¿PODEMOS COMER ALIMENTOS SACRIFICADOS A LOS ÍDOLOS?
Sean todos bienvenidos a “Respuestas en la Biblia”, la serie de la “Kehilá” (Congregación) Camino a Emaús, donde estamos compartiendo la Palabra y conociendo la voluntad de Dios a través de las diferentes preguntas que abordan nuestra vida y caminar con el Señor. En este caso, hoy tenemos una pregunta relacionada con la alimentación. Sobre lo que podemos comer o no en situaciones particulares. En este caso especial, la pregunta que ustedes nos mandaron es la No. 182 ¿Podemos comer alimentos sacrificados a los ídolos? Una pregunta muy particular y ad-hoc que nos muestra la Palabra y que es un tema muy relevante para los creyentes. Principalmente para los creyentes de Corinto. Decimos esto porque vamos a plantear esta pregunta en el contexto correcto. Probablemente hoy, no parezca tan importante esta cuestión de la idolatría. Sin embargo, sí lo era en los días de Pablo. Además, esto no ha cambiado del todo, sigue habiendo una relación directa entre los alimentos y los ídolos. Yo sé que hoy vivimos en un mundo industrializado y, prácticamente, todos los alimentos vienen de Empresas, industrias y trasnacionales y no lo relacionamos. Pero, hay ciertos casos o poblaciones pequeñas donde todavía se puede llegar a dar. Vamos a entender y a responder esta pregunta, en una partida doble.
Primero, vamos a entender lo que implicaba comer en los días de Pablo y de “Yeshua” (Jesús) y también el tema de la idolatría que en hebreo se llama: “Avodá Zará”, si lo menciono más adelante es porque se refiere a eso.
COMER, MÁS QUE ALIMENTARSE
Vamos a entender primero la parte del alimento. La alimentación bíblicamente hablando, es decir, en tiempos de la Biblia y de Pablo, era algo más que ingerir alimentos. Era un tema delicado y bastante más profundo. Era también el compartir y tener comunión con la persona con la que se comía. Sentarse a comer con alguien era como ‘estar de acuerdo con esa persona’, compartir las creencias. Habitualmente, al comer con otros, se convivía con ellos y era el mejor momento para tener comunión. Así que no era comer por comer. En griego, el término es: “koinonía”.
De hecho, creo que Dios lo ve así. La comida debe ser un momento de convivio, de conocerse, de entablar conexión con la o las personas con quienes estamos. Hemos perdido mucho esa parte hoy, muy cierto, pero debemos de retomarlo y de entenderlo, una vez más, cómo se vivía en aquel tiempo. Si te veían comiendo con alguien, significaba que tú estabas de acuerdo con esta persona. Vamos a ver un ejemplo en la carta a los Gálatas 2:11-13:
“Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar. Pues antes que viniesen algunos de parte de Jacobo, comía con los gentiles; pero después que vinieron, se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión. Y en su simulación participaban también los otros judíos, de tal manera que aun Bernabé fue también arrastrado por la hipocresía de ellos.” (Gálatas 2:11-13 RVR60).
Aquí vemos la importancia que tenía el comer con alguien. Por supuesto, es lógico pensar que estamos hablando de alimentos “kosher” (aptos) y, no solo era el comer, sino lo que implicaba socialmente. Este pasaje nos muestra que Pedro comía con gentiles, pero, de pronto, viene esta situación incómoda para él, cuando viene Jacobo de Jerusalén, quien era el líder y lo ven comiendo. No podemos pensar que estaban comiendo camarones, langosta marina o cerdo. No, obviamente no iba a transgredir la ley Pedro. Sin embargo, era mucho el peso que tenía el compartir o comer, en este caso, con gentiles. Por eso, viene aquí la reacción de Pablo. Lo que quiero dejar en claro es la importancia que tenía el comer y compartir alimentos con alguien.
