¿QUÉ ES EL BRIT JADASHA? 

Bienvenidos a “Respuestas en la Biblia”. Estamos conociendo la Palabra del Eterno a través de las preguntas que nos hacen ustedes llegar y, el día de hoy, tenemos una pregunta muy interesante que, a lo mejor, para algunos ya sea una pregunta muy entendible, pero definitivamente, es una pregunta muy relevante en nuestra relación con el Eterno, con el Mesías y con lo que, en general, ha traído una revolución en el cristianismo que ha venido a convertirse en este movimiento de Raíces Hebreas. ¿De qué estamos hablando? Del término de nuestra pregunta de hoy, la No. 156: ¿Qué es el “Brit Jadasha” o (Pacto renovado)? Hoy vamos a profundizar un poco más en lo que es este tema, tratando de entenderlo de una manera mucho más clara y sencilla para todos. 

Brit Jadasha es un término con el que la mayoría ya están familiarizados porque es la manera en la que se conoce al llamado Nuevo Testamento. 

SIGNIFICADO DE BRIT JADASHA             

Vamos a definir lo que significan estas dos palabras: Brit Jadasha. 

La primera palabra: ‘Pacto’ que viene del hebreo “berit” (H1258) que significa corte, pacto, alianza, promesa. Berit también significa corte, porque en aquellos días, los pactos que se llevaban a cabo se hacían cortando varios animales y, con ellos, se hacía como un camino de sangre sobre el cual se caminaba, porque así era la forma de sellar los pactos. Por eso, se le llamaba Berit porque siempre implicaban un corte. De ahí el término “Brit Milá” que es la circuncisión, porque, evidentemente, implica un corte en la carne.

La segunda palabra: ‘Nuevo’ que viene del hebreo “Kjadásh” (H2318) que significa ser, nuevo, reconstruir: -componer, rejuvenecer, renovar, reparar, restaurar. Todas estas acepciones forman la palabra Kjadásh que no solamente es nuevo, sino que está en la idea de una reconstrucción, una renovación. Por eso, es por lo que ahora el término que se usa para el Nuevo Testamento más bien es el Pacto Renovado, la Promesa o la Alianza Renovada. Como algo que se está componiendo, se está rejuveneciendo, se está renovando, reparando y restaurando porque ya existía. 

En hebreo, este es el término: “Brit Jadasha” o Pacto Renovado. Habitualmente, esta cuestión del Nuevo Pacto era considerado como que ya estamos en el nuevo pacto, lo que significa que era algo inexistente previamente, es decir, algo totalmente nuevo. Pero hay una palabra que se usa, justamente para el término nuevo, que implica algo que no existía. Esta evidencia la encontramos en Números 16:30:

 “Mas si Jehová hiciere algo nuevo, y la tierra abriere su boca y los tragare con todas sus cosas, y descendieren vivos al Seol, entonces conoceréis que estos hombres irritaron a Jehová.” ( Números 16:30 RVR60). 

Aquí no se usa la palabra “kjadásh”, sino la palabra “Beriah” o “Bará” que implica algo nuevo, como algo que no existía previamente. Este pasaje se refiere a la rebelión de Coré, pero el punto aquí es que, era algo nuevo, nunca visto. Nunca se había vivido una situación así. Aquí, lo que quiero dejar en claro es que, el término kjadásh que se traduce como nuevo, pero que ya existía, no es exactamente igual al término nuevo de Beriah, en el sentido de que no existía antes. 

Entonces, el Nuevo Testamento o Nuevo Pacto, realmente no sería algo inexistente o nuevo, sino renovado. Por eso, es que se acostumbra a usar en Raíces Hebreas el término “Brit Jadasha”, refiriéndonos al Nuevo Testamento porque está mejor asociado al significado de esto.  

DESTINATARIOS DEL PACTO RENOVADO            

Ahora vamos a entender mucho mejor lo que es el Brit Jadasha y dónde lo encontramos en la Biblia. Vamos a leer Jeremías 31:31:

 “He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá.” (Jeremías 31:31 RVR60). 

