta de que, lo único que hizo Esteban fue replicar estas palabras, pero al momento de escribirlas se pasa al griego como ekklesía. Esto confirma, una vez más, quién es la Iglesia y dónde estaba. Horeb es el Monte Sinaí. Aquí Asamblea es la palabra hebrea “Kahal”. 

Entonces, cuando Esteban menciona la Asamblea en este pasaje, la Septuaginta (es la traducción del hebreo de la Biblia) también se utiliza la palabra ekklesía, al igual que en Hechos 7:38. Aquí, aunque no queramos, es de alguna manera, inevitable pensar ¿por qué los traductores del Nuevo Testamento no pusieron Iglesia? Porque tendrían que reconocer que Moisés estuvo en la Iglesia. 

¿DÓNDE SURGIÓ LA IGLESIA? 

Vamos a ver que este día de la Asamblea, que se menciona en el pasaje de Deuteronomio que ya leímos, es el día que surge la Iglesia. Y tiene mucho sentido porque el día de la Asamblea, llamado “Yom Kahal”, es el primer día de reunión principal que tienen todas las tribus que salieron de Egipto (ya vimos que son los llamados fuera), todo el pueblo de Israel. Entonces, el día de la Asamblea es el día que surgió y nació la iglesia en Sinaí, ahí en el desierto, como dice el pasaje del libro de los Hechos. 

Hay tres ocasiones en que la Biblia llama a este día ‘El día de la Asamblea’. 

Vamos a leerlos en Deuteronomio 9:10:

 “y me dio Jehová las dos tablas de piedra escritas con el dedo de Dios; y en ellas estaba escrito según todas las palabras que os habló Jehová en el monte, de en medio del fuego, el día de la asamblea.” (Deuteronomio 9:10 RVR60). 

Por tanto, el día de la Asamblea se entregan las dos tablas escritas con el dedo de Dios. Ahora vamos un poco más adelante en Deuteronomio 10:4:

 “Y escribió en las tablas conforme a la primera escritura, los diez mandamientos que Jehová os había hablado en el monte de en medio del fuego, el día de la asamblea; y me las dio Jehová.” (Deuteronomio 10:4 RVR60).

 Aquí está, el día de la Asamblea se entregó la Torá. Y como ya leímos en Deuteronomio 18:16:

 “conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera.” (Deuteronomio 18:16 RVR60). 

Está muy claro que el día de la Asamblea, el día de ‘Yom Kahal’, donde Asamblea se traduce después como ekklesía o iglesia. Espero haber sido claro, parece sencillo, pero a veces, nos perdemos en estas definiciones.

¿CUÁL FUE EL PROPÓSITO DE ESTA ASAMBLEA?                   

Ahora vamos a entender cuál fue el propósito de esa Asamblea y para qué se dio esa reunión, esa cita y en ese momento. Como ya leímos, ciertamente, uno de los propósitos más importante era recibir la “Torá” (instrucción, Ley); el pacto, los diez mandamientos. Pero también había algo más y eso más vamos a entenderlo mejor. Fijémonos qué hermoso es el propósito del por qué surgió la Iglesia, la Ekklesía, la “Kehilá” (congregación) o la Asamblea. Vamos a leer Jeremías 2:2-4:

 “Anda y clama a los oídos de Jerusalén, diciendo: Así dice Jehová: Me he acordado de ti, de la fidelidad de tu juventud, del amor de tu desposorio, cuando andabas en pos de mí en el desierto, en tierra no sembrada. Santo era Israel a Jehová, primicias de sus nuevos frutos. Todos los que le devoraban eran culpables; mal venía sobre ellos, dice Jehová. Oíd la palabra de Jehová, casa de Jacob, y todas las familias de la casa de Israel.” (Jeremías 2:2-4 RVR60). 

Este pasaje ya es muchos años después, por supuesto. El Señor está hablando al profeta Jeremías cuando, prácticamente, ya están a punto de ser llevados al exilio final y a la destrucción de Jerusalén. Aquí, de alguna manera, Dios hace esta remembranza con un poco de melancolía al decir con estas palabras: ‘Me he acordado de ti, de tu fidelidad, de tu juventud, del amor, de tu desposorio, cuando andabas en pos de mí en el desierto’. ¿Cuándo anduvo Israel en el desierto? Cuando los sacó de Egipto, cuando recibieron la Torá. 