LA RELEVANCIA DE LA IDOLATRÍA
Ahora bien, vamos a ver el tema de la idolatría, el cual es más obvio y lógico entender la relevancia que tenían los ídolos para los días de Yeshua y de Pablo, así como lo que implicaba esto. Si la idolatría y la comida se asocian, ya que, generalmente, van juntos, ‘son una bomba’, pues son sumamente importantes para un judío. Sabemos, si hemos analizado la Biblia, que, para un judío, si hay algo que no tolera es el avodá zará, le rechazan de inmediato. De ninguna manera y bajo ninguna forma o presentación la aceptan. Si es avodá zará, no les importa y queda totalmente fuera. Había muchos casos donde la comida estaba asociada a la idolatría, es decir, estaban mezcladas. En aquellos días, la idolatría y sus cultos estaban prácticamente ligados. Hoy en día, todavía, en las festividades del Eterno, excepto “Yom Kippur” (Día del Perdón), no puede faltar el banquete festivo. De hecho, no podemos celebrar una fiesta del Señor, ni con alegría y gozo, como debe ser, si no hay una comida festiva. Entonces, en casi todas las culturas, donde quiera que vayas, dentro de los cultos y de las fiestas, estaba también la comida.
Yeshua nos muestra que, para los judíos y, en este caso los fariseos, era un tema sumamente delicado y repelían el tema de la idolatría.
Leamos Marcos 7:1-5:
“Se juntaron a Jesús los fariseos, y algunos de los escribas, que habían venido de Jerusalén; los cuales, viendo a algunos de los discípulos de Jesús comer pan con manos inmundas, esto es, no lavadas, los condenaban. Porque los fariseos y todos los judíos, aferrándose a la tradición de los ancianos, si muchas veces no se lavan las manos, no comen. Y volviendo de la plaza, si no se lavan, no comen. Y otras muchas cosas hay que tomaron para guardar, como los lavamientos de los vasos de beber, y de los jarros, y de los utensilios de metal, y de los lechos. Le preguntaron, pues, los fariseos y los escribas: ¿Por qué tus discípulos no andan conforme a la tradición de los ancianos, sino que comen pan con manos inmundas?” (Marcos 7:1-5 RVR60).
El debate no es en sí mismo sobre el alimento. No está hablando de si era kosher o no. ¡De ninguna manera! El debate, más bien, es el tema del seguimiento de costumbres, conocido como “minhaguim” y por eso, el mismo evangelio nos da una explicación, donde dice que ellos no comen incluso, cuando vuelven de las plazas, si no se lavan, prefieren no comer. Esto nos da una idea de la importancia que tenía para ellos en aquellos días el tema de la alimentación y la idolatría.
¿Por qué preferían no comer, si no llevaban a cabo todas estas costumbres? En gran manera, está relacionado con la idea de que, en este caso, los alimentos y los utensilios, transmiten un cierto grado de impureza o de inmundicia. Entonces, al tocar tú el alimento, el utensilio o manipularlo, estaban transfiriendo esa inmundicia al que lo consumía. Así, la forma de quitarle esa suciedad era haciendo un lavamiento. Y no cualquier lavamiento de manos, per se, lo cual es cultural, sino llevar a cabo un procedimiento de lavado de manos, en hebreo conocido como “Netilat Yadaim”. Tiene todo su ritual y, si no lo hacían de esa manera, preferían no comer. Por esta idea tan importante de no asociar el alimento que estaba en contacto con los ídolos o con los cultos y festividades, porque contaminaría a la persona. Esto es importante entenderlo. A veces, lo leemos por encima y no relacionamos el porqué de las discusiones de Yeshua.
Yeshua no contesta directamente esa pregunta sobre por qué comen sus discípulos con manos inmundas, si no se va, más bien, por el tema de que son muy celosos y estrictos en sus tradiciones y, por guardar su tradición, también terminan anulando el mandamiento. Finalmente, Yeshua concluye este debate diciendo: ‘No es lo que entra en el hombre lo que lo contamina, más bien es lo que está saliendo por su boca porque es la evidencia del corazón’. Este es el claro ejemplo, para, una vez más, entender la importancia que tenía la idolatría, el peso que se le daba y el rechazo que había en la idea asociada de los ídolos con el alimento. Entonces, esta era una situación de la tierra de Israel y de todos los judíos que estaban dispersos por el mundo.