Esta es, justamente, la cita que le da fama y da a conocer que estaríamos en un Nuevo Pacto o en un Pacto Renovado. Solo para aclarar esta cuestión, resulta que en el año 930 a.M. se divide el reino de Israel en dos casas o en dos reinos. Una es la Casa o Reino de Israel y la otra es la Casa o Reino de Judá y, con estas casas, leemos aquí, se está haciendo el Pacto Renovado o el Nuevo Pacto si lo queremos leer en español. Aquí, por supuesto, se utilizan los términos “Brit Jadasha”. Por tanto, lo primero que debemos empezar a aprender, para comprender lo que implica el Pacto Renovado es, ¿quiénes son los destinatarios o a quiénes se dirige el Pacto Renovado? Aquí en la cita está muy claro porque dice: ‘He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá’, es con estas dos casas con quienes está haciendo el Eterno este Nuevo Pacto. 

Ni Pablo, ni Pedro, ni el mismo “Yeshua” (Jesús), vinieron a cambiar los destinatarios del Pacto Renovado, porque tampoco tendrían razón de hacerlo. Así que, lo primero que nos tenemos que preguntar para poder decir que estamos en el Nuevo Pacto sería: ¿Tú, de qué casa eres, de la Casa de Israel o de la Casa de Judá? Porque es a ellos dos a quien dirigió el Eterno ese Pacto Renovado. Aquí no dice que sea a tal o cual denominación, ni a una u otra iglesia. No dice que sea un pacto para los gentiles. ¡De ninguna manera! El Eterno no ha hecho ningún pacto con las naciones gentiles, ni con ningún otro pueblo que no sean las dos Casas de Israel. Y en el pasaje que leímos está la evidencia más clara. De hecho, si leemos también en el libro de Apocalipsis, en los últimos capítulos, cuando dice que baja la ‘Nueva Jerusalén’, dice que se ha de entrar únicamente por 12 puertas. Una por cada tribu de Israel. Así que, si no somos de alguna de esas 12 tribus, no podremos entrar, porque no hay una puertita más chiquita, ni que nos podamos meter por la ventana, tampoco hay puertas alternas que digan: Aquí entran los Testigos de Jehová o los Mormones o los Bautistas o los Pentecostales u otros. No existe ninguna de esas puertas. Solamente hay 12 puertas con 12 tribus para que cada persona perteneciente a estas tribus, entre por una de ellas. 

Ahora, si te preguntas: ¿De qué tribu soy? No te preocupes, el Eterno sí lo sabe y, seguramente, te llevará a una de ellas sin temor a equivocarte. El Señor sabe a qué tribu pertenecen cada uno de los miembros de Su pueblo. Pero lo importante es eso, que finalmente, las 12 tribus son las dos Casas de Israel. Y si tú no eres de alguna de esas dos Casas, no puedes decir que estás en un Pacto Nuevo o Renovado. El Nuevo Pacto, hay que decirlo con claridad, no lo hizo el Eterno con la llamada Iglesia, lo hizo con estas dos Casas: con la Casa de Israel y con la Casa de Judá. 

Pero ¿qué sucede? Vamos a leer más adelante en Jeremías 31:32:

 No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová”. (Jeremías 31:32 RVR60).