Aquí podemos identificar uno de los propósitos más grandes para sacarlos de Egipto. No solo era la razón de liberarlos de la esclavitud, de la opresión y del castigo que vivían, sino de llevar a este pueblo a un compromiso más grande: el ‘Desposorio’ de Israel con el Eterno. Dios no solo quería sacar a este pueblo, sino ‘comprometerse’ con ellos. Por eso, en el libro de Jeremías dice: ‘Me acuerdo de tu desposorio’. Vamos a entender un poco mejor cómo es que se daban las bodas hebreas o desposorios: esta era la primera etapa, llamada “erusin” (compromiso). Es lo que hoy podemos comprender como el compromiso matrimonial. Cuando el novio le entrega a la novia el anillo de compromiso y quedan ‘apartados’ el uno para el otro. Ya no necesitan buscar otras opciones porque ya están apartados. Esta era la condición que tenían “Myriam” (María) y “Yosef” (José), cuando ella concibió de la “Ruaj” (Espíritu). En esta etapa también se hacía la entrega de la “Ketubá” (Contrato matrimonial), el cual era un documento escrito que comprometía a ambas partes para llegar a la siguiente etapa que ya era como tal, la ceremonia o lo que llamaríamos la boda; así se formalizaba el desposorio en lugar de entregarle el anillo el novio a la novia. Entonces, la ketubá tenía y sigue teniendo un gran valor, el cual implica que el novio podía y tenía que regresar por la novia, no podía ser entregada a ningún otro hombre. Esa segunda etapa cuando el novio regresaba por la novia, tocando el “shofar” (cuerno de carnero, trompeta) y ya tenía todo preparado para la ceremonia de la boda, se le llama “nisuin” (elevación). La idea, entonces, si lo vemos conforme a este pasaje de Jeremías es que, ese día de la Asamblea, ese día de la entrega de la Torá era que, el pueblo de Israel se desposara con el novio, en este caso, con el Eterno para llevarlos a la tierra prometida de Canaán, donde sería su hogar y vivirían ahí para siempre.  

La idea es que la Torá funge también como un elemento de santificación para que pudieran mantenerse en ese ‘estatus’ hasta que llegaran a la tierra prometida. La Ketubá era el documento de compromiso que santificaba a la novia y, por supuesto, a la relación, porque ella lo firmaba, se lo entregaba al novio y, con ese contrato, de alguna manera, se garantizaba no solo la entrega de la novia, sino la santificación de ella. 

Pero sabemos la historia, que Israel no cumplió. De inmediato que bajó Moisés del Monte, momento en que habrían de comprometerse, el documento no se pudo firmar. Quedó solo en un compromiso y santificación verbal, pues el pueblo dijo: ‘Sí, oiremos y haremos. Seremos Su especial tesoro, ese pueblo de reyes y sacerdotes, seremos la nación santa, si nos queremos casar con Dios’. Pero, al momento de la firma, Moisés rompió el documento y ya no se pudo efectuar. Entonces, quedó un compromiso o desposorio con una ketubá rota, aunque después, de alguna manera, se vuelve a dar. Aquí esta situación se dio porque el corazón de ese pueblo o de la Iglesia (ya identificada) era un corazón de piedra. Había que cambiar ese corazón de piedra y poner un corazón de carne para que ese compromiso, el pacto, la Torá, no solo fuera de palabra, sino que quedara grabada en su corazón. Sin embargo, no tenían ese Espíritu todavía como para hacerlo. Ese fue el propósito por el cual Dios sacó a su pueblo de Egipto, para llevarlos a la Asamblea y llamarlos Iglesia. 

¿QUÉ PASÓ EN HECHOS 2?                   