Viene un cambio muy drástico y especial porque en el libro de los Hechos hemos leído que se desarrolla un avivamiento en muchos creyentes de origen gentil que comenzaron a acercarse al Dios de Israel, por medio de la fe en el Mesías. Por lo que, viene un debate sobre lo que harían con todos esos gentiles que se están acercando y que, no podemos negar que han recibido la “Ruaj” (Espíritu). ¿Cómo los vamos a tratar? ¿Cómo vamos a convivir con todos ellos, pues son muchísimos? Aquí es donde se desarrolla el Concilio de Jerusalén que está documentado en el libro de los Hechos, capítulo 15, el cual me gustaría mucho que leyéramos para entender la resolución que se dio y cómo va a afectar al resto de las comunidades. En este capítulo está hablando Jacob, el líder de la comunidad en Jerusalén, después de escuchar los testimonios de Pedro, de Pablo y lo que ha estado sucediendo. De cómo conectan esto de los gentiles que se acercan que, no son otros que las ovejas perdidas de la Casa de Israel y por mucha herencia que tengan de Abraham, finalmente, no les quita toda la experiencia, vivencias y el pensamiento que tienen de toda una vida dentro de un contexto pagano.
Leamos Hechos 15:19-22; 27-30:
Por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que se convierten a Dios, sino que se les escriba que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, de fornicación, de ahogado y de sangre. Porque Moisés desde tiempos antiguos tiene en cada ciudad quien lo predique en las sinagogas, donde es leído cada día de reposo. Entonces pareció bien a los apóstoles y a los ancianos, con toda la iglesia, elegir de entre ellos varones y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé: a Judas que tenía por sobrenombre Barsabás, y a Silas, varones principales entre los hermanos; / Así que enviamos a Judas y a Silas, los cuales también de palabra os harán saber lo mismo. Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación; de las cuales cosas si os guardareis, bien haréis. Pasadlo bien. Así, pues, los que fueron enviados descendieron a Antioquía, y reuniendo a la congregación, entregaron la carta;” (Hechos 15:19-22; 27-30 RVR60).
Aquí redactan el documento oficial que va a ser entregado en las comunidades fuera de Jerusalén, donde se establecieron estos principios de convivencia, de comunión. De cómo comenzar una relación entre creyentes de origen pagano y gentil y entre creyentes de origen judío que ahora creen en Yeshua, pero su contexto es muy diferente. Judas y Silas fueron los encargados de entregarlas y hacerles saber lo mismo. Esto se hizo para que pudiera haber una mínima comunión y lo que leemos aquí en el libro de los Hechos, es el inicio de un proceso de unidad. Pero, a veces, por más amor y unidad que pueda haber, también hay que establecer algunos principios de manera clara. En este caso, era necesario hacerlo, para que realmente la comunidad pudiera avanzar y celebrar las fiestas, celebrar “shabat” (día de reposo) y congregarse para estudiar juntos.
LA CARNE SACRIFICADA A LOS ÍDOLOS
Vamos ahora sí, al tema de lleno de la carne sacrificada a los ídolos. ¿Se puede o se deben comer alimentos sacrificados a los ídolos? Creo que, no hay cultura o país que, dentro de sus festividades, no tengan relación con la comida. En México, es muy común el pan de muerto; así como la comida ofrecida en los altares a los fallecidos. En Estados Unidos, la calabaza de Halloween y, cada país tiene lo suyo.
Vamos a leer en la Escritura, cuál es el planteamiento que, tiempo después Pablo da sobre este tema. Porque es una pregunta que, al igual que aquí la estamos analizando, también a él le interrogaron sobre el tema específicamente.
