¿EL NUEVO PACTO ANULA EL PACTO DE DIOS CON ISRAEL?  

Bienvenidos, seguimos en “Respuestas en la Biblia” aprendiendo más de la Palabra del Eterno. Hoy llegamos a la pregunta No. 185 ¿El Nuevo Pacto anula el pacto de Dios con Israel? Sé que, para algunos, esta respuesta será muy sencilla y simple de contestar, pero esto es, definitivamente, una idea muy difundida entre los círculos cristianos. Hay mucha teología alrededor de esta idea o concepto del llamado ‘reemplazo’. En el que la Iglesia ha reemplazado a Israel. Y, por lo tanto, la Iglesia ahora es la que recibe todos los pactos que Dios ha hecho con el pueblo de Israel. 

DEFINICIÓN DE PACTO        

Primeramente, vamos a decir que un pacto es un acuerdo o un convenio entre dos partes, esto es algo muy sencillo y simple de entender. Pero los pactos de Dios conllevan un aspecto espiritual que también se refleja en el ámbito terrenal. Es decir, no solo se manifiestan en el ámbito espiritual, sino que son tangibles, material y terrenalmente hablando. Por ejemplo: Dios hizo un pacto con Abraham, sobre la tierra, y eso no solamente fue una cuestión espiritual. Fue sobre la tierra de Israel, la tierra que pisaba y que estaba viendo. Esa es la parte que está conectada con la misma promesa y pacto. Los pactos son muy importantes porque establecen una relación con Dios y Su pueblo. Son muy relevantes los pactos porque reflejan la consideración que tiene para Dios su relación con nosotros. Y, en muchos casos, su amor y misericordia para con nosotros. Pudo haberlo dejado como: ‘Yo Soy su Dios y ustedes, mi pueblo y nada más’. Pero, el pacto conlleva un compromiso y habla de algo mucho más fuerte y grande. De algo que nos hace creer que es irrompible. De aquí, la importancia de los pactos dentro de las relaciones, como, por ejemplo: firmar un contrato, hacer un contrato de compraventa, no se diga en una relación sentimental, personal y emocional como el matrimonio. El matrimonio es un pacto en sí mismo y no solamente es, te amo, me amas y vamos a vivir felices para siempre. ¡No! Vamos a firmar, vamos a comprometernos con testigos y a hacerlo por escrito. Eso es en sí un pacto y así lo ha hecho el Eterno. 

PACTOS DEL ETERNO Y SU PUEBLO

Vamos a revisar, de manera breve, los pactos que el Eterno hizo con Israel. Aunque hay diferentes opiniones, pues algunos hablan de 7 u 8 pactos, vamos a aprender que hay cinco pactos principales en la Escritura. Vamos a analizarlos para llegar a la respuesta de sí el Nuevo Pacto anula el pacto de Dios con Israel. 

  1. El pacto de Noé: Génesis 9:11:

“Estableceré mi pacto con vosotros, y no exterminaré ya más toda carne con aguas de diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra.” (Génesis 9:11 RVR60). 

Básicamente, este es el pacto de Noé, donde a grandes rasgos, Dios pacta que no será destruida la tierra nuevamente por otro diluvio. Se le considera un pacto universal, de carácter general. 

  1. El pacto de Abraham: Génesis 12:1-3:

 “Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.” (Génesis 12:1-3 RVR60). 

Sobra decir que Abraham es el patriarca, el amigo de Dios que caminó por fe, una figura sumamente importante, el cual recibe ciertas promesas que son parte del pacto que Dios hace con él. Posteriormente, le dice que le entregará la tierra que estaba pisando y que su descendencia sería como las estrellas del cielo y como la arena del mar. Forma parte de todo un paquete de promesas, este pacto que Dios hace con Abram. Que, por supuesto, luego se ratifica con el “Brit Milá” (circuncisión), la cual es la señal de estar en ese pacto. Por eso, es tan importante la circuncisión. Evidentemente, este pacto que Dios hace con Abraham se transmite a su descendencia, en este caso con Isaac. De Isaac a Jacob y de Jacob a los hijos. Que, particularmente, se transmite hacia Efraín y Manasés. Aquí podríamos decir que estos pactos más específicos y con tanta importancia se le dan al pueblo de Israel, primeramente, por medio de Abraham, ya que, además, de ser hebreo, es el que finalmente se establece primero en la tierra de Israel como el padre de Israel. 

