RESPONSABILIDADES DEL ESPOSO SEGÚN LA BIBLIA
Bienvenidos, estamos en “Respuestas en la Biblia”. Vamos a seguir aprendiendo de la Palabra de El Eterno, a través de las respuestas y preguntas que, seguimos semana a semana conociendo. El día de hoy, llegamos a una pregunta muy especial, porque es directa y muy importante que la sepamos todos los varones. No la hizo una mujer, que es, seguramente, lo que estás pensando. No, no la hizo ninguna esposa tampoco. Fue la pregunta de un varón, de hecho. Y pues es una pregunta doble: sobre las responsabilidades del esposo y las de la esposa. En este caso, vamos a ver la pregunta No. 177 que dice: Responsabilidades del esposo según la Biblia. ¿Cuáles son las responsabilidades del varón acorde con la Escritura? Yo sé que es una pregunta muy amplia y, por supuesto, profunda. Así que, vamos a tratar de generalizar y a enfocarnos en ciertos aspectos más relevantes y principales. También habrá ciertas responsabilidades que serán como un traje a la medida de acuerdo con lo que cada varón esté viviendo y su situación particular en su matrimonio.
Yo quisiera, primero, antes de iniciar con este estudio como tal, pedirles que no haya este sentir en los varones que estén escuchando esto de qué flojera, qué difícil o qué presión son estas responsabilidades. Lo que sucede es que, la palabra responsabilidad, es un término fuerte, de mucho peso, esa es la verdad y hay que reconocerlo. Lo que menos queremos en esta vida son más responsabilidades, ya que tenemos todo tipo de ellas en el trabajo, en el colegio, en la casa, como esposos, como hijos, como padres, como suegros, como hermanos, en fin. Jugamos una gran cantidad de roles y, en cada uno, tenemos una responsabilidad. Por eso, como que estamos recordando cuáles son esas obligaciones, pueda no ser tan placentero. Pero, yo quiero invitarte a que lo tomes desde otra perspectiva. Considera que, cuando se te da una responsabilidad, detrás de ella hay una gran bendición, porque Dios sabe que eres capaz de llevarla a cabo y de que no estás solo para cumplirla, si Dios mismo te la ha dado. Él no va a ponernos una carga o un yugo que no podamos llevar. Al contrario, cuando nos unimos a Él, nos damos cuenta de que, dentro de esas responsabilidades, hay una gran bendición para nosotros cuando las cumplimos. Por ello, trata de tomar esto desde la mejor perspectiva, de la forma más positiva y con la óptica del Eterno de que, detrás de una responsabilidad, hay una gran bendición y de que Él estará contigo.
BUENO SABER LAS RESPONSABILIDADES
También hay que decirlo, a lo mejor, ya tienes ciertos años de matrimonio y puedas decir: ‘A estas alturas, no necesito que me las recuerden o no necesito aprender’. Dice un dicho: ‘Siempre se aprende algo nuevo’. Y si no se aprende algo nuevo, es bueno recordar lo que ya sabemos y que es importante. Si tu caso es que aún no te has casado, todavía no llega tu ayuda idónea, ¡qué mejor oportunidad! Porque la realidad es que a nadie nos enseñaron cómo ser esposos.
Yo creo que, la familia, de cierta forma, es un equipo. Si conocemos las responsabilidades y funciones que tenemos como esposos, será más fácil cumplir nuestro papel. Para que un equipo funcione en su máximo potencial, cada integrante debe dar lo mejor de sí, y así, desempeñar su rol de la mejor manera. No existe un listado específico sobre las responsabilidades del esposo, así que veremos algunas que menciona la Biblia de forma general. Y confiamos en que el Eterno y la “Ruaj” (Espíritu), guiará a cada varón a comprender y a aplicar cada una de ellas.
Es importante aclarar que, algunas de estas responsabilidades del varón, también lo son de la mujer. Podemos decir que son compartidas en algunos casos. Las obligaciones de ellas se encuentran en la pregunta siguiente, la No. 178.
ADVERTENCIA / DISCLAIMER
Si me interesa mucho también dejar algo en claro esta advertencia: Las esposas no deben tomar este estudio como espada para atacar o exigir a los esposos, ya que, aunque evidentemente, lo que veamos está respaldado por la palabra, lo más efectivo es dejar que la Ruaj, hable y convenza a cada varón. Forzar a cambiar a una persona puede llegar a ser muy contraproducente. De hecho, algunos rabinos recomiendan que los cónyuges no escuchen lo que la “Torá” (Instrucción, Ley) demanda para el otro, a menos, que lo haga con mucha madurez y objetividad. Si no crees lograr tener ambas, mejor escucha otro estudio que será de mayor bendición para tu matrimonio.
Y si aún no te casas, pero algún día esperas a hacerlo, yo te digo varón, no esperes a llegar a ser esposo para aprenderlo porque puede ser demasiado tarde. Mientras más pronto te prepares, mucho mejor será. Una vez dicho esto, vamos a buscar el enfoque de cuáles son las responsabilidades del esposo.
BUSCAR LA UNIDAD PLENA CON SU ESPOSA
Vamos a comenzar desde el principio con el libro de Génesis 2:24:
“Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.” (Génesis 2:24 RVR60).