Leamos 1 Corintios 8:1-13:
“En cuanto, a lo sacrificado a los ídolos, sabemos que todos tenemos conocimiento. El conocimiento envanece, pero el amor edifica. Y si alguno se imagina que sabe algo, aún no sabe nada como debe saberlo. Pero si alguno ama a Dios, es conocido por él. Acerca, pues, de las viandas que se sacrifican a los ídolos, sabemos que un ídolo nada es en el mundo, y que no hay más que un Dios. Pues, aunque haya algunos que se llamen dioses, sea en el cielo, o en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores), para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él. Pero no en todos hay este conocimiento; porque algunos, habituados hasta aquí a los ídolos, comen como sacrificado a ídolos, y su conciencia, siendo débil, se contamina. Si bien la vianda no nos hace más aceptos ante Dios; pues ni porque comamos, seremos más, ni porque no comamos, seremos menos. Pero mirad que esta libertad vuestra no venga a ser tropezadero para los débiles. Porque si alguno te ve a ti, que tienes conocimiento, sentado a la mesa en un lugar de ídolos, la conciencia de aquel que es débil, ¿no será estimulada a comer de lo sacrificado a los ídolos? Y por el conocimiento tuyo, se perderá el hermano débil por quien Cristo murió. De esta manera, pues, pecando contra los hermanos e hiriendo su débil conciencia, contra Cristo pecáis. Por lo cual, si la comida le es a mi hermano ocasión de caer, no comeré carne jamás, para no poner tropiezo a mi hermano.” (1 Corintios 8:1-13 RVR60).
Vamos a analizar este pasaje que, es justamente el tema que nosotros también estamos estudiando.
Dice el verso 1: en cuanto a lo sacrificado a los ídolos, todos tenemos conocimiento. Entonces, no es un tema nuevo para nadie. Pero, vamos a ver el “halajá” (interpretación) y la parte práctica para poder responder esta pregunta. Porque el amor sin conocimiento no es amor, y éste envanece. Continúa diciendo que, si alguno sabe algo, aún no lo sabemos como deberíamos. Mientras más conocemos de algo, nos damos cuenta de que menos conocemos ese tema. ¿Qué sucedía en Corinto que era uno de los lugares más idólatras y de paganismo? Después de ciertos cultos, festividades o sacrificios a los ídolos, la carne que quedaba se vendía y ofrecía en el mercado y, generalmente, era más barata. Recordemos que, además, en esos días no es que se comiera carne todos los días. Implicaba un gran costo y que, también no había refrigeradores. Así, la carne se tenía que vender sí o sí regalar o consumir. Entonces, era la oportunidad para algunos, porque les salía más barato. Pero, como leímos ya, la ‘avodá zará’ era totalmente inaceptable y rechazada, por la idea y pensamiento de que, todo lo que comes se hace parte de ti. Así, el pensamiento era, si esto lo tocó o se ofreció o fue parte del ídolo y del rito, pues ya me va a contaminar. Hasta determinado punto esto es cierto, lo que comes es parte de ti. Pero, también hay que separar esto. ¿Realmente una comida adquiere algo o se contamina espiritualmente por el contexto o por ser parte de un rito o de un ídolo? ¿Será que el ídolo pueda transmitirle algo al alimento? Y, si se transmite al alimento y te lo comes, ¿qué puede suceder?
Lo primero que nos dice el apóstol Pablo en el verso 4 es: ‘Sabemos que un ídolo nada es’. Ellos dirán lo que sea. Que tiene poderes, que está vivo, hace milagros, pero realmente, Pablo es muy directo y claro al decir: ‘Sabemos que en un ídolo no hay nada, porque sabemos que hay un solo Dios’. Esto es parte del “Shemá” (Escucha): ‘Escucha Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor, uno es’. Entonces, no hay más dioses fuera de Él, como dice a partir del verso 6. Pero también dice que no en todos está ese conocimiento y es común que, una persona que viene de un contexto pagano y, de pronto, se convierte y su énfasis de guardar lo hace más ortodoxo. Lo cual se entiende, porque viene del otro extremo. Y, en otros casos, la falta de conocimiento también implica que no han llegado a una madurez. Pablo lo llama: ‘una conciencia débil’. Sin embargo, tampoco debemos entender como conciencia fuerte, que debo de hacer lo que quiera. Aquí le llama conciencia débil o de la fe, ligado al conocimiento de la Escritura. Por eso, es tan importante conocer la Palabra. Sé que, a veces, hay personas a las que les da flojera o la consideran aburrida o sin alguna utilidad, pero realmente, el conocimiento de la palabra con amor nos hace madurar y buscar la voluntad de Dios. Así también dice: no por comer te hace más, ni por no comer, te hace menos, para que nadie se sienta mejor o más “kosher” (apto, limpio, puro) o en otro nivel por el tema de la comida.