  1. Pacto en Sinaí o de la alianza: Éxodo 19:4-6:

 “Vosotros visteis lo que hice a los egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí. Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel.” (Éxodo 19:4-6 RVR60).

 Se podría decir que es el pacto por excelencia que Dios hace con el pueblo de Israel, cuando llegan al Monte Sinaí, después de la salida de la tierra de Egipto. Esta es la propuesta que Dios le hizo al pueblo de Israel sobre el pacto: ‘Ustedes guardarán mi pacto y serán mi especial tesoro’. ‘No habrá nadie para mí como ustedes’. Es como una pedida de mano en la actualidad, es un pacto de compromiso, de amor. En Jeremías 2, nos muestra que lo que estaba haciendo Dios aquí, era ofrecerle matrimonio al pueblo. 

Éxodo 24:1-12:

 “Dijo Jehová a Moisés: Sube ante Jehová, tú, y Aarón, Nadab, y Abiú, y setenta de los ancianos de Israel; y os inclinaréis desde lejos. Pero Moisés solo se acercará a Jehová; y ellos no se acerquen, ni suba el pueblo con él. Y Moisés vino y contó al pueblo todas las palabras de Jehová, y todas las leyes; y todo el pueblo respondió a una voz, y dijo: Haremos todas las palabras que Jehová ha dicho. Y Moisés escribió todas las palabras de Jehová, y levantándose de mañana edificó un altar al pie del monte, y doce columnas, según las doce tribus de Israel. Y envió jóvenes de los hijos de Israel, los cuales ofrecieron holocaustos y becerros como sacrificios de paz a Jehová. Y Moisés tomó la mitad de la sangre, y la puso en tazones, y esparció la otra mitad de la sangre sobre el altar. Y tomó el libro del pacto y lo leyó a oídos del pueblo, el cual dijo: Haremos todas las cosas que Jehová ha dicho, y obedeceremos. Entonces Moisés tomó la sangre y roció sobre el pueblo, y dijo: He aquí la sangre del pacto que Jehová ha hecho con vosotros sobre todas estas cosas. Y subieron Moisés y Aarón, Nadab y Abiú, y setenta de los ancianos de Israel; y vieron al Dios de Israel; y había debajo de sus pies como un embaldosado de zafiro, semejante al cielo cuando está sereno. Mas no extendió su mano sobre los príncipes de los hijos de Israel; y vieron a Dios, y comieron y bebieron. Entonces Jehová dijo a Moisés: Sube a mí al monte, y espera allá, y te daré tablas de piedra, y la ley, y mandamientos que he escrito para enseñarles.” (Éxodo 24:1-12 RVR60).

 Es la reafirmación del Pacto. Y nos queda claro que el establecimiento de este pacto, sabiendo la importancia que tiene, se da a través de sangre, pues hay sacrificios de becerros y ellos son rociados con esa sangre. Por eso, vemos en el pacto renovado, por qué era necesario también que hubiese derramamiento de sangre. Pero, ya sabemos todos la historia y, lamentablemente, la historia no quedaría ahí y vendría el triste pecado del becerro de oro. Con el que provocaron a celos al Señor. El cual es visto como una deslealtad, por supuesto, una infidelidad a ese pacto de amor que se estaba rompiendo en ese momento. Entonces, ese pacto quedó roto. Sin embargo, Dios vuelve a dar una segunda oportunidad, le dice a Moisés que vuelva a subir, que le daría otras tablas de piedra. 

Éxodo 34:1-10, 27-28:

 “Y Jehová dijo a Moisés: Alísate dos tablas de piedra como las primeras, y escribiré sobre esas tablas las palabras que estaban en las tablas primeras que quebraste. Prepárate, pues, para mañana, y sube de mañana al monte de Sinaí, y preséntate ante mí sobre la cumbre del monte. Y no suba hombre contigo, ni parezca alguno en todo el monte; ni ovejas ni bueyes pazcan delante del monte. Y Moisés alisó dos tablas de piedra como las primeras; y se levantó de mañana y subió al monte Sinaí, como le mandó Jehová, y llevó en su mano las dos tablas de piedra. Y Jehová descendió en la nube, y estuvo allí con él, proclamando el nombre de Jehová. Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación. Entonces Moisés, apresurándose, bajó la cabeza hacia el suelo y adoró. Y dijo: Si ahora, Señor, he hallado gracia en tus ojos, vaya ahora el Señor en medio de nosotros; porque es un pueblo de dura cerviz; y perdona nuestra iniquidad y nuestro pecado, y tómanos por tu heredad. Y él contestó: He aquí, yo hago pacto delante de todo tu pueblo; haré maravillas que no han sido hechas en toda la tierra, ni en nación alguna, y verá todo el pueblo en medio del cual estás tú, la obra de Jehová; porque será cosa tremenda la que yo haré contigo. /” Y Jehová dijo a Moisés: Escribe tú estas palabras; porque conforme a estas palabras he hecho pacto contigo y con Israel. Y él estuvo allí con Jehová cuarenta días y cuarenta noches; no comió pan, ni bebió agua; y escribió en tablas las palabras del pacto, los diez mandamientos.” (Éxodo 34:1-10, 27-28 RVR60).

