¿PUEDO COMER ALGO PROHIBIDO PARA NO OFENDER A ALGUIEN?  

Bienvenidos a “Respuestas en la Biblia”, sigamos conociendo y aprendiendo más de la Palabra de Dios. Estamos ya en la pregunta No. 183 ¿Puedo comer algo prohibido para no ofender a alguien? ¿Qué les parece esta pregunta, ustedes qué dicen? Esta interrogante se deriva de situaciones en las que más de una persona que está leyendo el estudio, seguramente, ha vivido. Como creyentes, nos podemos enfrentar durante nuestra convivencia con personas que aún no son creyentes y, por lo tanto, nos pueden llegar a ofrecer gran cantidad de cosas que no van de acuerdo con lo que dice la Palabra. Ya sea en el trabajo, la escuela, con la familia, nunca falta la abuelita, el tío, el primo, que nos invitan a comer y, ya sabes, con todo cariño y amor, te ofrecen algún alimento que ya sabemos qué dice en la Palabra que, está prohibido. ¿Qué hacer en cada caso y cómo reaccionar en cada situación? Sé que más de una persona dirá: ‘Yo tengo firmeza’; ‘Y, a estas alturas, por nuestro conocimiento ya nos queda claro’. Sin embargo, vamos a ver lo que nos muestra la Palabra y, sobre todo, cuando tenemos el conocimiento de lo que nos plantea la Biblia, como lo que vimos en la pregunta anterior, la No. 182 ¿Podemos comer alimentos sacrificados a los ídolos?

SER CUIDADOSOS DE NO TRASGIVERSAR LA PALABRA       

Primero, debemos estar atentos a no tergiversar la Palabra. Aunque muchos digan que la conocen, no necesariamente la aplican y viven tal cual. Hay mucha distorsión en la interpretación de las escrituras y aquí les muestro un ejemplo en el siguiente pasaje de 1 Corintios 10:27:

 “Si algún incrédulo os invita, y queréis ir, de todo lo que se os ponga delante comed, sin preguntar nada por motivos de conciencia.” (1 Corintios 10:27 RVR60).

Yo mismo he escuchado que la interpretación de este versículo es: ‘Come de todo. No importa lo que te pongan delante’. Si te preocupa si es “kosher” (apto, limpio, puro) o no, mejor por motivos de conciencia, no preguntes y cómelo. Casi como el dicho: ‘ojos que no ven, panza que no siente’. Evidentemente, aquí no se está interpretando en el contexto correcto, considerando todo lo que la Palabra de Dios nos dice. En este pasaje, parece que la única limitante en la comida sería tu conciencia. Pero, vamos a dejar en claro, una vez más, un principio fundamental y básico: “Yeshua” (Jesús) no vino a anular la ley, ni a abrogarla o modificarla. Entonces, si no vino a cambiar la ley, quiere decir que estos principios bíblicos de la alimentación siguen vigentes y no se han anulado. No por una cuestión de salud, sino por otras razones tan simples como: seguir la dieta bíblica, como la obediencia al Dios que amamos y ser fiel a la Palabra, lo cual ya hemos analizado en otras preguntas. Esto sigue vigente. Dios no cambia de planes y tampoco la Biblia es un menú, del cual uno escoge qué sí guardar o qué no guardar. 

Si Dios nos dio mandamientos sobre la alimentación, es porque Él sabe qué es lo mejor para nosotros y porque son aspectos que nos relacionan con Él. La Biblia es muy clara en el libro de Levítico, capítulo 11 sobre lo que se puede y no se puede comer. Si te queda alguna duda, tenemos una pregunta en esta serie sobre la comida kosher, así que, yo les invito a que analicen la pregunta No. 181 ¿Qué es la comida kosher? 