Al final, dijo Yeshua en Marcos 7:9-11:
‘Todo se irá a la letrina’. Delante de Dios no somos nada. Dice a partir del verso 9-11:
‘Pero mirad que esta libertad vuestra, no venga a ser tropezadero para los débiles. Porque si alguno te ve a ti, que tienes conocimiento, sentado a la mesa en un lugar de ídolos, la conciencia de aquel que es débil, ¿no será estimulada a comer de lo sacrificado a los ídolos? Y por el conocimiento tuyo, se perderá el hermano débil por quien Cristo murió. (Marcos 7:9-11)
¡Esta es la clave! Aquí viene la respuesta a la pregunta que estamos planteando. ¡Qué trágico! Se puede perder una persona que fue ganada para el Mesías por quien Él murió. Ciertamente, si nos enfocamos y le damos una respuesta concreta a la pregunta sería esta: Si podemos comer carne o alimentos que fueron sacrificados a los ídolos porque un ídolo nada es. Sin embargo, aquí viene la parte más relevante: ‘Si esto va a hacer tropezar a tu hermano o, incluso, puede llegar al grado en que se pierda, entonces, no andas conforme al amor.
Que es lo mismo que Pablo plantea en Romanos 14:12-23:
“De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí. Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros, sino más bien decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano. Yo sé, y confío en el Señor Jesús, que nada es inmundo en sí mismo; más para el que piensa que algo es inmundo, para él lo es. Pero si por causa de la comida tu hermano es contristado, ya no andas conforme al amor. No hagas que por la comida tuya se pierda aquel por quien Cristo murió. No sea, pues, vituperado vuestro bien; porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. Porque el que en esto sirve a Cristo, agrada a Dios, y es aprobado por los hombres. Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación. No destruyas la obra de Dios por causa de la comida. Todas las cosas a la verdad son limpias; pero es malo que el hombre haga tropezar a otros con lo que come. Bueno es no comer carne, ni beber vino, ni nada en que tu hermano tropiece, o se ofenda, o se debilite. ¿Tienes tú fe? Tenla para contigo delante de Dios. Bienaventurado el que no se condena a sí mismo en lo que aprueba. Pero el que duda sobre lo que come, es condenado, porque no lo hace con fe; y todo lo que no proviene de fe, es pecado.” (Romanos 14:12-23 RVR60).
Es un tema asociado que no solo abarca al alimento, también debemos darnos cuenta de que cubre muchos otros sentidos. Aquí nos dice que no podemos ir más allá de nuestra conciencia. Si tu conciencia te está diciendo: ‘No comas esto, por idolatría o porque ya cayó en un estado de inmundicia’. ¡No lo hagas! Porque estarías yendo más allá de tu conciencia. ‘Bienaventurado el que no se condena así mismo en lo que aprueba’ porque aquí, nos habla, una vez más, de que el estándar o el “halajá” (interpretación) de cada uno, está muy ligado a nuestra propia conciencia. Aquí está la clave. Si yo sé que, para mi hermano, voy a ser tropiezo o puede caer o volver a la idolatría o que, de ahí, puede emprender el camino que lo lleve a los pies de los ídolos, es mejor abstenerse completamente de eso por amor al prójimo. Por amor a quien por el cual, el Mesías murió.