 No fue el Eterno el que falló en el Pacto, en el Brit, en la Alianza, en la Promesa, sino que fueron los padres, aunque el Eterno fue para ellos como un marido. Esto es muy interesante porque el Eterno usa este término refiriéndose a sí mismo como a un esposo. ¿Cuál podemos considerar que es el Pacto que une a un hombre y una mujer para que se conviertan en esposos? Podemos decir que el Acta de Matrimonio, una vez que se firma, queda validado el matrimonio. Él ya es esposo, ella ya es esposa. Lo que sucede aquí, dice el Eterno: ‘Yo los saqué de la tierra de Egipto’. ¿A quiénes sacó de la tierra de Egipto? A los hebreos, los israelitas y los llevó por el desierto, donde, finalmente, hacen una escala en el Monte Sinaí, para recibir, justamente, el Pacto, resumido en los 10 mandamientos o en las 10 declaraciones que, de alguna manera, representan el pacto matrimonial. En hebreo se le conoce como “Ketubá” y nosotros le llamamos la “Torá” (instrucción, Ley). La Torá es el Pacto de Dios con Su pueblo, el que sacó de Egipto y tomó de Su mano. Con la idea de: ‘Ustedes estaban adentro y no podían salir. Yo estiré el brazo y los saqué’. Dice en Éxodo 6: ‘Con brazo extendido, los haré venir y los sacaré de ahí’. Eso es exactamente lo que hizo el Eterno con el pueblo de Israel y con las 12 tribus, con estas dos Casas unificadas en ese momento, reciben el Pacto, la Torá y estuvieron dispuestos a ese Pacto. Dijeron: “Naasé VeNishmá” (Haremos y obedeceremos), decimos que sí. Moisés es quien les hace la propuesta: ‘¿Quieren ser el pueblo escogido, una nación especial, ser sacerdotes y reyes, así como la esposa del Eterno?’ Y ellos dijeron: ‘Sí, queremos’. Entonces, Moisés dijo: ‘Espérenme tantito, voy por el pacto matrimonial, por la Torá, subo y regreso’.  

SE INVALIDÓ EL PACTO  

Pero sabemos que, Moisés demoró y, entonces, viene el trágico y triste momento en el que el pueblo cae en el pecado del becerro de oro. Por tanto, se invalidó el Pacto. Por eso, leímos en Jeremías 31:32:

‘Ellos invalidaron mi Pacto, aunque Yo fui un marido para ellos’. (Jeremías 31:32 RVR60)

¿De qué manera lo invalidaron y fallaron, usurparon, transgredieron y fueron infieles al Pacto que ya verbalmente habían dicho que oirían y obedecerían? Con el pecado del becerro de oro. ¿Qué representa este becerro de oro, además del adulterio y de la idolatría? Es como un viejo amante que se llevaban de Egipto. Salieron de ahí, pero también salieron las viejas mañas. No se quedaron en Egipto, sino que se lo llevaron en su corazón. Toda esta situación del becerro de oro que hizo Aarón ya la estudiamos en otra pregunta de esta serie, por tanto, te recomiendo que la veas. Pero el punto aquí es que, esta acción inválida de parte del pueblo, el Pacto con el Eterno. Y esto es visto como un acto de infidelidad. 

Ahora, aquí es donde nos sorprende nuestro Dios y, a pesar de este pecado gravísimo y de esta falla, está dispuesto a que las cosas no se queden así. Eso es lo maravilloso y grandioso del Dios que tú y yo tenemos. Moisés, evidentemente, reacciona rompiendo las tablas de la Torá como una respuesta natural de enojo, indignación y dolor de encontrar al pueblo en esta idolatría e infidelidad, cuando todavía ni empezaba el matrimonio. 

¿POR QUÉ FALLAMOS AL PACTO? 

Sin embargo, tratamos de entender ¿por qué el pueblo falló? Yo creo que esta caída, del becerro de oro, no fue así como planeada. No es que hayan salido de Egipto pensando: ‘En la primera oportunidad, vamos a tratar de volver a nuestros ídolos’. ¡De ninguna manera! Yo creo que se dar motivos también de debilidad y falta de fe, pero principalmente, por un corazón que no estaba a la altura de ese compromiso. Creo que mucho de esa falla es, justamente, que ellos tenían ídolos en su corazón. Ya venían con defectos de carácter, de fe, de compromiso, en los que todos podemos, sin duda, identificarnos. 

