¿QUÉ IMPORTANCIA TIENE EL AYUNO?

Estamos en “Respuestas en la Biblia”, sean bienvenidos todos. Estamos conociendo más de la Escritura y hoy vamos a ver una pregunta muy interesante: la No. 169. ¿Qué importancia tiene el ayuno? El ayuno es bastante conocido y, seguramente, algo que has vivido o que te ha tocado experimentar en algún momento. Pero hoy vamos a definir y entender un poco más por qué el ayuno es tan importante en nuestras vidas. Por qué es necesario, qué es lo que implica y qué tipos de ayuno existen.
La verdad es que no se sabe bien a bien, quién instituyó el ayuno o quién fue el primero que inició con esta práctica, pero tenemos evidencias desde la época del libro de los jueces. Estamos hablando de que cuando el pueblo de Israel se asentó en la tierra de Canaán, ya era conocido y practicado por los israelitas. Es evidente que, el ayuno, era una práctica común de forma cultural. Es decir, toda esta zona, toda la región, no solo eran los hebreos o israelitas los que practicaban el ayuno. Por ejemplo: en el libro de Jonás, cuando este va y les predica a los ninivitas (pueblo asirio) de que se arrepientan, ellos ayunan y hacen “teshuvá” (arrepentimiento). Esto quiere decir que el ayuno era algo universalmente conocido. De hecho, era tan común que, es una de las preguntas que hicieron los fariseos y otros grupos a “Yeshua” (Jesús), cuando dicen que van los discípulos de “Yohanan” (Juan el Inmersor): ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos muchas veces y tus discípulos no ayunan? Era tan común, que ya sabían cuándo ayunaban ciertos grupos, acompañados de otras actividades o acciones. Esto es interesante y relevante.
¿POR QUÉ SE AYUNA?
Vamos a analizar los diferentes motivos en la Biblia por los que se ayuna:
- El ayuno es una muestra de aflicción. Esdras 8:21:
“Y publiqué ayuno allí junto al río Ahava, para afligirnos delante de nuestro Dios, para solicitar de él camino derecho para nosotros, y para nuestros niños, y para todos nuestros bienes.” (Esdras 8:21 RVR60).
Esto lo manifiesta Esdras cuando publica ayuno y aflicción, lo que nos muestra que van de la mano y, que conllevan esta actitud. Leamos otro ejemplo para identificar cuándo la Biblia nos pide ayuno:
2 Samuel 1:12:
“Y lloraron y lamentaron y ayunaron hasta la noche, por Saúl y por Jonatán su hijo, por el pueblo de Jehová y por la casa de Israel, porque habían caído a filo de espada.” (2 Samuel 1:12 RVR60).
En un momento en que perdieron la batalla y Saúl y Jonatán murieron, como que iba acompañado de toda esta aflicción y el ayuno era parte de eso.
- El ayuno es una muestra de teshuvá. 1 Reyes 21:27:
“Y sucedió que cuando Acab oyó estas palabras, rasgó sus vestidos y puso cilicio sobre su carne, ayunó, y durmió en cilicio, y anduvo humillado.” (1 Reyes 21:27 RVR60).
Aquí vemos la humillación, el cilicio y elementos como de duelo y aflicción, pero también el ayuno es una expresión de arrepentimiento.
- Es una muestra de humillación delante del Eterno: 2 Crónicas 20:3:
“Entonces él tuvo temor; y Josafat humilló su rostro para consultar a Jehová, e hizo pregonar ayuno a todo Judá.” (2 Crónicas 20:3 RVR60).
Proclamó ayuno, no solo de forma personal, sino general, como diciendo: ‘Hay que humillarnos delante de Dios’.
2 Samuel 12:16:
“Entonces David rogó a Dios por el niño; y ayunó David, y entró, y pasó la noche acostado en tierra.” (2 Samuel 12:16 RVR60).
Aquí otro ejemplo de que el ayuno conlleva humillación delante de Dios para buscarle.
- El ayuno es una forma de buscar dirección. Daniel 9:3:
“Y volví mi rostro a Dios el Señor, buscándole en oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza.” (Daniel 9:3 RVR60).
Joel 1:14:
“Proclamad ayuno, convocad a asamblea; congregad a los ancianos y a todos los moradores de la tierra en la casa de Jehová vuestro Dios, y clamad a Jehová.” (Joel 1:14 RVR60).
Hechos 14:23:
“Y constituyeron ancianos en cada iglesia, y habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído.” (Hechos 14:23 RVR60).
Para constituir ancianos y confirmar personas, hicieron estos ayunos, para tener la confianza de que Dios les estaba dirigiendo.
