¿QUÉ REPRESENTA LA SANIDAD DEL PARALÍTICO DE BETESDA?
Bienvenidos a “Respuestas en la Biblia”. Vamos a seguir estudiando y conociendo más de la Palabra de nuestro Dios. En esta ocasión, vamos a enfocarnos en los milagros de “Yeshua” (Jesús), así como en las preguntas previas, analizando y estudiando los milagros de Yeshua que son también señales proféticas que traen un mensaje muy poderoso de redención o un mensaje para entender mejor su función y rol para lo que Él vino a hacer. Y es maravilloso estudiarlo de esta manera.

El evangelio de Juan, que es de donde vamos a estudiar este milagro, así como lo estudiamos en la pregunta anterior, se le considera el evangelio más profundo de los cuatro. Y, se considera que está en el cuarto nivel de interpretación. Te animo a que veas las preguntas anteriores para que conozcamos cuáles son los niveles de interpretación de la Biblia. Pero, el punto principal es que, el evangelio de Juan, no nada más describe los hechos de Yeshua y los acontecimientos, sino que nos da un mensaje oculto, por decirlo así, sobre esos mismos milagros y señales para entender mejor su rol profético. Por tanto, yo quiero invitarte a que veas con esta perspectiva lo que vamos a analizar el día de hoy para poder ampliar nuestra visión sobre estos milagros. Te aseguro que te vas a sorprender y a maravillar y, lo más importante, la Palabra misma nos va a cautivar y nos va a llevar a reconocer esa obra maravillosa que hizo Yeshua por todos nosotros. El día de hoy llegamos a la pregunta No. 131: ¿Qué representa la sanidad del paralítico de Betesda?
El único lugar donde aparece este milagro es, justamente, el evangelio de “Yohanan” (Juan). Vamos a examinar de qué se trata este milagro tan particular y, sobre todo, tan hermoso por todo lo que significa.
Vamos a analizar el pasaje donde encontramos este milagro en Juan capítulo 5. Nos enfocaremos en los versículos específicos para irlos analizando. Leamos Juan 5:1-9:
“Después de estas cosas había una fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén. Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque, llamado en hebreo Betesda, el cual tiene cinco pórticos. En éstos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua. Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese. Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano? Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo. Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda. Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo. Y era día de reposo aquel día.” (Juan 5:1-9 RVR60).
Leímos en los versos 1 al 9, la narración de este milagro muy especial, como ya vimos, muy particular de los que hace Yeshua en esta ocasión en un lugar ampliamente conocido donde dice que se reunía una multitud.
LA PUERTA DE LAS OVEJAS Y BETESDA
Como dicen por ahí, vamos por partes, para ir desglosando y entendiendo qué representa la sanidad de este paralítico. Dice en Juan 5:1:
“Después de estas cosas había una fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén.” (Juan 5:1 RV60)
No sabemos y no nos da más información Yohanan, en este caso, sobre a qué fiesta se refiere aquí. Es difícil determinar. Algunos haciendo un estimado y un cálculo del orden cronológico de los acontecimientos previos, consideran que se refiere a “Yom Teruah” (Fiesta de las Trompetas), otros opinan que era “Shavuot” (Pentecostés), por tanto, estamos hablando que pudiera ser cualquiera de las fiestas bíblicas, pero considerando que dice que Yeshua subió a Jerusalén, podemos reducir las fiestas a las tres fiestas que se les llama de peregrinaje o fiestas mayores que son: “Pésaj” (Pascua), “Shavuot” o “Sukkot” (Fiesta de las Cabañas o Tabernáculos). Para no generar demasiadas especulaciones dejémoslo así. Sin embargo, es un testimonio más de que Yeshua guardaba las festividades, los mandamientos y estaba ahí siempre dispuesto. Luego dice en el verso 2:
“Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque, llamado en hebreo Betesda, el cual tiene cinco pórticos.” (Juan 5:2 RV60)
El Apóstol Juan habla en tiempo presente diciendo: hay en Jerusalén. Y, como les decía yo, se empiezan a poner interesantes ciertos aspectos sobre la descripción que nos da. Luego menciona ‘cerca de la puerta de las ovejas’. Cuando el pueblo de Israel, en particular Judá, volvió de la cautividad en Babilonia a Jerusalén, reconstruyeron el Templo, la ciudad y también los muros, eso viene descrito en el libro de Nehemías. Por supuesto, dentro de la reconstrucción de los muros, se reconstruyeron también las puertas a las que se les asignó un nombre y, en este caso, una de las puertas principales, la que da hacia el Norte, se le llamó la puerta de las ovejas porque por ahí se introducían las ovejas que se llevaban al Templo. Entonces, cuando se acercaban las festividades, era más común ver que pasaban por ahí a las ovejitas. Por tanto, este era el único lugar donde se reconoce que pasaban las ovejas. Pero fíjense que Yeshua también dijo que: ‘Él era la puerta’. La puerta por donde debemos de pasar. Ahí mismo en el evangelio de Juan 10:7 dice:
“Volvió, pues, Jesús a decirles: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas.” ( Juan 10:7 RVR60).
Todos estos elementos le van a empezar a dar forma a este milagro, a esta señal, que como había comentado, el evangelio de Juan no dice milagros, sino que se refiere a señales porque apuntan hacia algo. Este elemento es muy interesante y este acontecimiento se da cerca de esta puerta donde habrían de cruzar las ovejas hacia el Templo. Esta puerta estaba ubicada al Norte de Jerusalén, lo cual es muy significativo, porque el norte representa también el lugar de la dispersión de las ovejas perdidas de la casa de Israel. Siempre que se hable de la dispersión en la Biblia, del exilio, se habla del Norte.