¿De qué estamos hablando aquí? Que el esposo busque la unidad plena con su esposa. Es decir, el hombre debe buscar con su esposa, ser una sola carne. En hebreo este término de ‘uno’ o ‘una sola’ es la palabra “ejad” que implica una unidad que tiene relación con una unidad compuesta. Uno solo que se conforma de más de una parte. En este caso, se considera que este es el propósito de la unión del esposo con la esposa. En el matrimonio, el esposo debe buscar alcanzar la unidad en la máxima expresión posible con su esposa. Llegar a un mismo pensamiento, buscar una misma emoción o un mismo sentir. Ser una sola carne, un solo cuerpo en la intimidad. Todo lo que pudiera implicar este sentido de unidad. Esto es parte de una responsabilidad que tiene el esposo. Él debe trabajar en todo aquello que fomente y desarrolle la unidad con su esposa. Y esta es una labor muy grande, ya que, por naturaleza, solemos ser muy egoístas. Debemos estar dispuestos a morir a nosotros mismos, muchas veces, para poder lograr esta unidad. El enemigo, satanás, no quiere que haya unidad en los matrimonios. El esposo tiene que estar consciente de eso y, por lo tanto, trabajar, luchar y esforzarse, haciendo lo que sea posible por lograr ser esa sola carne, esa unidad y ejad. Siempre buscar lo que nos ayuda a ser uno y cuidar lo que nos separa.
Aquí es importante aclarar que, esto no significa que la individualidad desaparece o que, prácticamente, nos deben gustar las mismas películas, el mismo helado, los mismos lugares o hobbies, finalmente, vamos a ser diferentes en muchos aspectos. No se trata con esto, que la individualidad del esposo desaparezca o el pensamiento personal. Más bien, lo que se busca es que, a través del tiempo, vayan compenetrándose espiritual, emocional y físicamente y que esto suceda de manera natural. Entonces, el esposo no debe imponer, forzar o manipular a su esposa para lograr esa unidad, sino más bien trabajar con ella, como un equipo, con sabiduría, y ambos no deben perder esto en cuenta. Esto no se enseña en los cursos matrimoniales, ni se enseña como una responsabilidad dentro del matrimonio. Cuando en realidad lo es. Este es el principio de todo. Para eso, prácticamente, Dios formó a Adán y Eva, para que llegaran a este punto de ser una ejad. Así tendríamos que pensar y actuar en todo lo que hagamos. Pensar si lo que hacemos nos va a ayudar a unirnos y acercarnos más o nos va a distanciar y separar. Esto es más fácil, por supuesto, cuando se comparte la misma “emuná” (fe), de esa manera es más sencillo. Todo lo que conlleva el matrimonio en sí, el tiempo que se comparte, las relaciones íntimas, los hijos, las metas que se van trazando. Todo eso ayuda para que podamos lograr esa unidad.
Creo que sí es una responsabilidad del esposo estar conscientes de esto y de buscar esta unidad. Somos llamados a ser uno con nuestra esposa y es una obligación que debemos tener en cuenta porque así empezó el primer matrimonio y ese fue el objetivo que se le dio a Adán y Eva cuando Dios los formó.
INDEPENDIZARSE DE SUS PADRES
El varón, específicamente, cuando llega a casarse debe hacer lo que dice Génesis 2:24:
“Por tanto, DEJARÁ EL HOMBRE A SU PADRE Y A SU MADRE, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.” (Génesis 2:24 RVR60).
Va con mayúsculas lo que considero que debe resaltar en lo que estamos explicando. Es una responsabilidad del esposo, también el llegar a este punto de independencia de sus padres. Tampoco se habla mucho de esto, pero es parte de lo que el esposo debe buscar cuando llega al momento de casarse, de reunirse con su mujer. Y para que haya una verdadera unión (ejad) el esposo debe independizarse de sus padres emocional y económicamente y encaminarse a una vida en la que no dependa de ellos. De no hacer esto, cuando llegue al matrimonio, va a tener serios conflictos con su esposa, sobre todo y, no va a estar confiando plenamente en Dios. No va a poder alcanzar ese máximo potencial y no podrá llegar a esa unidad con su esposa. Muchas mujeres se quejan de dientes para afuera de que sus esposos no se han cortado el cordón umbilical, que todavía siguen siendo hijos de mamá o que todavía siguen dependiendo del papá para la toma de decisiones importantes. Todavía no son autosuficientes y aún no se independizan de sus papás. Por tanto, esta es una parte que Dios le da al hombre como una responsabilidad cuando se une con su esposa. Tiene que hacer a un lado esa etapa. Siempre será hijo y deberá honrar a sus padres porque serán una autoridad, pero él ‘ya es harina de otro costal’ y debe llegar a esto.
Esto es algo que el hombre debe lograr como una responsabilidad de varón, al casarse con la mujer.
SER EL PROVEEDOR
De acuerdo con la misma Palabra, esta responsabilidad es obvia y lógica, pero, aunque así lo sea, créanme que, también de pronto, se olvida. Sin embargo, la Biblia es muy clara, él debe ser el proveedor.
Leamos Éxodo 21:10:
“Si tomare para él otra mujer, NO DISMINUIRÁ SU ALIMENTO, NI SU VESTIDO, ni el deber conyugal.” (Éxodo 21:10 RVR60).
Aquí váyanse con calma porque no estamos hablando de que el hombre pueda tomar otra mujer. Eran otros tiempos, en el que había servidumbre, pero de aquí se deduce, se explica y los rabinos siempre han tomado este pasaje como la base para dar esta responsabilidad al varón. Aunque tomare otra mujer, no porque esto sea lo correcto, ni lo que la “Torá” (Instrucción, Ley) dice que se haga, sino en el caso de que algún varón aun en contra de la lógica y de los designios del Eterno, tomase otra mujer, eso no le exime de la responsabilidad del alimento y del vestido.
Ahora, en 1 Timoteo 5:8:
“porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo.” (1 Timoteo 5:8 RVR60).
Aquí se refuerza esta idea, así que, señores, no hay de otra más que chambear. Dejó de caer el maná desde hace muchos siglos en el desierto y hay que salir a buscar el alimento, porque el trabajo es la manera que dio Dios para el sustento. Esta provisión incluye, por supuesto, el alimento, la ropa, la vivienda, la educación para la familia de una forma digna y suficiente. También hay que dejar en claro que tampoco dice que los hijos deban ir a los mejores colegios, que deban vivir en una casa con piscina, que tenga internet de alta velocidad o una pantalla de televisión de alta tecnología, ni vacaciones en hoteles de cinco estrellas. No exagerar y tampoco exigir lo que la Torá misma no demanda. La Biblia también nos dice que, teniendo sustento y abrigo, con eso estemos contentos. Esto lo digo para mediar de alguna manera y equilibrar.