Entonces, la conclusión es, no debemos comer algo que nos esté prohibido, venga de quien venga. Porque por sobre todas las cosas, está nuestra relación con Dios. Si Dios es nuestra prioridad y es con Él con quien debemos quedar bien, vamos a tener que anteponer nuestra relación con Él, a nuestra relación con la abuelita, con el primo, con la Tía, o con cualquier persona que, seguramente, lo hace con la mejor intención. Eso también hay que decirlo y reconocerlo. Muchas de las personas que nos ofrecen un alimento que no es kosher, no lo hacen por perversos y malignos. Simple y sencillamente no está enterado o no está muy claro que has cambiado o, a lo mejor, no estamos dando testimonio como verdaderos creyentes y no han visto ningún cambio en nosotros. 

Por tanto, la respuesta en concreto es: ¡No! No podemos aceptar ningún alimento prohibido de acuerdo con la Biblia por no ofender a alguien. 

¿Y QUÉ PASA CON EL AMOR?      

Alguien dirá: ¿Qué pasa con el amor? ¿No que mucho amor y primero está el prójimo antes que un alimento? ¡Sí, es cierto! El amor es importante y forma parte de una relación. Pero, rechazar un alimento no es falta de amor, es tener a Dios como prioridad. Otros preguntarán: ‘¿Qué pasa si, por amor, decido aceptar el alimento y me sacrifico?’. ‘Ni me gusta, pero me lo voy a comer para que no se ofenda el otro hermano y le pueda seguir compartiendo’. A veces, podemos hacernos de argumentos y de razones para justificarnos. Cuando la persona sepa que aceptaste el alimento por amor, probablemente al principio, te agradezca por el hecho. Sin embargo, en el fondo, te va a ver como una persona sin convicciones firmes. Es preferible decir que no, con mucho tacto y amor, que aceptar el alimento, e ir en contra de la “Torá” (Instrucción, Ley). También hay que saber decir que no. Cuenta mucho la actitud y cómo lo haces. Hay mil y una formas de decir que no. Cuando a la persona le importa la relación, también habrá respeto y entendimiento de lo que cada uno cree y, en este caso, de lo que cada uno coma. Sin duda, será un momento incómodo y no agradable, pero cuando hay amor verdadero, esos aspectos ya no van a ser tan relevantes e importantes. Probablemente, conozcas a alguien que no toma vino y eso no tendría que ser un impedimento para cenar “Shabat” (Día de reposo) o, a lo mejor es vegetariano o, incluso vegano, pero si realmente te interesa la relación vas a encontrar la manera de seguir la convivencia sin que, el alimento sea una razón o pretexto para separarse. 

También yo creo que, no debemos tener temor de eso. Si una persona a la que se le dice no a algo que nos ofrece, pero se hace con amor, cariño y paciencia y aun así, dice que no quiere convivir con nosotros, quiere decir que, tal vez, no éramos tan importantes para esa persona. Por eso les digo, cuenta mucho el cómo decimos que no. Porque si nos ponemos en una actitud farisea y totalmente intransigente diciendo: ‘Yo no como de esas carnes inmundas’. ‘No traigan delante de mí la inmundicia’ o algo parecido, realmente, será muy “kasher” (apto) lo que comemos, pero nuestro corazón y manera de ser no estará expresando amor. Así que, es muy importante cómo lo rechazamos y cómo decimos que no y nos abstenemos. Es prioridad dentro del “halajá” (interpretación) del Mesías, no perder el sentimiento del amor, pero tampoco podemos sacrificar nuestra relación con Dios, por nuestra relación con el hombre. Menos, cuando primero está el amor a Dios. 

¿Qué pasa si de plano no hay nada qué comer, más que lo prohibido? Voy al restaurante o a casa de mi mamá y me preparó comida prohibida. Bueno, pues yo te diría: ¿Qué te cuesta quedarte una tarde o una noche sin comer? Y, seguramente, habrá algo más que siempre se pueda comer. Unas galletas, un pan o algo así. Pero, si es necesario sacrificarnos así, hagámoslo así. Más no en nuestra relación con Dios. 