Esa pregunta nos la podemos hacer tú y yo constantemente: ¿por qué le fallamos al Eterno? ¿Por qué si muchas veces le hemos dicho: ya no me voy a apartar de tu camino, ya voy a cumplir, ahora sí, voy a hacerlo? En fin, tantas cuestiones que podemos decir y prometer. Recuerden que la palabra Brit también significa Promesa y un Pacto. Y, bueno, todos fallamos. Creo que, aunque el corazón y la carne está dispuesta, el espíritu no está a la altura de las circunstancias. Por tanto, la falla no está en el Pacto, ni en el que dio el Pacto, por supuesto. El Pacto no tenía ningún error, ni debilidad, ni ningún problema en sí. El problema estaba en los que se estaban comprometiendo a este. Y, como les decía, no es que el pueblo haya deliberadamente, planeado esta caída, este tropiezo o esta infidelidad, no fue por falta de amor (digámoslo así), lo que falló fue el corazón. 

Vamos a leer en el siguiente verso, ¿en qué consiste el Pacto Renovado? 

En Jeremías 31:33:

 “Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo”. (Jeremías 31:33 RVR60). 

¡Qué amor de nuestro Padre y de nuestro Dios! El Eterno reconoce la situación y la falla del pueblo, sabe que no estuvieron a la altura porque invalidaron Su Pacto, pero no lo quiere dejar así. No quiere que las cosas queden en esa instancia. No quiere buscarse otro pueblo, otra relación y se acabó. Aunque Dios es un Dios fuerte y celoso, también es Dios grande en amor y en misericordia. Lo que va a buscar sobre todas las cosas, es la restauración y en eso consiste la palabra “kjadásh” o Nuevo.

¿EN QUÉ CONSISTE EL PACTO RENOVADO?   

Así, nos vamos acercando a entender mejor en qué consiste el Pacto Renovado y por qué le llamamos así. Fíjense, acabamos de leer: ‘Voy a escribir la Torá, la ley en su mente y en su corazón’. Esa es la meta del Pacto Renovado y en eso consiste. En que ahora, la ley; es decir, el Pacto, se encuentre grabado en nuestra mente y escrito en nuestro corazón. Lo que va a traer que: ‘Él sea para nosotros por Dios, y nosotros le seamos por pueblo’. Ahora, el receptor del Pacto se encontrará a la altura de las exigencias de este. 

Esta no es una idea exclusiva de Jeremías. Vamos a leer en otros Profetas que también hablaron de esto. Leamos al Profeta Ezequiel 36:24-28:

 “Y yo os tomaré de las naciones, y os recogeré de todas las tierras, y os traeré a vuestro país. Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra. Habitaréis en la tierra que di a vuestros padres, y vosotros me seréis por pueblo, y yo seré a vosotros por Dios.” (Ezequiel 36:24-28 RVR60). 

Nos damos cuenta de que esta idea ya existía desde los días de Jeremías, de Ezequiel y nos van a llevar a lo que llamamos Nuevo Testamento, justamente, para entenderlo con otra perspectiva y con otro sentido. Entre las consecuencias que vivió el pueblo de Israel por haber fallado al pacto, por su infidelidad y por otra serie de pecados, fue llevado en cautiverio, fue llevado al exilio. Pero Él nos limpiaría de todas nuestras inmundicias y de todos los ídolos, porque el adulterio, la infidelidad que comete el pueblo, no solo es un acto como tal de deslealtad, sino que también genera una impureza, por eso, la idea del agua limpia sería para limpiarlos de esas impurezas. El Apóstol Pablo, expone sobre esta misma idea en la 2da carta a los Corintios en el capítulo 3 que, ahora, la Torá misma no estaría escrita en tablas de piedra, sino en tablas de carne. Esas tablas se refieren a los corazones. Entonces, la promesa de Ezequiel, que, por supuesto, está relacionada con Jeremías, es que nos dará un corazón nuevo para que pueda escribir esa ley en un corazón nuevo. Es como un ‘borrón y cuenta nueva, para empezar de nuevo’. Por eso, nos va a dar un corazón nuevo. 