La responsabilidad del sustento y provisión, Dios se la dio al varón. Dios le dijo a Adán: ‘con el sudor de tu frente. Tú eres el responsable’. Esto no quiere decir que la mujer no pueda trabajar. Habrá momentos y situaciones en las que, incluso, será necesario que la mujer trabaje. Sin embargo, en cuanto a responsabilidad, esa no se la quita nadie al varón. Aquí yo me atrevo a decir que, hay mujeres que, cuando viene este proceso lamentable de divorcio, con el enojo, no permiten que el esposo cumpla esta parte de darle el sustento y la provisión a los hijos, por orgullo o cualquier otro motivo. Y le están quitando al varón, la responsabilidad que Dios le está dando. Entonces, no es lo adecuado, lo correcto o lo mejor. En el caso de un matrimonio, debe ser siempre claro y evidente para todos, incluyendo para los hijos, que el esposo es el proveedor y por eso, debe de esforzarse y hacer lo que sea necesario para traer este sustento. Sin embargo, también les digo que no debe caer en el extremo o en el exceso de trabajar tantas horas más, que termine descuidando otras prioridades como a su esposa o sus hijos. Trabaja para la provisión y el sustento, pero no vive para trabajar. A veces, sobre todo, ahora lamentablemente, parece que la gente vive para trabajar y no trabaja para vivir. Ahí tiene mucho que ver cómo administramos el dinero, de qué manera queremos vivir. Por eso, hay que platicarlo, tener comunicación con la esposa, sobre hasta qué punto podríamos o no disponer de tal o cual cosa, para que, finalmente, el esposo sí cumpla este mandato, sin descuidar otras áreas importantes que tiene como esposo. Esta es una de las principales funciones que tiene el esposo, digamos que, ante la misma sociedad y que está marcado por la Escritura.
PROTECTOR Y GUARDADOR
La siguiente responsabilidad que el Eterno le ha dado al hombre con respecto a lo que dice la Biblia misma es ser: ‘Protector y guardador’ de la familia.
Dice en Efesios 5:29:
“Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, SINO QUE LA SUSTENTA Y LA CUIDA, como también Cristo a la iglesia,” (Efesios 5:29 RVR60).
Aquí justamente, está hablando de las responsabilidades de los esposos.
Y en Génesis 32:8:
“Y dijo: Si viene Esaú contra un campamento y lo ataca, EL OTRO CAMPAMENTO ESCAPARÁ.” (Génesis 32:8 RVR60).
Simplemente por citar otro ejemplo, porque hay muchos más. Aquí el contexto es, Esaú está esperando a Jacob que sabe que estaba regresando. Y Jacob está preocupado porque ya le avisaron que viene su hermano con un pequeño ejército de 400 hombres. Y, temiendo que fueran atacados, prefirió dividir el campamento en dos, tomando a sus esposas, a las siervas, a los hijos para protegerlos. Considerando que si Esaú atacaba un campamento, el otro tuviera oportunidad de huir. Es, sencillamente, una acción que mostraba la preocupación e intención de Jacob de resguardar a su familia.
Esta es la responsabilidad del varón. Incluye proteger a la familia de peligros que atenten contra la vida, ya sea física, emocional o espiritualmente. También hay que dejar muy en claro, el esposo es el protector, el que debe de guardar a la familia, pero no solo físicamente, sino emocionalmente. Para ello, debe estar atento, velando, en una actitud y postura de estar muy al tanto de lo que sucede porque el enemigo está como león rugiente, buscando a quién devorar.
El esposo, a veces, tendrá qué impedir que cierto material o contenido entre a la casa o ir a ciertos lugares o que miembros de la familia se relacionen con ciertas personas que puedan poner en peligro cualquiera de los tres aspectos físico, emocional o espiritual. El margen de acción en esto es muy amplio. Una parte es como velar por el bienestar de la familia y otra parte implica prever riesgos. El hombre también debe tener esta visión de ser previsor, de saber que puede llegar a suceder algo. Si tiene que construir un arca porque viene un diluvio, debe hacerlo antes de que caiga el diluvio y no cuando ya está empezando a llover. De la misma manera, en cuestiones de la casa, si él no lo puede hacer, que lo haga por medio de un tercero, ya que, en ciertos casos, habrá que reparar, construir o evitar accidentes. Esto es muy amplio, pero también es una labor que Dios le dio al hombre y que es importante que cumpla. Cuando esto no se lleva a cabo, hay una sensación de inseguridad en la esposa o los hijos. Esto es algo básico dentro de la pirámide de necesidades de Maslow. En este caso, los hijos deben apoyarse en los padres y la cabeza de todos debe ser el hombre. Por eso, el hombre debe ser en este caso, esa fortaleza, tener carácter y temple para cuidar a su familia. No se trata tampoco de que sea un ‘Rambo’ o ‘Terminator’, pero si debe estar al tanto de ellos.
CABEZA, LÍDER Y RESPONSABLE
Otra responsabilidad de acuerdo con la Biblia para el varón es que, debe ser cabeza, un término que denota el liderazgo y la responsabilidad. Leamos lo que dice Efesios 5:23:
“porque EL MARIDO ES CABEZA DE LA MUJER, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador.” (Efesios 5:23 RVR60).
Aquí deja muy claro el papel que Dios le ha dado al varón como cabeza de la mujer. También leemos en 1 Corintios 11:3:
“Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y EL VARÓN ES LA CABEZA DE LA MUJER, y Dios la cabeza de Cristo.” (1 Corintios 11:3 RVR60).