 Lo más relevante de este pacto es que en él está plasmado lo que llamamos la “Torá” (Instrucción, Ley), la cual representa la constitución del pueblo de Dios, de Israel. Y también representa una “Ketubá” (Contrato matrimonial) que el hombre le entrega a la mujer y los convierte en marido y mujer. Este pacto vincula a Israel con Dios hasta que la muerte los separe. Ya no habría otro pueblo para Dios. Digamos que, en ese momento, Dios está tomando a Israel como su único pueblo, como su especial tesoro, como una nación santa. ¿Con quién hizo este pacto Dios? Con las doce tribus de Israel que salieron de Egipto y recibieron la Torá. También se agregaron y anexaron muchas personas de otras naciones cuando salieron de Egipto, pero ellos fueron adoptados como israelitas. Se asimilaron al pueblo de Israel. Cuando el pueblo llega a la tierra prometida, no se les asigna un territorio a los gentiles y extranjeros que llegaron con ellos. Se asigna un territorio únicamente a cada una de las doce tribus de Israel. ¿Dónde estaban los extranjeros? Asimilados, viviendo entre los israelitas acorde con las leyes y mandamientos que Dios les dio.  

  1. Pacto de David: 2 Samuel 7:8-16:

 “Ahora, pues, dirás así a mi siervo David: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo te tomé del redil, de detrás de las ovejas, para que fueses príncipe sobre mi pueblo, sobre Israel; y he estado contigo en todo cuanto has andado, y delante de ti he destruido a todos tus enemigos, y te he dado nombre grande, como el nombre de los grandes que hay en la tierra. Además, yo fijaré lugar a mi pueblo Israel y lo plantaré, para que habite en su lugar y nunca más sea removido, ni los inicuos le aflijan más, como al principio, desde el día en que puse jueces sobre mi pueblo Israel; y a ti te daré descanso de todos tus enemigos. Asimismo, Jehová te hace saber que él te hará casa. Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. El edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino. Yo le seré a él padre, y él me será a mí hijo. Y si él hiciere mal, yo le castigaré con vara de hombres, y con azotes de hijos de hombres; pero mi misericordia no se apartará de él como la aparté de Saúl, al cual quité de delante de ti. Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente.” (2 Samuel 7:8-16 RVR60).

 Muchos años después de establecidos en la tierra de Israel, viene este pacto que Dios hace con David, donde, básicamente, Dios le promete que le va a bendecir y que un descendiente suyo se establecería en el reino para siempre. Su reino sería estable y en él quedaría afirmada su casa y su reino delante del Eterno por siempre. Ese era el máximo sueño y anhelo de un rey, que sus hijos continuaran en la dinastía y gobierno. Nosotros sabemos quién es ese descendiente de David: “Yeshua” (Jesús). Una vez más, este pacto no fue hecho con los gentiles, ni con las naciones vecinas. Se hizo con los israelitas y, en este caso particular, con Judá sobre el tema del gobierno. 

 

  1. El pacto Renovado: Jeremías 31:31-34:

 “He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová. Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.” (Jeremías 31:31-34 RVR60).

 Aquí está muy claro con quiénes está haciendo este llamado Nuevo Pacto: con la Casa de Israel y con la Casa de Judá. Prácticamente aquí nos dice: ‘Si no eres de alguna de estas dos casas, estás fuera de este pacto’. No puedes reclamar el ser parte del Nuevo Pacto si no perteneces a alguna de estas dos casas. Y es importante notar que la palabra nuevo, que es el término hebreo “jadash” (H2319). Nuevo, no en el sentido de que no existiera previamente, sino la opción más correcta sería ‘renovado’. Por eso dice: ‘Haré un pacto renovado con la Casa de Israel y con la Casa de Judá’. Y lo que es renovado, no significa que no existiera antes, sino más bien, que las condiciones son mejores o ciertos aspectos mejoran para que ese Pacto se mantenga al final del día. 