Porque al final, a veces, uno va cediendo y cediendo y la gente, ni por eso, se termina convirtiendo. Muchas veces, da mejor testimonio, a largo plazo, el tener una firme convicción de lo que creemos, que andar cediendo a las cosas del mundo. Volviendo al tema de cómo decir que no, ¿cómo evitar el momento bochornoso o difícil lo más posible? Primero, si es importante avisar o prever que uno no puede comer ciertos alimentos. Porque, a veces, las personas se ofenden y, con justa razón, porque se pasó una buena cantidad de tiempo y gastó cierto importe de dinero para preparar o comprar el alimento. Y nosotros les decimos, hasta después de todo eso, que no podemos comer esa comida. También, tal vez, haya un convivio o festividad en la que tú tengas que llevar tus propios alimentos y no pasa nada. Si lo que importa es el convivio, estar juntos y pasar el tiempo, entonces, hay que aplicarnos nosotros también para ser cautelosos y previsores y llevar el alimento. Lo mismo pasa con los niños. Se les ofrecen alimentos y ellos no saben si pueden o no pueden y les da miedo preguntar si tiene cerdo o no, etcétera. Por ello, es mejor prever, anticiparse, decir a las personas lo que comemos y lo que no o nosotros mismos tomar la iniciativa de traer alimento porque no comemos de todo. 

En una ocasión me pasó a mí, que fuimos a una comida de la oficina y, me pareció increíble, pero era un buffet de mariscos y pescados. Pero no me supieron decir, de los pocos pescados que había, si eran kosher o no. Todo lo demás que había eran camarones, jaibas, langostas y pulpo que no podemos comer. Entonces, comí solo galletas saladas y tostadas porque, de plano, no había nada apto. 

También creo que es importante, siempre exponer la verdad y ser honestos. Porque, a veces, debido a la presión o la pena, hay quien inventa todo tipo de excusas: ‘Mi Doctor me prohibió la carne de cerdo o soy alérgico’. ¿Para qué andar inventando y luego enredarse en palabras? Si hay una relación y va a seguir, es mejor ser honesto y decir la verdad. En un restaurante, a veces, al mesero se le dice: ‘Si usted me sirve cerdo, soy alérgico y me muero’ para que se lo tomen en serio. Porque también hay lugares donde te dicen que no tiene nada de cerdo y resulta que sí. Sin embargo, si hablamos de un familiar, de un amigo o alguna relación importante, es prioritario dejar las cosas claras y decir la verdad: ‘Seguimos la dieta bíblica y lo que dice la Palabra y, pues, este alimento está prohibido para mí’. 

Por experiencia de muchas personas que nos han platicado, al principio hay un recelo, burla o rechazo, pero, eventualmente, la gente termina aceptándonos como somos y como son las cosas. Por eso les digo, cuando hay amor, una buena relación, la gente se tolera, se acepta como es y con lo que cree. Así, tú tampoco rechaces a otros si no comen lo que tú comes o si comen lo que tú no comes. Debemos ser sabios en esto, porque también podemos tomar una actitud muy intransigente y religiosa que lastime a otro o lo haga tropezar. No debemos perder el objetivo que es alcanzar la salvación de otros. En ocasiones, nos ganamos, con justa razón, una mala fama de manera innecesaria. Así, nosotros debemos tener cuidado de no caer en el otro extremo, de no convivir con alguien. Dependerá de si es un hermano que ya debería de guardar y, sin embargo, sigue transgrediendo, sería la excepción. 

Nos vemos en la próxima pregunta de “Respuestas en la Biblia”. 

Que el Eterno te bendiga grandemente: ¡“Shalom”! / ¡Paz!

CategoríaAlimentación
Escribe un comentario

*

Your email address will not be published.

© 2012 -2024 KEHILÁ Camino a Emaús.
Todos los derechos reservados

Síguenos en:           
Menu