Y, ¿cómo va a lograr esta idea de poner esta ley en nuestra mente y corazón? Dándonos un Espíritu nuevo a través de un nuevo nacimiento. ¿De qué manera se puede hacer un cambio de corazón? Así como una cirugía de trasplante de corazón, solo el Eterno puede hacerlo. Continúa en el verso 27: Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra’. Al final del día, si tú tienes en tu mente y corazón la ley, digamos que casi, casi, por inercia la vas a terminar practicando, la vas a vivir y guardar y no seguirás transgrediendo, ni cayendo en idolatría e infidelidad. ¿Qué nos está diciendo aquí? Como el vino nuevo, se debe poner en odres nuevos. Un corazón nuevo, solo le puede pertenecer a una persona nueva o a una persona renacida. Por eso, le dijo Yeshua a Nicodemo: ‘Os es necesario nacer de nuevo’. ¿Cómo te voy a dar un corazón nuevo, si no has nacido de nuevo? Un espíritu nuevo para un Pacto nuevo o Renovado. 

¿Qué está sucediendo aquí? El pueblo no pecó con esta premeditación, sino que fue la condición de su corazón lo que los llevó a ello. Por eso, les digo una vez más, el problema no era el Pacto, sino el corazón de las personas como hasta el día de hoy. Eso no ha cambiado en nada. Hay gente que dice conocer del Eterno, que lo llama, lo busca, pero no ha dado este paso y no ha tenido un cambio en su corazón. Entonces, Dios renueva el Pacto cambiando el corazón y prometiendo que cambiaría la mente de este pueblo. El Nuevo Pacto o Pacto Renovado, no consiste en tirar el anterior, mucho menos abrogarlo, sino, por el contrario, como ya leímos, nos daría la ley en nuestra mente y corazón. 

Esta también es la idea de Ezequiel 11:17-20:

 “Di, por tanto: Así ha dicho Jehová el Señor: Yo os recogeré de los pueblos, y os congregaré de las tierras en las cuales estáis esparcidos, y os daré la tierra de Israel. Y volverán allá, y quitarán de ella todas sus idolatrías y todas sus abominaciones. Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne, para que anden en mis ordenanzas, y guarden mis decretos y los cumplan, y me sean por pueblo, y yo sea a ellos por Dios.” (Ezequiel 11:17-20 RVR60).

 Muy hermosos estos pasajes y, de verdad muy profundos, porque vienen, una vez más, al tema principal que leímos en Jeremías 31:33:

 “Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo”. (Jeremías 31:33 RVR60). 

Este es el Pacto Renovado. Si la ley entra en la mente y en el corazón, entonces, podríamos vivir acorde con ese Pacto. No es que baje el Pacto a un nivel carnal -por llamarle así-, no es como si Dios dijera: ‘No puedes ser fiel. Está complicada la cuestión de la fidelidad, pues vamos a borrar el pecado de la infidelidad y no hay problema con el adulterio. Si te cuesta trabajo no robar, vamos a quitarle: No robarás’. NO. ¡De ninguna manera! Dios no quiso hacer esto porque Él sabía que el hombre puede aspirar a más. Que cuando el hombre recibiera un espíritu nuevo, tendría un corazón y una mente diferentes y nuevas para poder vivir acorde con ese Pacto. Entonces, hasta que no haya un cambio, una renovación en ese ser, se necesita de un nuevo nacimiento. 

¿CUÁNDO INICIA ESTE PROCESO DE NUEVO PACTO?   