Volvamos 1 Corintios 8:12- 13:
“De esta manera, pues, pecando contra los hermanos e hiriendo su débil conciencia, contra Cristo pecáis. Por lo cual, si la comida le es a mi hermano ocasión de caer, no comeré carne jamás, para no poner tropiezo a mi hermano.” (1 Corintios 8:12- 13)
Tenemos que ser pacientes, dice Pablo, todo esto tiene un tiempo, no todos van a la par en el conocimiento. En la medida que esa persona se vaya afianzando en la fe, también hará uso de esa libertad, pero sin ser tropiezo a otros. La conciencia de un creyente más débil es más importante que la libertad individual. Podemos hacer algo permitido, pero nunca debemos de obstaculizar la salud espiritual de otra persona. Un creyente no debe de animar a otro a vulnerar su propia conciencia. Por ello, es muy difícil dictar un halajá escrito tal cual, que rija a toda una comunidad. ¡Es complicado! Porque la conciencia y las circunstancias de cada uno son diferentes.
LIBERTAD PERSONAL VS AMOR
Esta idea la reitera Pablo una vez más en 1 Corintios 10:23-33:
“Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica. Ninguno busque su propio bien, sino el del otro. De todo lo que se vende en la carnicería, comed, sin preguntar nada por motivos de conciencia; porque del Señor es la tierra y su plenitud. Si algún incrédulo os invita, y queréis ir, de todo lo que se os ponga delante comed, sin preguntar nada por motivos de conciencia. Mas si alguien os dijere: Esto fue sacrificado a los ídolos; no lo comáis, por causa de aquel que lo declaró, y por motivos de conciencia; porque del Señor es la tierra y su plenitud. La conciencia, digo, no la tuya, sino la del otro. Pues ¿por qué se ha de juzgar mi libertad por la conciencia de otro? Y si yo con agradecimiento participo, ¿por qué he de ser censurado por aquello de que doy gracias? Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios. No seáis tropiezo ni a judíos, ni a gentiles, ni a la iglesia de Dios; como también yo en todas las cosas agrado a todos, no procurando mi propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos.” (1 Corintios 10:23-33 RVR60).
Aquí la pregunta sería: ¿hasta dónde podemos hacer uso de nuestra libertad en el Mesías y en el conocimiento que tenemos? ¿Hasta dónde estaremos siendo de tropiezo?
A veces, hay que ir más allá de si es lícito o no. Porque puede ser legal, pero no necesariamente es legal para Dios o que vaya de acuerdo con el proceder del Mesías. En el verso 25 nos dice que comamos de todo lo que hay en la carnicería sin preguntar nada, pero en el verso 27 va más allá. Aquí no se trata de que compremos la carne para nosotros, sino cuando nos hacen una invitación de un no creyente o incrédulo. Evidentemente, aquí se trata de alimento que no transgreda la “Torá” (Instrucción, Ley); es decir kosher. No está anulando las leyes de “kashrut” (apto, limpio, puro). ¡De ninguna manera! Todo el alimento que te pongan frente, de acuerdo con la Torá: cómetelo. Y en el verso 28, viene la situación que se puede complicar al declarar que, el alimento fue sacrificado a los ídolos. No se vale decir: ‘A mí qué me importa tu conciencia, es tu problema. Yo estoy en la libertad que me da el Mesías, un ídolo nada es’. Aquí, por supuesto, viene el precepto del amor, por encima del estómago. El amor va primero que nuestro apetito. Entonces, el hermano débil, no es que se oponga por una cuestión de la idolatría, sino que lo puede llevar a los ídolos y se puede malinterpretar lo que estamos haciendo. Esta es la parte que debemos de cuidar. No es que seamos hipócritas, sino que, debemos ser cuidadosos en que lo que hagamos, que no sea de tropiezo para otros o haga que otras personas, se pierdan.