¿Qué implica todo esto de que el varón sea la cabeza? Primero, que el esposo debe sujetarse y someterse a su cabeza, que es el Mesías y podemos ponerla junto con la responsabilidad del esposo de ser cabeza de su esposa. Sin embargo, en su rol de cabeza de la mujer, es un líder que ve más adelante. De ahí que la cabeza esté en la parte superior para poder ver desde la parte más alta y pueda ver lo que los otros miembros de la familia no puedan ver. De esta manera, el esposo puede ver más lejos y prever situaciones que pongan en peligro la vida espiritual, física o emocional de la familia. Ahora, cabeza también tiene que ver, ciertamente, con autoridad y ésta se desarrolla más bien en la instancia del liderazgo. En la Biblia el liderazgo lo tiene la persona que encabeza las acciones y toma la iniciativa de ponerse al frente.
La Biblia dice en 1 Timoteo 3:4:
“que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad” (1 Timoteo 3:4 RVR60).
La idea es clara, quien gobierna la casa es el esposo y es importante que el hombre asuma esta parte. Aunque parezca increíble, hoy hay tantas ideas de familias que se han desarrollado con otra funcionalidad que, al hombre le ha adherido este rol que Dios le ha dado a la mujer. Y yo creo que, a lo mejor, podrá funcionar por un tiempo, pero no ha sido lo que Dios ha establecido. Lo que Dios estableció es: ‘El hombre es la cabeza de la mujer y del hogar’. Y, si nos vamos al principio del libro, veremos una vez más, desde los días de Adán, ¿a quién reprendió Dios cuando Eva pecó y comió del fruto y luego le dio a Adán? ¿A quién le pidió cuentas Dios? A Adán. Porque él era el responsable y la cabeza de su mujer. Sé que es un tema bastante amplio y que, siempre genera mucha controversia esta cuestión. Pero, el punto y la pregunta siempre es: ¿Dónde estaba Adán cuando Eva estaba dialogando con la “Najash” (serpiente)? Él debió estar ahí primeramente para impedir que esto sucediera. Y segundo, tampoco debió desobedecer el mandato de Dios. Entonces, aunque Eva haya tomado la iniciativa de pecar y caer, Dios le pide cuentas a Adán.
Esto no significa que el hombre es absolutamente responsable de todos los pecados de su mujer: ¡No! Dios va a juzgar a cada uno de manera personal. Sin embargo, en ciertas acciones y casos, como lo vemos aquí específicamente en Adán y Eva; al recibir él primero el mandato, él es el responsable. Esto lo vemos de manera más fácil con la paternidad: si llevamos a nuestro hijo pequeño a una tienda de lámparas y ahí tira una de ellas y la rompe, ni modo de decirle al dueño de la tienda: ‘¡Cóbresela a él, porque yo no fui! Es mi hijo, pero yo no la tiré.’ Nosotros somos los adultos, los responsables, los que llevamos al niño ahí. Entonces, de cierta manera, nosotros somos los responsables. Así, el hombre, debe tomar este papel de ser responsable, de ponerse en la brecha y de levantar un vallado para la familia.
Esto es importante y, por tanto, implicará una serie de acciones sobre ser cabeza, ser líder, ser responsable y de tomar la iniciativa. A veces, el hombre es muy pasivo y, aunque su temperamento pueda ser muy tranquilo, no significa que no deba de tomar el papel que Dios le ha dado. Entonces, debemos ser muy cuidadosos con esto, porque la verdad es que, a veces, se siguen patrones en que los hijos varones ven que el esposo no toma la iniciativa, no es responsable y no toma el liderazgo o las decisiones finales, los hijos van a aprender de ahí. Así que, el hombre debe tener la última palabra y asumir una posición de liderazgo para que no se inviertan los papeles y se genere un conflicto mayor.
RELACIONES SEXUALES
Dentro de las responsabilidades del varón también están las relaciones íntimas, las relaciones sexuales con su esposa. Obviamente, esto implica, por supuesto, la fidelidad a la pareja, algo que se da por hecho.
Vamos a leer Éxodo 21:10:
“Si tomare para él otra mujer, no disminuirá su alimento, ni su vestido, NI EL DEBER CONYUGAL.” (Éxodo 21:10 RVR60).
También leemos en 1 Corintios 7:3:
“El marido CUMPLA CON LA MUJER EL DEBER CONYUGAL, y asimismo la mujer con el marido.” (1 Corintios 7:3 RVR60).
Aquí nos enfocamos en el esposo. Y cuando dice: ‘cumpla’, es porque debe cumplir. También se les llama los deberes maritales. Se considera un mandamiento para el hombre, proporcionar placer a la mujer en el acto sexual, en la intimidad física. Y una forma de darle placer y gozo a la esposa se estima que debe ser a través de las relaciones sexuales y tantas veces como ella lo necesite. Por eso, el judaísmo, que es muy amplio en cuanto a este tema, considera que un hombre debe estar dispuesto a dejar un trabajo o, incluso, no aceptarlo si va a descuidar esta área con su esposa. De alguna manera, aunque no parezca que es así, en el judaísmo, se le da a la mujer, la prioridad sobre este tema. Y al hombre la responsabilidad de darle a su esposa este placer. Por eso, se le llama a esta parte el mandamiento del gozo y de la alegría, porque esto es lo que para la mujer debe implicar. No se trata de que el hombre llegue con la mujer sin freno, porque realmente se considera que el cumplir con este mandato debe ser darle a su esposa un momento de placer, deleite y de gozo. Por tanto, de cierta manera, se dice que la mujer puede hacer que su esposo cambie de trabajo o no lo acepte, si va a incumplir el deber conyugal. Como dice 1 Corintios 7: ‘A excepción que sea por mutuo acuerdo y, además, para la oración’. En esta misma idea se dice que la mujer tiene la sartén por el mango, en cuanto a esto, sobre el esposo. Por tanto, señores, no debe de haber ningún pretexto, nada de quedarse dormidos o que no tienen ganas o prefieren ver sus series o partidos en lugar de cumplirle a la esposa. Entonces, se toman una leche con chocolate o una proteína que les dé energía porque se considera que es un mandato dentro del matrimonio y que recae, específicamente, en el varón. Leímos en Corintios que la mujer también cumpla con el esposo, pero el deber principal se le atribuye al varón.