¿Cuándo inicia este proceso de renovación y transformación? ¿Cuándo empieza este Nuevo Pacto? Inicia cuando Yeshua viene a morir por nosotros y, entonces, inicia la oportunidad de un nuevo nacimiento, de ser nuevas criaturas y, por lo tanto, la oportunidad de tener un corazón de carne para vivir acorde con ese Nuevo Pacto. ¿Por qué era necesario que Yeshua muriera para que se dieran las condiciones de introducirnos al Nuevo Pacto? ¿Qué tiene qué ver Yeshua en todo esto? ¡Tiene TODO que ver! Absolutamente todo. Primero, porque la condición del hombre al recibir el Pacto en un corazón de piedra, ya vimos que, nos mata. ‘Porque la letra mata, pero el Espíritu vivifica’. Y la letra mata por la sencilla razón de que no la podemos cumplir. Si no la podemos cumplir porque no estamos acorde con las demandas de la Torá, por lo tanto, vamos a estar bajo la ley y bajo condenación. La “Ruaj” (Espíritu) es quien nos permitiría vivir acorde con ese Pacto. 

Podríamos pensar: ‘¿Por qué no lo hizo Dios así? Pudiera no haber venido el Mesías y solo darnos de su Espíritu y ya’. Vendría la renovación, la transformación que está documentada en el libro de los Hechos en el capítulo 2. Pero ¿Por qué no es suficiente esto? ¿Por qué requerimos de Yeshua para que, entonces, el Nuevo Pacto o, mejor dicho, el Pacto Renovado pueda ser efectivo para todos nosotros? Ya dijimos que, lo que consideramos como la transgresión del pueblo de Israel en el Monte Sinaí, al momento de adorar a este ídolo, el becerro de oro es como un acto de infidelidad y adulterio, de acuerdo con la misma Torá. Y, por supuesto, es entendible que eso ameritaba el apedreamiento y la muerte. De hecho, en cierta forma sucedió con algunos, porque cuando Moisés baja, pregunta: ‘¿Quién está conmigo y del lado del Eterno? Vengan para acá y tomen sus cuchillos’. Ahí murieron tres mil y fue toda una tragedia realmente. Este acto de infidelidad y adulterio, además de anular el Pacto, a las personas en sí mismas las pone en una condición de ‘pena de muerte’. ¡Esa es la cuestión! 

¿Por qué necesitamos a Yeshua? Porque si no fuera por Él, no habría esta oportunidad. Porque Yeshua tomó en Él mismo, el pecado de todos nosotros. De la infracción de la ley, de nuestro adulterio y nuestra infidelidad. Él cargó sobre sí mismo, todos nuestros pecados. Por eso, vino Él a morir en esa cruz. Vamos a leer las palabras que dice Yeshua en el contexto de la Pascua, donde justamente, se celebra la libertad de salir del pecado y de ya no vivir en los principios del mundo. Dice en Mateo 26:26-28:

 Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.” (Mateo 26:26-28 RVR60). 

Comenté yo al inicio que, la palabra “Berit” o “Brit” significa corte. Porque de manera literal se cortaban los animales y se derramaba la sangre sobre la cual se caminaba como una forma de sellar el Pacto. Entonces, Yeshua no podía renovar el Pacto, si no derramaba de su sangre. Era necesaria la muerte del Mesías y el derramamiento de su sangre para que se cumpliera, cabalmente, lo que implica el Brit, el Pacto, la Promesa que se rompió cuando falló el pueblo y, que ahora, como dice en Isaías 53: ‘El Eterno cargó en Él, el pecado de todos nosotros’. Lo hizo responsable de nuestras transgresiones. Él las tomó voluntariamente para que, entonces, pudiera venir la renovación de este Pacto y lo podamos volver a firmar finalmente con un nuevo corazón, no con un corazón de piedra, sino con un corazón de carne. Entonces, ahora sí podemos decir lo que decía en Jeremías: ‘Yo seré a ellos por Dios y, ellos me serán a mí por pueblo’. 

Vamos a leer lo que dice Jeremías 31:34:

“Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.” (Jeremías 31:34 RVR60). 

Ahora sí tiene sentido lo que dice aquí. En eso consiste el Nuevo Pacto, en el perdón. 