Entonces, aquí hay un freno muy fuerte dentro de esa libertad porque nos han dado una advertencia para no provocar al hermano más débil. Y los versos 30 a 33, nos dicen que no nos olvidemos del objetivo y propósito verdaderos: ‘Que la gente sea salva’. Porque no es posible que, por una comida, puedas provocar o incitar a que una persona se pierda. ¡Maduremos en nuestra libertad y conocimiento de la Palabra! Es lo que nos dice Pablo. Y, en lugar de estar pensando en vivir en toda la plenitud de la libertad, más bien pensemos de qué manera podemos alcanzar a otros y en cómo no ser tropiezo a los demás. Guardemos con la finalidad de que, muchos otros, terminen conociendo de la Escritura.
CONCLUSIONES
¿Qué concluimos de esto que hemos leído? Aparentemente, parecería que Pablo estuviera contradiciendo los designios de Hechos 15 en el Concilio de Jerusalén. Realmente, lo que leemos en este capítulo fue una medida de reglas de convivencia social. De un bienestar para la conciencia de todos. Es decir, lo que se determinó ahí, iba a ayudar a que, realmente, la comunidad pudiera tolerarse, aceptarse y crecer. Por un lado, los judíos que no toleraban la idolatría no iban a tener este problema o este estorbo, porque al decir: ‘Eviten lo sacrificado a los ídolos, fornicación, sangre, etcétera’, no les representaba ningún problema. Pero, por otro lado, para los hermanos que vienen de un contexto gentil y que, ahora, son muy celosos y quieren guardar, ya leímos que un ídolo nada es en el mundo y no transmiten propiamente la impureza, hablando siempre de comida permitida, por supuesto. Entonces, para que no se sientan ofendidos, sean debilitados o sean de tropiezo, mejor evitémoslo. Esto es un ejemplo muy bueno para cualquier persona que quiere ser o forma parte de una comunidad. Si vas a establecer reglas, piensa en el bienestar general, piensa en cuáles vayan a ser para que no haya malestar o, por lo menos, haya el mínimo tropiezo. Estos cuatro preceptos que se dan en Hechos, capítulo 15, no son los únicos, ya hemos hablado de ese tema. Pero son el inicio de una sana y buena convivencia para todos.
Entonces, comer carne que se ofrece a un ídolo no es intrínsecamente malo o pecado. La carne no está contaminada por el hecho de haber sido tomada de un ritual, un sacrificio, un dios. Sin embargo, debemos de ser cuidadosos en no hacer tropezar a nadie, porque no solo es el tema del alimento y de la idolatría. Este halajá aplica, prácticamente, para todo. El amor requiere que estemos dispuestos a hacer concesiones. Si realmente queremos agradar a Dios, vamos a estar dispuestos a hacerlo. “Mi libertad termina, donde puedo ser de tropiezo a otros”.
Dice el Salmo 133:1:
“¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!” (Salmo 133:1 RVR60).
¿Cómo van a habitar juntos en armonía, si no hubiera este acuerdo y sentir de abstenernos o limitarnos en nuestra libertad, si vamos a ser de tropiezo para nuestros hermanos?
Hoy en día sigue habiendo estas controversias por el pan de muerto, la calabaza de Halloween y muchos otros alimentos relacionados con cultos o si podemos acudir a un restaurante chino que tienen figuras y estatuas de adorno y probablemente les hayan ofrecido a sus ídolos la comida antes de servirla. Todo es por motivos de conciencia. Si tu conciencia te condena: No lo hagas entonces. Actualmente, el halajá judío ortodoxo marca que un judío no puede comer pan y vino, hechos por manos de un gentil. Sea cual sea la razón, no los consumen, los evitan. Estos son temas que, como vemos, siguen vigentes en nuestros días. Que Dios nos dé sabiduría a todos y a cada uno, porque el pan y el alimento es de todos los días y debemos ser muy cautos con esto para que pueda ser, incluso un medio para alcanzar a otros.
Nos vemos en la próxima pregunta de “Respuestas en la Biblia”.
Que el Eterno te bendiga grandemente: ¡“Shalom”! / ¡Paz!
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