MANTENER SU CUERPO EN CONDICIONES ACEPTABLES
Otra responsabilidad que da la Biblia al esposo es que debe mantener su cuerpo en condiciones óptimas. Esto está ligado a 1 Corintios 6:19-20:
“¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; GLORIFICAD, PUES, A DIOS EN VUESTRO CUERPO y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”. (1 Corintios 6:19-20 RVR60).
Aquí, enfocándonos en el cuerpo, lo podemos ver como un precepto. Tal vez no parece una responsabilidad directa del esposo, pero en realidad, sí lo es. El esposo debe mantenerse en una condición física aceptable para servir al Eterno y para servir a su familia. ¿Cómo va a ser el proveedor, protector o cumplir el deber conyugal con su mujer si no cuida su cuerpo? No basta con comer “kosher” (apto). Tampoco estoy diciendo que se convierta en Mister Músculo o en un galán, esto más bien está enfocado en su salud y su bienestar. Si el esposo está continuamente enfermo por una cuestión de descuido de su cuerpo o por negligencia, entonces, podríamos decir que es un pecado, porque aquí dice que nuestro cuerpo es para glorificar a Dios. Además, es prestado. Por eso, debemos cuidarlo. Si está deteriorado, yo te aseguro que no ha sido por cuestión de Dios, sino por nuestra responsabilidad.
Es cierto que el cuerpo también se desgasta, es inevitable. No vamos a tener 20 años toda la vida, por supuesto. También pueden suceder accidentes: “Bar minan” (Lejos esté de nosotros), pero en lo que esté en nuestras manos, también debemos de hacerlo. Entonces, varón, tu cuerpo es un templo y el templo del Eterno siempre debía estar en óptimas condiciones. Dentro de la Torá, en los 613 mandamientos, se estipula que el Templo debía estar vigilado, limpio, en estado de santidad y eso lo podemos relacionar con nuestro propio cuerpo. Debemos de pensar de esta manera: ‘Nuestro cuerpo debe estar en las mejores condiciones para poder servir al Eterno y a nuestra familia’. A veces, la esposa termina siendo la enfermera del esposo, lamentablemente. Pero no por una cuestión casual, sino en muchos casos, por negligencia, descuido, flojera, de todo. La Biblia incluso, compara al varón con un soldado del Mesías en 2 Timoteo 2:4
“Ninguno que milita se enreda en negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado”. (2 Timoteo 2:4 RVR60).
¿Tú, cómo te imaginas un soldado? No puede estar con 80 kilos de más, porque al irse a la guerra no podría ni moverse bien. De alguna manera pensamos en una persona con energía, vitalidad y salud. Por eso, yo pongo esto como una responsabilidad del varón de mantener su cuerpo en las mejores condiciones. Es triste, pero hay varones que al carro lo que pida: alineación, balanceo, cambio de aceite, si tiene un ruido ya lo están revisando, lo andan lavando 3 o 4 veces a la semana, pero andan con un descuido total del cuerpo. Eso no debe de ser. Sí, debemos considerar como una responsabilidad bíblica el cuidar nuestro cuerpo.
EDUCAR A LOS HIJOS EN LA TORÁ Y EL MESÍAS
Otra responsabilidad que tenemos los esposos, los varones de acuerdo con la Escritura es muy relevante: educar a sus hijos en la Torá y el Mesías. Hay varios pasajes, pero leamos uno de los más conocidos en Deuteronomio 6:6-7:
“Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; Y LAS REPETIRÁS A TUS HIJOS, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.” (Deuteronomio 6:6-7 RVR60).
También hay que dejar algo muy claro. No es responsabilidad directa del Pastor, del líder de jóvenes o de nuestra esposa, ni de la escuela sabática, no es obligación de nadie más, sino del esposo, del padre, en este caso, de enseñar la Torá a sus hijos mientras vivan con él. Ya después los hijos decidirán, pero mientras el padre pueda influir, instruir y enseñarles el camino de la Torá y del Mesías, debe de hacerlo.
En el libro de Éxodo, en la narración de Pésaj también dice: ‘Y estas cosas se las dirás a tus hijos y se las contarás. Así cuando tus hijos te preguntaren y te dijeren: ¿Qué rito vuestro es este? Ustedes dirán: esta es la Pascua del Señor…’. En uno y otro pasaje sigue bajo esta idea de que esto hay que transmitirlo a la siguiente generación que son los hijos. Y de generación en generación. Entonces, hay que enseñarles a los hijos por más tecnología que haya. Por más videos que vean, la responsabilidad es nuestra. Yo sé que vivimos muy ocupados y cansados, pero hay que buscar esos tiempos porque esta es una responsabilidad muy importante. Además, el tiempo se pasa como agua y, el día de mañana, ya volaron, ya salieron de casa y qué difícil va a ser. Si todavía no tienes hijos, vete preparando.