YESHUA RENUEVA EL PACTO 

Como les comento aquí: ‘El Brit Jadasha, el Pacto Renovado, NO solo es la Torá en la mente y corazón, NI tampoco es solo que Yeshua “murió por tus pecados”, como se comparte en el cristianismo (antes era con animales, pero ahora es con su sangre), en realidad no es exactamente así. Estos dos aspectos, tanto la Torá en la mente y el corazón; así como el perdón de pecados por medio del sacrificio del Mesías, son ambas partes de una misma idea y concepto’. Son las dos caras de una misma moneda. Por eso, Yeshua tuvo que morir, para poder renovar el Pacto en el que todos habíamos fallado. Entonces el Pacto Renovado es, más bien, una relación renovada que se rompió por el adulterio y la infidelidad. Imagínate la situación de una pareja, donde uno de los dos cae en infidelidad o el esposo se da cuenta de que la esposa se llevó a un examante a la boda. Entonces ¿qué pasa? El esposo podría divorciarla o separarse, pero decide darle una segunda oportunidad y renovar su compromiso. 

¿Cómo se formaliza o consolida una relación o el amor? A través de un documento también. No solo son palabras o sentimientos, sino que, en este caso, hay un documento que válida este Pacto y a este se le llama Ketubá, pero es entendido como la Torá, la Ley y la Escritura misma. Así como un hombre y una mujer ratifican y formalizan por medio de una Ketubá, si se divorcian y se quieren volver a casar nuevamente, deberán firmar una nueva Ketubá. Por eso, Yeshua vino a darnos este Nuevo Pacto y esta nueva oportunidad de renovación de la promesa y alianza. De cierta manera podemos decir que estamos legalmente en el Pacto Renovado. Estamos en él ya, pero todavía no, porque de cierta forma, se ha empezado a cumplir lo que dice Jeremías 31:34:

 ‘Ya no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán’. (Jeremías 31:34 RVR60)

Cuando esto se haga pleno, ya no será necesario andar evangelizando, ni enseñando, porque la Torá estará tan impregnada, inmersa e interiorizada en nuestra mente y corazón que, ya no va a ser necesario estar explicando. Ya no va a haber temor de parte del esposo porque la esposa esté buscando a sus examantes, sus exnovios o ídolos. Ya no va a ser eso. Porque ya va a haber una convicción plena de que seremos personas nacidas de nuevo y habrá una renovación en su mente y corazón. 

Eso es a lo que nos estamos encaminando, acercando y buscando todos. Para alcanzar ese Pacto Renovado, tuvo que venir Yeshua para otorgarnos primero el perdón de Dios. Y, después del perdón, entonces, hay oportunidad de reconciliación y eso lleva a renovar el Pacto. No es que con el Mesías no haya ningún Pacto o el Nuevo Pacto sea: ‘Yo te perdono y se acabó’. ¡NO! ‘Él nos perdona, pero ahora no debemos pecar más. ¿Qué significa? No transgredas más la Torá. Cumple los mandamientos de Dios en tu vida, pero no en la letra, sino en el corazón. En el espíritu y de acuerdo con el Espíritu de Dios. Para eso enviaría Dios el Espíritu, para que le podamos obedecer, seguir y vivir acorde con ese Pacto. Dice en 1 Juan, capítulo 5: ’Su ley, y sus mandamientos no son gravosos’. Porque en eso consiste el amor a Dios. 

En esto consiste el Nuevo Pacto o el Pacto Renovado, en que el Mesías nos ha otorgado su perdón para que la Torá pueda ser escrita, sellada y grabada en nuestra mente y corazón.

Es muy hermoso este mensaje de renovación, de amor, de perdón y de lo que el Eterno desea para todos. Así que, vivamos en el Pacto Renovado y acorde con el llamado que Dios nos ha hecho a todos. 

Que el Eterno te bendiga: ¡“Shalom”! / ¡Paz!

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