Entonces, entendemos que este pacto Renovado al que se refiere aquí no es sino el pacto anterior que rompieron por la idolatría vista como un adulterio. Por eso dice: ‘Aunque yo fui un marido para ellos’. ¿Cómo invalidaron el pacto? Con el llamado becerro de oro. ¿En qué consiste este Nuevo pacto? Dice a partir del verso 33:
“Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.”

 Dios dice aquí que, ahora, la ley va a quedar escrita en la mente y en el corazón. No dice que lo vino a anular o a cambiar. ¡De ninguna manera! La idea más bien es eso. Ahora la Torá va a estar plasmada de una manera interna, ya no va a ser solo la letra, sino que estará arraigada en nuestro corazón. ¿Cuál es el propósito de hacer esto? Porque la falla del pueblo de Israel no fue por el pacto, pues el pacto no tenía ningún defecto. Sino que, el corazón no estaba a la altura de ese pacto, ni de lo que exigía. Entonces, en lugar de bajar el pacto de nivel, Dios no dice: ‘Yo te voy a dar, ahora, la condición de que estés a la altura de este Nuevo Pacto. Yo haré que este pacto renovado lo puedas guardar y cumplir porque cambiaré tu corazón y tu mente. Haré una nueva persona acorde con este Pacto Renovado’. El cual nos llevará a conocer a Dios de una manera completamente diferente. Además, como dice ahí: ‘Perdonaré la maldad de ellos y ya no me acordaré más de su pecado’. En esto consiste el Nuevo Pacto que Dios está haciendo con la Casa de Israel y con la Casa de Judá. 

¿QUÉ HAY DEL NUEVO PACTO QUE HIZO YESHUA?      

Entonces, ¿qué sucede o qué pasa con el Nuevo Pacto que hizo Yeshua? Algunos dirán: ‘Muy bien. Ya entendimos todo esto de los pactos, todos fueron con la Casa de Israel, excepto el de Noé, todos los demás fueron hechos con Su pueblo’. ¿Al venir Yeshua, de alguna manera invalidará estos pactos? O ¿Trasladará estos pactos a otro pueblo o iglesia? Vamos a buscar con la Biblia las respuestas. Vamos a ver tres citas con las cuales vamos a ejemplificar que Dios no ha rechazado a Su pueblo, que tampoco ha roto el pacto que hizo con Su pueblo por el llamado Nuevo Pacto o Nuevo Testamento o por la primera venida de Yeshua. 

Leamos Gálatas 3:15-18:

 “Hermanos, hablo en términos humanos: Un pacto, aunque sea de hombre, una vez ratificado, nadie lo invalida, ni le añade. Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo. Esto, pues, digo: El pacto previamente ratificado por Dios para con Cristo, la ley que vino cuatrocientos treinta años después, no lo abroga, para invalidar la promesa. Porque si la herencia es por la ley, ya no es por la promesa; pero Dios la concedió a Abraham mediante la promesa.” (Gálatas 3:15-18 RVR60).

 Vamos a analizar esta cita. ¿Cuál promesa? La promesa de Abraham. Y sobre la base de este pensamiento, lo que dice a grandes rasgos es: ‘Si la ley no invalida las promesas de Abraham; es decir, si la Torá no vino a invalidar las promesas hechas a Abraham, tampoco el Mesías vino a invalidar el pacto que Dios hizo con Israel’. ¡De ninguna manera! Al contrario, lo vino a ratificar. 

Esto lo entiende muy bien el apóstol pablo y lo expone en la carta a los Romanos 11:1-6,11:

 “Digo, pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera. Porque también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín. No ha desechado Dios a su pueblo, al cual desde antes conoció. ¿O no sabéis qué dice de Elías la Escritura, cómo invoca a Dios contra Israel, diciendo: Señor, a tus profetas han dado muerte, y tus altares han derribado; y sólo yo he quedado, ¿y procuran matarme? Pero ¿qué le dice la divina respuesta? Me he reservado siete mil hombres, que no han doblado la rodilla delante de Baal. Así también aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia. Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra. / Digo, pues: ¿Han tropezado los de Israel para que cayesen? En ninguna manera; pero por su transgresión vino la salvación a los gentiles, para provocarles a celos.” (Romanos 11:1-6,11 RVR60).