- Otra razón de ayunar es la intercesión. Así como David estaba buscando al Señor, intercediendo, de cierta manera, por su hijo.
“YOM KIPPUR” (DÍA DEL PERDÓN): ÚNICO AYUNO ORDENADO BÍBLICAMENTE
El ayuno de “Yom Kippur” (Día del Perdón o Día de la Expiación) es el único ayuno bíblicamente ordenado. De hecho, es un mandamiento y esto lo encontramos en Levítico 23:28-29/32:
“Ningún trabajo haréis en este día; porque es día de expiación, para reconciliaros delante de Jehová vuestro Dios. Porque toda persona que no se afligiere en este mismo día, será cortada de su pueblo. /”Día de reposo será a vosotros, y afligiréis vuestras almas, comenzando a los nueve días del mes en la tarde; de tarde a tarde guardaréis vuestro reposo.” (Levítico 23:28-29/32 RVR60).
Yo sé que más de alguno de ustedes dirá: ‘¿Cuál ayuno? Aquí dice que me aflija, pero ¿dónde está el ayuno?’. En el verso 32 resulta que la palabra alma, la cual habitualmente entendemos como esta parte espiritual, en hebreo es la palabra “néfesh” que también significa o se traduce como estómago o apetito. ¿De qué manera podemos afligir el estómago o más literalmente de qué manera podemos afligir el apetito? No se trata de golpearte el estómago, evidentemente, está hablando aquí de un ayuno. Es universalmente aceptado y reconocido que el ayuno es la forma de afligir, en este caso, el néfesh, el alma, el estómago o el apetito. Es uno de los mandamientos más relevantes dentro de Yom Kippur, considerado, por supuesto, como el ayuno más importante que se pueda hacer en el año.
Sin embargo, en la tradición judía, también es conocido y entendido que se hacen otros ayunos como, por ejemplo: la aflicción del Templo, la muerte de Gedalías, el ayuno de los primogénitos en Pésaj, el ayuno de Ester, previo a la fiesta de “Purim” (Fiesta de las Suertes) que sí aparecen en la Biblia, aunque no son ordenados, finalmente, están ahí escritos. Vamos a ver otro ayuno que no se considera como mandamiento, sin embargo, formaba parte de la costumbre del pueblo en aquellos días. Estamos hablando de los días posteriores al exilio y del regreso de Babilonia. Ya se había instituido de manera general.
Vamos a leer Zacarías 8:19:
“Así ha dicho Jehová de los ejércitos: El ayuno del cuarto mes, el ayuno del quinto, el ayuno del séptimo, y el ayuno del décimo, se convertirán para la casa de Judá en gozo y alegría, y en festivas solemnidades. Amad, pues, la verdad y la paz.” (Zacarías 8:19 RVR60).
Aquí queda muy claro que ya estaban establecidos esos ayunos. El ayuno del 4to mes se refiere al 17 de Tamuz, que es cuando se rompieron las murallas de Jerusalén. El ayuno del 5to mes se refiere al Tishá b’Av o 9 de Av, que es cuando viene la destrucción del primer y segundo Templo. El ayuno del séptimo mes se refiere al 3 de Tishri, que es el ayuno de Gedalías que fue el último líder de la comunidad israelita de Judá que mataron después de la destrucción del primer Templo. Finalmente, el ayuno del 10mo mes que es el 10 de Tevet, que es cuando los babilonios cercaron la ciudad de Jerusalén. Estos ayunos que se establecen en Zacarías serán convertidos en días de fiesta.
Muchos personajes hicieron ayuno, por supuesto. “Moshé” (Moisés) es uno de los más reconocidos por esos 40 días y 40 noches de ayuno cuando subió a recibir la Torá. “David HaMelej” (Rey David) también leímos esa cita donde hizo un ayuno y, seguramente, no fue la única vez. La Reina Ester llevó a cabo un ayuno impresionante, junto con “Mordejai” (Mardoqueo) y todo el pueblo judío en los días del dominio del imperio persa. Y, por supuesto, Yeshua quien ayunó 40 días y 40 noches en el desierto.
El ayuno, les decía yo, no está establecido como un mandamiento, pero el ayuno siempre surge de un corazón que reconoce que le falta algo. Que no es suficiente orar, leer la biblia o porque se ha roto esa comunión con Dios y, de alguna manera, queremos recuperarla. Podríamos decir que, el ayuno, es hasta cierto punto espontáneo por una necesidad espiritual y, aunque no es ordenado, salvo la única excepción ya comentada, es evidente que es bueno, es benéfico y conveniente para nuestra vida espiritual.