En una ocasión escuché que: Una pareja con un bebé recién nacido llega con un rabino y le preguntan. Rabino, ¿a qué edad cree usted conveniente que le empecemos a enseñar Torá a nuestro hijo? El rabino preguntó: ¿Cuántos años tiene? Ellos respondieron: Apenas tiene tres meses. A lo que el rabino les dice: ‘Ya se les hizo tarde’. ¿Cómo que tarde si apenas tiene tres meses, ni habla?, dijeron ellos. El rabino les dijo: Ni siquiera cuando nació. Ya era tarde también. Entonces, ¿cuándo aún no nacía? Preguntaron los papás. ¡Exactamente! Dijo el rabino, en realidad, estudia tú primero para que cuando llegue tu hijo, tengas tú qué enseñarle. Entonces, podríamos agregar que es nuestra responsabilidad escuchar, aprender y conocer la Torá. Porque, ¿cómo educar a los hijos en ella, si nosotros mismos no estamos educados en la Torá? No lo puse aquí así tal cual, pero es como la parte lógica. No podemos enseñar algo que nosotros mismos no sabemos, no solo en conocimiento, sino que, no lo vivimos. A veces, no es que los hijos no aprendan, sino que no se vive en la casa. Esto es importante y tiene bastante peso.
Aquí hay que ser valientes y no hay que hacerse a un lado. Porque, a veces, como les decía yo a un inicio, la palabra responsabilidad cuánto nos pesa. Pero, no por no quererlo escuchar, dejamos de ser responsables. No es así. Hay gente que dice que somos responsables de lo que escuchamos. Sí, pero también podemos llegar a ser responsables de lo que no queremos escuchar, de lo que evitamos escuchar. Entonces, también hay una responsabilidad por ignorancia voluntaria o por no darle la importancia debida. Por eso, estudia tú primero, escucha primero y mantente leyendo tu Biblia, que es más que suficiente. Nuestros hijos no necesitan un super rabino que conozca los más grandes secretos de la “kabalá” (corriente de interpretación mística y alegórica del Antiguo Testamento), ni de la “gematría” (numerología que consiste en asignar un valor numérico al alefato hebreo) o la Torá, simplemente necesita que le instruyas. Además, los principios morales de la Torá no están escondidos.
Si hay algo en lo que he estado reflexionando últimamente, es en que, si hay algo en lo que debemos hacer énfasis en la enseñanza a nuestros hijos, es en los principios éticos y morales, porque de cierta manera, son los que van a ser los que rijan el camino de su vida. Las cosas intelectuales las pueden aprender sin nosotros, por sí mismos. Pero, el afianzar los valores morales en la vida de los jóvenes y niños, es algo que solo los padres podemos hacer porque se enseña en casa. No podemos evadir esta responsabilidad porque, además, es de las más importantes que tenemos.
VIVIR DE MANERA SABIA Y COMPRENSIVA CON SU ESPOSA
Otra responsabilidad que tiene el esposo delante de la esposa de acuerdo con la Escritura se encuentra en el “Brit Jadashá” (Nuevo Testamento) en 1 Pedro 3:7:
“Vosotros, maridos, igualmente, VIVID CON ELLAS SABIAMENTE, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.” (1 Pedro 3:7 RVR60).
Esto implica vivir de manera sabia y comprensiva con la esposa, pues es parte de la responsabilidad que Dios le ha dado al varón.
Aquí la palabra ‘sabiamente’ es la palabra griega “gnosis” que implica con conocimiento. De hecho, la palabra también se traduce como conocer. Entonces es como vivir con ella con conocimiento, de una manera comprensiva. La palabra comprensiva tiene dos aspectos: 1. Entendiéndola. 2. Conociendo a tu mujer. Aquí la responsabilidad es que tenemos que comprender cómo es nuestra esposa. Debemos hacer a un lado estas ideas de: ¿Quién entiende a las mujeres? O las mujeres son un misterio. Las mujeres son de venus, los hombres son de marte. Por supuesto que hay una gran cantidad de diferencias entre el hombre y la mujer, pero aquí no habla de las diferencias, sino de la comprensión y el entendimiento. Entonces, vivir con ellas comprensivamente, es una manera de entenderlas. Debemos darnos a la tarea de comprender como es nuestra mujer. Obviamente, cada mujer es diferente y no debemos dar por hechas las películas que le gustan o con lo que se enoja, porque hay mucho más allá. En realidad, esto es algo maravilloso dentro del matrimonio: llegar a comprenderse, a entenderse, entrar al mundo interior de la persona. Es decir, cómo siente, cómo piensa, por qué reacciona de cierta manera. Eso nos va a ayudar muchísimo en nuestro matrimonio. No solo es entender qué le enoja, sino por qué le enoja algo o por qué algunas cosas le afectan más que otras. Esto no es un juego, sino más bien el interés que debemos de tener en ella.
También la palabra sabiamente abarca sabiduría, y esa la pedimos al Eterno, porque dice que Él la da abundantemente. Entonces, el vivir sabiamente con tu esposa, implica comprenderla, respetarla, escucharla y ser empático. Por eso, en la Torá los recién casados pasaban un año alegrando a su mujer todo ese tiempo. Y esa idea de alegrarla implicaba que la iba a conocer. Aunque digamos que la conocemos, siempre hay algo por seguir conociendo de nuestra esposa porque vamos cambiando a lo largo de los años.
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DARLE HONOR COMO ‘A VASO MÁS FRÁGIL’
Otra responsabilidad que el Eterno le otorga al esposo es lo que dice en 1 Pedro 3:7:
“Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, DANDO HONOR A LA MUJER COMO A VASO MÁS FRÁGIL, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.” (1 Pedro 3:7 RVR60).
¿Cómo será darle honor a la mujer como a vaso más frágil? La palabra honor, es la palabra en griego “timé”, es algo que también implica un valor. De hecho, puede usarse ese término en un dinero pagado. Es algo valioso en cualquier sentido: económica, espiritual, emocional y hasta sentimental o personalmente. Implica honra. Entonces, esta idea de tratarla como con honra o vaso frágil, es tratarla con cuidado, delicadeza y dignidad. Es darle su lugar no solamente de respeto, sino de valor. Como dice Pablo en la carta a los Romanos: ‘Hay muchos objetos en una casa, unos de honra y otros de deshonra. Unos más comunes que otros’. La idea aquí es, así como una copa es costosa porque es de cristal cortado y es muy cara, se le da un lugar especial y la cuidamos; de la misma manera, a nuestra esposa. Así deberíamos de verla. Así como la copa es irremplazable si se rompe, de la misma manera así debe ser visto el matrimonio y a la esposa misma. Por tanto, la honra, decía yo, está relacionada con darle su valor y respetarla en detalles simples de la vida: abrirle la puerta, recogerle la silla para que se siente, que sus hijos la respeten porque el esposo hace que así sea.