Tal vez te preguntes: ¿Entonces, que pasó en el libro de los Hechos, capítulo 2? Porque toda esta explicación nos queda clara: los llamados fuera, no hay otro pueblo, sino Israel; es decir, las 12 tribus llevadas al Monte Sinaí, el día de la Asamblea. Ahí dice que estuvo Moisés en el día de la Kehilá o Ekklesía. En Hechos, capítulo 2 NO sucedió el nacimiento de la Iglesia, porque ya había sucedido en el 1er Pentecostés en Sinaí. Y es tan relevante esto que, por eso, celebramos la fiesta conocida como “Shavuot” (Semanas o Pentecostés). Lo que SÍ sucedió fue el inicio de reescribir la historia. De renovar ese pacto en nuestro corazón de carne y no en un corazón de piedra. Y, para poder cumplir ese pacto, Dios envió a su Hijo único. En principio para purificar a la novia. Porque la novia estaba en un estado de adulterio. El pueblo pecó con el becerro de oro, lo cual se considera como un adulterio espiritual para, entonces, devolverla su estado original. ¿Cómo podría el mismo novio devolver a la novia que adulteró, falló y pecó a su estado original? Haciendo lo que le dijo Yeshua a Nicodemo (maestro de la Torá, de la ley): ‘Os es necesario, nacer de nuevo’. También el Apóstol Pablo reafirma esta idea cuando nos dice en 2 Corintios 5:17 ‘El que está en el Mesías es una nueva creatura, las cosas viejas pasaron, he aquí, todas son hechas nuevas’. Así que, si es posible que se pueda llevar a cabo aun esa boda, porque la novia ha sido purificada, ha sido devuelta a su condición original, como si no hubiese pecado nunca. Como si no hubiese transgredido y, por lo tanto, el novio la puede recibir. 

El segundo aspecto que viene también Yeshua a hacer, porque era necesario, era pagar el precio de la ketubá, del contrato matrimonial. Había un compromiso, por tanto, cuando este se incumplía, como en este caso, la novia se hizo acreedora a la muerte. En el libro de Deuteronomio nos dice que, si la mujer no se encontrase en estado de virginidad al momento de casarse, podría ser apedreada. Sin embargo, el Mesías cargó sobre sí, el pecado de todos nosotros. Él tomó esa responsabilidad y culpa y los paga con su propia vida y sangre. Por eso dice en 1ra de Pedro que fuimos comprados, rescatados no con oro, ni plata, ni con piedras preciosas, sino con la misma sangre de un cordero. Fíjense qué hermosa es esta historia. La historia de la Iglesia es maravillosa. Porque Dios nos vio, por supuesto, sin merecer nada: esclavos, pecadores, en inmundicia, en idolatría y decide sacar a este pueblo. También decide entregarles un compromiso, un documento por escrito que los haría ser UNO con Él. Pero, el pueblo falló, como todos fallamos y, entonces, Dios dice: ‘Vamos a buscar la manera de que esta boda se lleve a cabo’. Por eso, envía a su Hijo, quien viene a quitar todo pecado y maldad, para volvernos a esta condición apta delante de Dios mismo. Además, pagar el precio de nuestras transgresiones y del rompimiento de ese pacto matrimonial. 

Entonces, ahora podemos entender Hechos, capítulo 2 en que era necesario que el Espíritu viniese para que la novia, pudiera, por fin, santificarse en lo que el novio regresaba. No como el primer Pentecostés en que no se guardaron, ni se conservaron. Si no, de alguna manera, ahora conforme a la Ruaj, al Espíritu y conforme a lo que Dios quiere. Eso sería llevar una verdadera santificación. No con base en la letra, en cumplir lo que esta dice, sino en el Espíritu. Estamos en este proceso, esperando que el novio regrese por la Iglesia. Y, la labor de esta es, al igual que la novia, mantenerse en santidad. La Ketubá, que es la Torá, nos resguarda, nos protege, santifica y garantiza que el novio volverá. Pero es nuestra responsabilidad mantenernos santos. 

¿DÓNDE ESTÁN LOS GENTILES EN TODO ESTO?    

Y ahora, ¿qué pasa con los gentiles? Luego de tantos años de adoctrinamiento y enseñanza, se piensa que, tal vez, la Iglesia sean ambos: tanto gentiles como judíos. Pero no, NO es así. Dios no tiene dos pueblos, ni dos esposas, el Mesías no viene por dos novias, ni nada por el estilo. Vamos a entender dónde entran los gentiles. 

Dios hizo pacto con todos los presentes en Sinaí. Junto con los hebreos, Dios sacó también a una multitud de naciones, como leemos en Éxodo 12:37-38:

 “Partieron los hijos de Israel de Ramesés a Sucot, como seiscientos mil hombres de a pie, sin contar los niños. También subió con ellos grande multitud de toda clase de gentes, y ovejas, y muchísimo ganado.” (Éxodo 12:37-38 RVR60). 

Por tanto, todos los que recibieron la Torá, independientemente de su linaje, son parte de esa Iglesia, que ahora podemos entender que Israel (las 12 tribus) es la Iglesia. De ese pueblo que estuvo ahí presente y que abrazaron el pacto de la Torá con sus promesas y bendiciones. 