AYUNO Y ORACIÓN
Hay otro elemento que siempre está asociado al tema del ayuno y, en este caso, es la oración. Como que el ayuno y la oración son las dos caras de la misma moneda. Prácticamente, no se pueden separar, hay una conexión muy estrecha entre el ayuno y la oración. Podríamos decir que siempre van de la mano. La idea del ayuno es enfocarnos en nuestra comunión con Dios, aún más durante nuestro tiempo de oración, para reforzar esa conexión con Él. Les pregunto: ¿Les falta tiempo para orar? Lo pregunto porque aquí hay una clave para tener más tiempo para orar. La solución es a través del ayuno. El tiempo que ibas a invertir en preparar los alimentos y, luego, en consumirlos, puedes invertirlos en orar. A veces, es la única manera de orar. Yo sé que algunos comen rápido, pero aun así, se invierte un tiempo en comprar el alimento, prepararlo, comerlo y luego en lavar los platos, cubiertos y todos los utensilios usados para su elaboración. Aquí hay una manera de poder aprovechar más ese tiempo. En lugar de comer, estarás ayunando y orando.
El ayuno es una manera en que Dios nos muestra y nosotros también nos permitimos demostrarnos la importancia de nuestra relación con Dios, de nuestra vida espiritual.
EL AYUNO DEBE SER AUTÉNTICO
Es muy importante que el ayuno sea auténtico. ¿A qué me refiero con esto? Es muy importante esta frase del Evangelio de Lucas, donde están dos hombres: un publicano y un fariseo que van a orar al Templo. Y uno de ellos, el fariseo, dice: ‘Ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano’. Es decir: ‘¡Qué bueno que no soy como este gentil!’. Y el otro no quería ni levantar la cara. Ese no era un ayuno auténtico. Si se tiene qué presumir, realmente no lo es.
Me gustaría leer una cita más para acercarnos a lo que es el auténtico ayuno en el libro de Isaías 58:3-5:
¿Por qué, dicen, ayunamos, y no hiciste caso; humillamos nuestras almas, y no te diste por entendido? He aquí que en el día de vuestro ayuno buscáis vuestro propio gusto, y oprimís a todos vuestros trabajadores. He aquí que para contiendas y debates ayunáis y para herir con el puño inicuamente; no ayunéis como hoy, para que vuestra voz sea oída en lo alto. ¿Es tal el ayuno que yo escogí, que de día aflija el hombre su alma, que incline su cabeza como junco, y haga cama de cilicio y de ceniza? ¿Llamaréis esto ayuno, y día agradable a Jehová?” (Isaías 58:3-5 RVR60).
Estas son preguntas fuertes que les hace el Eterno para que, de alguna manera, les sacuda y les haga reflexionar. Estaban ayunando ciertamente, pero no lo estaban haciendo de corazón, genuinamente, ni en la voluntad de Dios. Más bien lo hacían buscando su voluntad.
Entonces, el verdadero ayuno, el auténtico, significa que estamos buscando la voluntad de Dios en nuestra vida. No que Dios haga nuestra voluntad, ni para que Dios cambie todos sus planes, para que haga lo que nosotros deseamos. Si ayunamos, no debe ser con ese enfoque. Por otro lado, no le estamos haciendo ningún favor a Dios. Porque en el texto de Isaías, las preguntas que hace el Eterno, es porque, aparentemente, en su corazón, la gente le reclamaba. Y hay gente que puede estar ayunando y, al final, se termina amargando porque no se cumple lo que pensaba que se habría de cumplir. Por eso, hay que dejar muy claro esto: ‘Cuando ayunamos, no le estamos haciendo un favor a Dios’. Ayunamos, como ya vimos, por arrepentimiento, quebrantamiento, humillación, para buscar su dirección, su voluntad, para pedir perdón. Librémonos, entonces, de ese tipo de ayuno para que la gente nos vea muy espirituales, como este fariseo que decíamos, justamente, que se daba sus golpes de pecho y todo el tiempo manifestaba lo que él hacía y que, incluso, ayunaba dos veces a la semana.
Pablo también advierte sobre este tema del ayuno, que debemos ser cuidadosos, porque el ayuno no debe ser un tema de polémica, de controversia, ni mucho menos de división o de podernos jactar. Vamos a leer Romanos 14:3-10:
“El que come, no menosprecie al que no come, y el que no come, no juzgue al que come; porque Dios le ha recibido. ¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme. Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente. El que hace caso del día, lo hace para el Señor; y el que no hace caso del día, para el Señor no lo hace. El que come, para el Señor come, porque da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor no come, y da gracias a Dios. Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí. Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos. Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven.
Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo.” (Romanos 14:3-10 RVR60).
El punto aquí es que vemos que en esta comunidad y, en general, ya existía el superespiritual, el que presume de sus ayunos, el que dice que hay que hacer ayuno en tal día y, en tal forma, creando disensión y división con los demás. Ya sea que vivamos, ya sea que comamos, ya sea que muramos o que no comamos, hagámoslo para Dios. La jactancia y la arrogancia es todo lo opuesto a lo que una persona que ayuna debe producir.
Yeshua, por supuesto, también nos enseñó al respecto, dejando muy en claro este tema. Y nos lo enseñó a todos en Mateo 6:16-18:
“Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; porque ellos demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.” (Mateo 6:16-18 RVR60).
No lo hagamos para la gente, no lo hagamos para presumir; al contrario, más bien, que ni se den cuenta. Esto nos hace pensar en que Yeshua ayunó muchas veces y los discípulos ni enterados. Si el mismo les dijo: ‘Que no se den cuenta los hombres’. Cuando ayunamos sin las consideraciones que ya vimos: sin la humillación, sin conectarnos con Dios, sin teshuvá, en realidad, es como ponerse a dieta. Y no se trata de bajar de peso. Eso no es ayuno. Una persona que está en ayuno obligatorio porque El Doctor lo prescribió, tampoco se puede jactar de espiritual. Es peor ayunar si va a provocar en nosotros un sentimiento de superioridad o jactancia. Es mejor no ayunar y quedarnos como estamos. Esto también hay que considerarlo.
DIFERENTES TIPOS DE AYUNO
- AYUNO REGULAR, el abstenerse de toda bebida y alimento (excepto agua simple necesaria para poder subsistir). Yeshua hizo este ayuno en el desierto y dice que tuvo hambre, no que tuviera sed. De hecho, la tentación fue que convirtieran las piedras en pan, más no hay nada que se refiera al tema del agua. Mateo 4:2:
“Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre.” (Mateo 4:2 RVR60).
- AYUNO TOTAL. Ejemplo en Yom Kippur. No alimentos, ni bebidas, incluyendo agua. Tal vez este ayuno hizo Ester. Ester 4:16:
“Ve y reúne a todos los judíos que se hallan en Susa, y ayunad por mí, y no comáis ni bebáis en tres días, noche y día; yo también con mis doncellas ayunaré igualmente, y entonces entraré a ver al rey, aunque no sea conforme a la ley; y si perezco, que perezca.” (Ester 4:16 RVR60).
Aquí está hablando Ester a Mordejai cuando se enteran del edicto para todos los judíos. Dice: ‘No comáis, ni bebáis’, lo que indica un ayuno extremo, el cual se considera hasta peligroso, porque se considera que, después de tres días sin comida, ni bebida, la vida está en riesgo.
Así también, el Apóstol Pablo, cuando tiene esta sacudida que provoca la conversión de su vida, donde quedó ciego por tres días, como leemos en Hechos 9:9:
“donde estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió.” (Hechos 9:9 RVR60).
Fue tan impactante el encuentro que tuvo con Yeshua que cae postrado y después lo llevan a esta ciudad llamada Damasco donde estuvo ayunando por tres días. Por tanto, esto es un ayuno total.
- AYUNO PARCIAL, es abstenerse de ciertos alimentos y bebidas. Como lo hizo Daniel que está relacionado con una dieta en particular. Aquí especifica de qué se abstuvo. Lo leemos en Daniel 10:3:
“No comí manjar delicado, ni entró en mi boca carne ni vino, ni me ungí con ungüento, hasta que se cumplieron las tres semanas.” (Daniel 10:3 RVR60).
Tres semanas se abstuvo de alimentos que, seguramente, Daniel como una figura muy importante tenía acceso, para enfocarse de lleno en orar, en interceder, en buscar al Señor y hasta se abstuvo de ungüento, lo que tiene que ver con perfumes.
AYUNO DE OTRAS COSAS. La Biblia nos enseña que la idea del ayuno es la abstinencia de ciertos placeres o gustos que le damos, principalmente, al estómago. Pero también implica que, como Daniel, citando el mismo ejemplo, dice que se abstuvo de perfumes, ungüentos y cuestiones placenteras que tienen mucha relación con estar de fiesta. No es un momento para gozar y celebrar, sino de buscar al Señor, ayunar, orar e interceder. Entonces, un ayuno también puede implicar ciertos elementos que, aunque no sean alimento o comida, tengan relación con ciertos placeres.