Ese honor implica también reconocer su trabajo en las labores del día y de la casa, su esfuerzo y tenerla en alta estima y valía.
NO SER ÁSPERO CON LA ESPOSA
Otra responsabilidad del esposo para con la esposa, según la Biblia es no ser áspero con ella.
Dice en Colosenses 3:19:
“Maridos, amad a vuestras mujeres, y NO SEÁIS ÁSPEROS CON ELLAS.” (Colosenses 3:19 RVR60).
Aquí una vez más, me apoyo de los términos y significados de las palabras. La palabra áspero en griego es “pikraino” que también significa amargo, áspero. De alguna manera, es no ser amargo con ella y tampoco le amargues la vida. Hay mujeres que serían muy felices, pero el esposo es un amargado, tosco y áspero. Entonces, lo que implica aquí y que va relacionado con lo anterior es tratarla con dulzura, hacer que su vida y su matrimonio sea dulce para ella.
Por ello, el “Talmud” (obra que recoge principalmente las discusiones rabínicas sobre leyes judías) dice: ‘Cuídate mucho de hacer llorar a una mujer, pues Dios cuenta todas sus lágrimas’. Así que reponte de ese mal genio, carácter y todos estos aspectos que, a veces, el hombre quiere imponer, debiendo dejarlos afuera y de lado totalmente en la relación con la esposa. Dicen por ahí: ‘Lo cortés no quita lo valiente’. En casa debemos ser un testimonio para los hijos. Como trates a tu esposa, seguramente, ellos van a tratar así a la suya el día de mañana. Por eso es importante ser con ellos alegres, dulces y alegrarles esta parte de su vida.
LAVAR A LA ESPOSA CON LA PALABRA
Otra responsabilidad del esposo con su esposa de acuerdo con la Escritura en Efesios 5:26:
“para santificarla, HABIÉNDOLA PURIFICADO EN EL LAVAMIENTO DEL AGUA POR LA PALABRA,” (Efesios 5:26 RVR60).
Ya lo dijimos que también es con los hijos, pero en el caso de la esposa, más que la instrucción como tal, el apóstol Pablo lo menciona como el lavamiento del agua por la Palabra. Normalmente, es la esposa quien lava la ropa, pero ¿qué nos toca a los varones? Lavar a la esposa por medio de la Palabra de Dios. La Palabra es como agua y este es un elemento que, en la Biblia, representa la purificación, la limpieza. De alguna manera, el mundo nos contamina, nos llena de impurezas y es responsabilidad del esposo lavar a la esposa de todo eso.
Aquí el consejo más importante es: ¿Ves algo en tu esposa que no te agrada? En lugar de quejarte, criticarla, juzgarla o señalarla, haz como el Mesías: purifícala con amor y un espíritu de restauración por medio de la Palabra de Dios. No se trata de agarrar la Biblia y darle de bibliazos. Se trata de usar la Palabra como el medio de purificación para la esposa. Fíjense, los sacerdotes llevaban a cabo estas purificaciones; el esposo, en el rol de Sacerdote, conlleva la responsabilidad de purificar y limpiar a los miembros de su familia. ¿Cuál es el agua que utiliza para limpiar? En este caso, es la Palabra. Entonces, una vez más, si estamos instruidos y siendo limpiados por la misma Palabra, vamos a poderlo hacer con nuestra familia. “Yeshua” (Jesús) dijo: ‘Ya vosotros estáis limpios por la Palabra que les he hablado’.
Hay que buscarse un tiempo al día o lo más frecuente posible para que el esposo y la esposa lean juntos y compartan algunos versículos. Obviamente, también entraría aquí la parte de la oración, de estudiar juntos, escuchar un estudio juntos y si la esposa tiene dudas, pueda preguntarle al esposo. Si el esposo no sabe, pues él puede buscar la respuesta, preguntarle al Pastor o al Rabino y no tiene importancia, porque, finalmente, se está llevando a cabo la función. Lo importante es que el esposo no pierda esta responsabilidad.
AMAR A SU ESPOSA COMO A UNO MISMO
Esta responsabilidad es, tal vez, de las más conocidas: Amar a su esposa como a uno mismo. Este es el segundo mandamiento más importante de toda la Biblia, escrito en Levítico 19:18b:
“sino amarás A TU PRÓJIMO como a ti mismo. Yo Jehová.” (Levítico 19:18b RVR60).
Aquí este segundo mandamiento implica a la esposa y se cumple con ella. Nuestro prójimo más cercano es la esposa. Los rabinos consideran que este mandamiento se cumple, principalmente con el cónyuge, ya que la palabra ‘prójimo’, que viene del latín ‘próximus’, significa el más cercano. Esta palabra es el superlativo del adjetivo ‘PROPE’ que significa cerca, por lo tanto, prójimo se refiere a la persona más cercana a nosotros, ya sea física, espiritual, o emocionalmente. ¿Quién más está tan cerca de nosotros que nuestra esposa? De manera, que el cumplimiento supremo de amar al prójimo como a ti mismo, comienza en casa con nuestra esposa.