Un ejemplo claro que Dios nos deja de esto es Caleb quien, seguramente hemos escuchado alguna vez, porque fue uno de los enviados a espiar o revisar la tierra prometida. 

Leamos Josué 14:6:

 “Y los hijos de Judá vinieron a Josué en Gilgal; y Caleb, hijo de Jefone cenezeo, le dijo: Tú sabes lo que Jehová dijo a Moisés, varón de Dios, en Cades-barnea, tocante a mí y a ti.” (Josué 14:6 RVR60).

 Aquí nos queda más claro que no hay gentiles en la Iglesia de Dios. Más bien, esos gentiles se hacen parte de Israel, de la Iglesia del Eterno. Caleb era hijo de Jefone cenezeo. ¿Quiénes eran los cenezeos? Ellos no eran parte de las 12 tribus. De hecho, se menciona en Génesis 15 como uno de los lugares de la tierra que Dios le daría a Abraham, entre otras tierras. Entonces, los cenezeos eran tribus que habitaban, según algunos, en la región de Madián. Otros dicen que era al este de Arabia o el sureste de Siria. Lo que sí es muy claro es que, el mismo Caleb se adhirió a la tierra de Judá. De hecho, si leemos los libros de Crónicas, mencionan que Caleb era parte de Judá. ¿Cómo era de la tribu de Judá, si su padre era cenezeo? Sí, de linaje, su padre era cenezeo, pero él se agregó, se adhirió, se asimiló, al pueblo de Israel.   

Generalmente, mencionamos la asimilación como una cuestión al revés: el pueblo de Israel se asimiló a las naciones. Pero, el proyecto original de Dios, en cuanto a la Iglesia, era que, los “goyim” (las naciones), los NO israelitas se asimilaran a la nación de Israel. ¿De qué manera? Primero, aceptando el pacto de la Torá, viviendo como manda y como dice la Escritura. Un ejemplo de ello es, precisamente, Rut la moabita. Una vez más, Rut era de un pueblo ajeno a estas doce tribus, pero por supuesto, que es identificada como una israelita posteriormente, porque se asimila, hace parte y se adhiere al pueblo de Israel. A tal grado que, el Mesías desciende de ella. Al igual que el rey David. 

¿Dónde entran los gentiles aquí? Ellos no quedan excluidos, sino que la idea es que, la elección de Israel como la Iglesia, sea la manera en que, todos los gentiles se adhieran, se injerten y sean parte del pueblo de Israel. 

CONCLUSIÓN      

La nación de Israel, con sus 12 tribus, es la Iglesia, que fue establecida como una Asamblea compuesta de israelitas y no israelitas que, al aceptar la Torá y por la fe en el Mesías, son injertados en el olivo natural y, por lo tanto, se asimilan al pueblo de Israel. Su llamado es ser una nación santa, un pueblo apartado, para ser reyes y sacerdotes, como dice Éxodo 19. Así, esta Iglesia surge en Shavuot en el desierto por primera vez. Cuando Dios descendió y apartó a Israel para ser la novia del Mesías por medio de Moshé. Y, debido a la infidelidad al pacto, Dios envió a su hijo para renovarlo y continuar con las promesas que Dios ya había dado a los patriarcas.

Entonces, en Hechos, capítulo 2, HaShem envía a su Ruaj para cumplir con las exigencias del pacto. Que, ahora, debido a la obra de Yeshua, podía entrar en operación en los creyentes para ser reyes y sacerdotes y una nación “Kadosh” (Santa). Vamos a cerrar esta pregunta con lo que dice el Salmista con respecto a la Iglesia, a la Kehilá, a la ekklesía y la Congregación en el Salmo 74:2:

 “Acuérdate de tu congregación, la que adquiriste desde tiempos antiguos, La que redimiste para hacerla la tribu de tu herencia; Este monte de Sion, donde has habitado.” (RVR60).

 Es muy hermoso este salmo y, definitivamente, nos conecta con la historia de la salida de los hijos de Israel de la tierra de Egipto. 

Cada vez que veamos la palabra iglesia en el Nuevo Testamento, ya tendremos mucho más claro quiénes son realmente la Iglesia y bíblicamente cuál es su identidad. 

Que el Eterno te bendiga grandemente: ¡“Shalom”! / ¡Paz!

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