Yo te invito a que, hoy en día, consideres hacer un ayuno de redes sociales y enfocar ese tiempo en orar. O de televisión o ciertos aspectos de entretenimiento. Por ejemplo, en 1 Corintios 7, el Apóstol Pablo dice: ‘Los matrimonios pueden abstenerse de tener relaciones íntimas por cierto tiempo para enfocarse en la oración, con consentimiento mutuo’. También al ayunar debemos considerar no afectar a otros. En este caso en particular, a tu cónyuge.
ENFOCANDO CORRECTAMENTE EL AYUNO
Decía yo que, es importante enfocar el ayuno correctamente, no solo es abstenernos de comer o de beber, sino abstenernos de otras cosas que contaminan, que manchan y, no nos dejan ser las personas que Dios quiere que seamos. Vamos a complementar esta idea del ayuno auténtico, enfocándolo de la manera correcta. Si ustedes están pensando en ayunar, esto nos va a ayudar a hacerlo de la manera correcta.
Vamos a leer Isaías 58:5-10:
“¿Es tal el ayuno que yo escogí, que de día aflija el hombre su alma, que incline su cabeza como junco, y haga cama de cilicio y de ceniza? ¿Llamaréis esto ayuno, y día agradable a Jehová? ¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo? ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano? Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salvación se dejará ver pronto; e irá tu justicia delante de ti, y la gloria de Jehová será tu retaguardia. Entonces invocarás, y te oirá Jehová; clamarás, y dirá él: Heme aquí. Si quitares de en medio de ti el yugo, el dedo amenazador, y el hablar vanidad; y si dieres tu pan al hambriento, y saciares al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el mediodía.” (Isaías 58:5-10 RVR60).
No es que Dios esté en contra del ayuno, sino que Él no lo ordenó así. No le podemos venir a presumir o a reclamar a Dios que estamos ayunando y Él no responde. Si no que, por una cuestión de “Kal v’Jomer” (mayor o menor peso), no está mal ayunar. Pero, si se trata de ayudar al prójimo como: enfocarnos en acciones de ayuda social, de perdón, de quitar el yugo de la persona, el dedo amenazador, el hablar vanidad: ¡eso es el mejor ayuno! ¿De qué sirve ayunar si nos vamos a estar jactando, presumiendo o nos vamos a envanecer? El ayuno tiene que ser para transformarnos, para crear en nosotros un espíritu diferente y una forma nueva de actuar. Esto hay que considerarlo profundamente cuando estemos ayunando. No se trata solamente de castigar al cuerpo como dice en Colosenses 2: ‘Hay ciertas cosas que tienen de reputación como duro trato con el cuerpo y que, a la hora de la hora, no tienen ningún valor contra los apetitos de la carne’. Si ayunamos sin este sentido o intención, como en los días de Isaías, en los que la gente rica tenía en abundancia y no compartía el pan, solamente estaba pensando en negocios y al mismo tiempo ayunaba. Debían darle prioridad a lo que es verdaderamente importante: ayudar a los demás. La idea del ayuno es, justamente, lo contrario: lucha contra tu carne, contra el “Yetzer Hará”, tampoco se trata de lastimar el cuerpo, ni provocar una disminución de nuestras capacidades físicas o emocionales, por eso, el ayuno prolongado no es recomendable. Si nos consideramos un soldado de Dios, nuestro cuerpo debe estar en óptimas condiciones para poderle servir.
CONCLUSIONES DEL AYUNO
El ayuno es una práctica, principalmente personal, para cambiarnos a nosotros y no a Dios. No lo podemos imponer, ni forzar a otros a hacerlo. Aunque vimos que, de alguna manera, los reyes lo dictaron por ciertas razones y circunstancias, las cuales sería muy bueno considerarlas para hacerlo.
Es un período que viene acompañado de oración, de un examen de conciencia y una introspección profunda. Es una expresión de rendición ante Dios. Es algo que hacemos para acercarnos más a Dios y, también hay que dejarlo claro: el ayuno no sustituye la obediencia a Dios en otras áreas. ¡De ninguna manera!
Cuando Yeshua regrese, no será necesario ese ayuno. Como leímos en Zacarías, todos los ayunos serán convertidos en días de gozo y de alegría. El ayuno es una herramienta más que Dios nos ha dado para acercarnos más y conectarnos a Él. Para cambiarnos, buscar su voluntad y mostrar, en un momento dado, arrepentimiento. Es algo que surge de un corazón que clama y necesita más de Dios.
Este fue el tema del ayuno, espero que para ti haya sido de mucha bendición y, que en tu próximo ayuno puedas recordar lo que hemos estudiado hoy.
Que el Eterno te bendiga grandemente: ¡“Shalom”! / ¡Paz!
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