No está mal ver por otros, ayudar a otros, pero amar a tu esposa como a ti mismo o a tu prójimo como a ti mismo, debe ser la prioridad. Obviamente, aquí abarca un sinfín de acciones. No podemos especificar cada una, pero será responsabilidad de cada esposo el pensar de qué manera tiene puede demostrarle ese amor a su esposa. Que, además, dice: ‘Ámala como a ti mismo’. Uno sabe cómo amarse y si seguimos la regla de oro que dice: ‘haz a los demás lo que te gustaría que te hicieran’. Me parece que esta es una buena pauta para saber cómo amar a nuestra esposa. Mientras más la conocemos y con todo lo que ya hemos explicado, obviamente, esto será muchísimo más sencillo y eficiente de cumplir, el amar a tu esposa como a ti mismo.
AMAR A SU ESPOSA COMO EL MESÍAS AMÓ A LA KEHILÁ
Este es el último punto que yo marqué para cerrar dentro de esta lista de responsabilidades del esposo: Amar a su esposa como el Mesías amó a la “Kehilá” (Congregación, Iglesia).
Leamos Efesios 5:25:
“Maridos, AMAD A VUESTRAS MUJERES, ASÍ COMO CRISTO AMÓ A LA IGLESIA, y se entregó a sí mismo por ella,” (Efesios 5:25 RVR60).

Si tan solo cumpliéramos esto, todo lo demás no sería necesario. Porque este es el nivel máximo de amor que podemos alcanzar y aspirar. Este es el amor más sublime, excelso y perfecto que se pudo haber ofrecido y que se puede dar. El amor del Mesías por su pueblo, por su Kehilá. Yeshua mismo dijo: ‘Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos’. No se refiere al compadre, ni al amigo del fútbol. ¡No! Se refiere a los amigos cercanos y, por supuesto, nuestra esposa está primero que nadie. Ella debe ser la prioridad número dos después de Dios y el Mesías. Es un deber del esposo imitar al Mesías. Ya dijimos que la cabeza del varón es el Mesías y que, debemos seguir sus pasos. Si somos varones que seguimos los pasos del Mesías, por lo tanto, debemos amar a nuestra esposa de la manera en que Yeshua se entregó y amó a la Kehilá.
Una vez más, esto es sumamente amplio, esto abarca todas las áreas de nuestra vida y, confío en que la Ruaj va a guiar a cada varón en cómo imitar al Mesías, cómo seguir sus pasos y cómo amar a nuestra esposa, así como Yeshua nos amó a cada uno de nosotros. Si hemos entendido el amor de Yeshua a nuestra vida, va a ser más sencillo. Si hemos entendido el perdón, el amor y todo lo que Yeshua hizo por nosotros, eso hay que seguirlo.
Por ejemplo, Yeshua perdonó a su Iglesia o Kehilá y dijo al Padre: ‘Perdónalos porque no saben lo que hacen’. Aquí está implícito el perdón dentro del matrimonio y de la relación con la esposa. Dijo Yeshua: ‘El Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos’. Entonces, una manera de mostrar este amor es sirviéndole. Estar dispuestos a dar nuestra vida por ella. Orando por ella, así como Yeshua oró por sus discípulos y por todos.
Creo que este es el cierre de la máxima responsabilidad y el máximo ejemplo que nosotros podemos seguir, del cual podemos tomar fuerza, guía y ejemplo es nada menos que del Mesías. Por tanto, no te desalientes, ni te desanimes. Obviamente que, como esposos, todos fallamos, ninguno somos perfectos. Todos estamos en un proceso de transformación, de desarrollo y aprendizaje. Debemos seguir creciendo espiritualmente, imitar los pasos de nuestro Mesías. Dios es bueno y el hecho de esforzarnos y ser valientes en buscar hacer la voluntad de Dios en todo lo que hemos aprendido, nos hará llevar nuestro matrimonio a otro nivel y nos hará amar a nuestra esposa profundamente. Al cumplir con esta responsabilidad serás grandemente bendecido.
No te desanimes si estás fallando en alguno de estos puntos o en varios de ellos. Yo quiero confiar y creer en el Eterno que nunca es demasiado tarde. Doblemos rodillas delante de Él, busquémosle de todo nuestro corazón y hagamos lo que tengamos que hacer y tomemos acción. No esperemos más porque nadie más lo va a hacer por nosotros. Tú eres el único esposo en esa casa y el que debe llevar a cabo estas acciones. Te garantizo que valdrá la pena. Dios es bueno y está con aquellos que se esfuerzan.
PROVERBIOS 18:22
- El hombre que halla esposa encuentra un tesoro y recibe el favor del SEÑOR. (NTV)
- Quien halla esposa, halla la felicidad: muestras de su favor le ha dado el SEÑOR. (NVI)
- Si ya tienes esposa, ya tienes lo mejor: ¡Dios te ha demostrado su amor! (TLA)
Ya sé que no faltará alguno que diga: ‘Yo no me siento tan feliz’. Tal vez, nadie tenga el matrimonio perfecto, pero te aseguro que el hecho de empezar a poner en práctica y por obra, todo lo que acabamos de ver, va a ser un gran cambio en ti. Tu matrimonio puede llegar a ser lo más dulce y placentero que te puedas imaginar cuando cumplimos con nuestro rol. Si, tal vez, tu esposa es la que no está cumpliendo o está fallando. No por ello, tú dejes de cumplir tu papel. No dejes tus responsabilidades y toma la misma postura que en el trabajo. Si un compañero de trabajo no cumple lo suyo, pues ese es su asunto. Tú cumple lo tuyo delante de Dios y hazlo por el Eterno, primeramente. Si el primer mandamiento es: ‘Amar a Dios’, entonces, hazlo por amor a Dios. Porque yo te aseguro que va a haber un cambio en tu esposa.
Vamos a concluir este estudio y si fue de bendición para tu vida, te invito a que lo compartamos y le demos “like” (me gusta) a los videos y a que te suscribas al canal para apoyar esta obra también.
Que el Eterno te bendiga grandemente: ¡“Shalom”! / ¡Paz!
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