 Piensa en esto: Si Dios hizo un pacto con Israel y Dios desechara a Israel, ¿qué confianza tendría cualquier otro pueblo gentil que no tiene ningún pacto? Por eso, Pablo plantea aquí que, por ese remanente Dios va a seguir siendo fiel a ese pacto. Incluso dice: ‘Aunque nosotros fuéramos infieles, Él permanece fiel. Por tanto, Dios no ha roto su pacto con Israel porque llegue una renovación, simplemente, los receptores siguen siendo los mismos. Y Dios no ha desechado a ese pueblo como lo dice aquí. Y dice en el verso 11 que ciertamente sí, algunos de los del pueblo, negaron a Yeshua, fueron endurecidos sus corazones, pero por la gracia de Dios y ese remanente, Dios sigue siendo fiel y no ha roto ese pacto con este pueblo. 

Esto también lo establece en Jeremías 31:35-37:

 “Así ha dicho Jehová, que da el sol para luz del día, las leyes de la luna y de las estrellas para luz de la noche, que parte el mar, y braman sus ondas; Jehová de los ejércitos es su nombre: Si faltaren estas leyes delante de mí, dice Jehová, también la descendencia de Israel faltará para no ser nación delante de mí eternamente. Así ha dicho Jehová: Si los cielos arriba se pueden medir, y explorarse abajo los fundamentos de la tierra, también yo desecharé toda la descendencia de Israel por todo lo que hicieron, dice Jehová.” (Jeremías 31:35-37 RVR60).

 Una vez más para que quede claro… 

¿QUÉ VINO A HACER YESHUA?      

¿En qué consiste el nuevo pacto? El Nuevo Pacto no es la anulación de las promesas de Dios con Su pueblo, sino más bien, todo lo contrario. Es la ratificación y lo podemos comprobar en Mateo 26:26-28:

 “Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto (pacto renovado), que por muchos es derramada para remisión de los pecados.” (Mateo 26:26-28 RVR60).

 De eso se trata el Nuevo Pacto o Renovado, del perdón de los pecados. De no me acordaré más de sus maldades, los voy a perdonar. Y como ese primer pacto se hizo con sangre, ahora también debía de ser hecho a través de un derramamiento de sangre. Entonces, Yeshua vino a validar el pacto con el pueblo de Israel, las promesas a Abraham. Todo lo contrario, a lo que, a veces, se piensa. Él vino a cumplir la Torá a nuestro favor, que fue el pacto que Israel rompió en su infidelidad y, con ello, nos dio la oportunidad de volver a ser la novia del Cordero.  

La muerte de Yeshua no vino a cambiar el pacto que Dios había hecho con Su pueblo Israel. Al contrario, Él mismo dijo: ‘No vine a abrogar la ley’. Es decir, no vine a anular, a cambiar, ni a quitar ese pacto, sino a cumplirlo en favor suyo. Así, cuando Él regrese, mejor dicho, Él vendrá por el único pueblo con el que ha hecho un pacto. Con el único pueblo que puede decir que se le entregó una Ketubá. Ese pueblo es Israel. 

Ahora, esto no es una mala noticia y no significa que la elección de Israel sea la exclusión del mundo. ¡No! Simplemente, es la oportunidad de adherirse a este pueblo por medio del sacrificio de Yeshua. La cual va más allá de una nación geográfica, sino que, forma parte de todas las tribus de Israel. Pablo ve a los gentiles en la carta a los romanos, capítulo 11, como injertados en el olivo natural. 

Así que, respondiendo a la pregunta: ¿El nuevo pacto anula el pacto de Dios con Israel? ¡De ninguna manera! Dios no ha desechado a Su pueblo. Pablo se pone como ejemplo de esto. Y, si no ha desechado a Su pueblo, tampoco ha invalidado el pacto, aunque el pueblo o nosotros hayamos sido infieles, Dios permanece fiel para siempre. Créeme que esto es maravilloso porque no depende de nosotros, ni de nuestras obras, solamente de vivir conforme a ello. 

Espero que esta respuesta haya sido de bendición para tu vida, que haya aclarado estas dudas y nos sirva para reafirmar el pacto que Yeshua vino a validar con nosotros, Su pueblo Israel. 

Que el Eterno te bendiga grandemente: ¡“Shalom”! / ¡Paz!

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