Continuando con el verso 2, dice que había ahí un estanque llamado “Betesda” que significa ‘Casa de misericordia’, el cual tenía 5 pórticos y es un lugar que aún existe en la actualidad. Algunos dicen que Betesda también puede significar ‘Casa del derramamiento’ y que, en arameo, podría incluso significar ‘Casa de la pesca’. Pero, lo que es más común interpretar con este nombre es ‘Casa de misericordia’. Durante mucho tiempo se dudó de la existencia de este lugar, pero en 1888 d.M., se encontró este estanque durante unas reparaciones a la Iglesia de Santa Ana. Como sabemos, gran parte de los lugares que están en Jerusalén están administrados o controlados por la iglesia católica. En este caso, al estar haciendo estas reparaciones lograron descubrir un fresco, es decir, una pintura del ángel agitando el agua. Entonces, era indudable de que se trataba de este lugar. La arqueología se encargó de descubrirlo, detallarlo y confirmar lo que nos dice la Palabra del Eterno: que este estanque estaba ahí, cerca de la puerta de las ovejas en la parte norte de Jerusalén. La estructura de este lugar es de, aproximadamente 120m de largo por 60m de ancho, consistente en cinco columnas. Una de ellas estaba en medio y las otras cuatro, dos al lado derecho, dos al lado izquierdo. Hoy en día, podemos visitar este lugar el cual es muy especial y es inevitable imaginar esto que estamos leyendo y pensar cómo pudo el Mesías haber realizado todo esto. Todavía se almacena agua ahí, aunque, por supuesto las condiciones ya son muy diferentes. Aunque ahora está en ruinas, es un lugar histórico, con un valor incomparable por simplemente pensar que Yeshua no solamente estuvo ahí, sino que ahí mismo realizó milagros. Es un lugar, el cual es indudable que era de purificaciones y sanidades porque el agua siempre estará asociada con la purificación, es un elemento muy común, muy frecuente y repetitivo a lo largo de la Escritura que representa sanidad y purificación. No es extraño que lugares así rodearan el Templo y la ciudad de Jerusalén.
De acuerdo con otros vestigios arqueológicos e investigaciones, consideran a este lugar como un centro de sanidad dedicado al dios Asclepio, que para los romanos se llamaba Esculapio, el cual, de cierta manera, pasó a ser una deidad enfocada, justamente, en la sanidad. Entonces, este lugar específicamente pudo haber sido influenciado por los romanos, en este caso, y servía a ambas partes. El caso aquí es que, como había mucha gente, había una gran necesidad porque había muchas personas enfermas. Además, lo relevante dentro de esta historia es que, estas personas enfermas no podían ingresar al Templo por su condición de inmundos. Probablemente, hoy en día, no lo imaginamos de una manera tan evidente, pero así era en aquellos días. Si uno quería ingresar al Templo se debía pasar por un proceso de purificación. Había un gran respeto y anhelo por la santidad. Incluso, hasta el día de hoy, en el caso del lugar llamado ‘Muro de los Lamentos’ o ‘Muro Occidental’, hay una especie de lavacros donde uno se lava las manos para poder entrar. También hay evidencias arqueológicas en que todo alrededor de lo que era el Templo, hay una gran cantidad de “mikveot” (espacios con agua donde se llevan a cabo las purificaciones donde una persona pueda sumergirse completamente). Esto nos habla de toda la importancia ritual que tenía el Templo y todo lo que implicaba. Por tanto, lo más drástico y triste para estas personas que estaban ahí, es que estaban tan lejos del Templo debido a su enfermedad, a pesar de estar tan cerca por encontrarse ahí en Jerusalén. Tan cerca y, al mismo tiempo, tan lejos. Entonces, no podían ingresar por su condición de inmundos y, aunque llegara la fiesta, no podrían participar.
CINCO PÓRTICOS = LA TORÁ
Otro detalle interesante que nos describe aquí es que, había cinco pórticos, los cuales podían representar a la “Torá” (Instrucción, Ley). Porque la ley tiene cinco libros y, de cierta forma, la ley nos muestra nuestro pecado. En este sentido, la ley nos separa del Eterno, no porque la ley sea mala en sí, sino porque la ley nos muestra, pone en evidencia nuestro pecado. Entonces, también hay que entender esta parte y función que tiene la ley, en la que nos muestra que somos culpables delante de Dios y que somos inmundos delante de Él, porque somos pecadores. No tendríamos derecho a entrar delante de Dios. Así como este hombre paralítico no podía entrar, nosotros tampoco podíamos entrar por la ley en sí misma.
Vamos a leer dos pasajes que están en la carta a los Romanos para entender mejor esta función de la ley.
Romanos 4:15:
“Pues la ley produce ira; pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión.” (Romanos 4:15 RVR60).
¿En qué sentido la ley produce ira? Produce castigo porque la ley nos muestra nuestro pecado. Pero, si no hubiera ley, entonces, no hay culpa de pecado porque no habría transgresiones. Sin embargo, la cuestión es que, si hay ley y, por tanto, transgresión. Esta es una función de la ley y toda la carta a los Romanos en el capítulo 5, explica más a detalle sobre esta función de la ley, la cual es parte de nuestra vida y así debemos de verlo. Finalmente, leamos Romanos 5:13:
“Pues antes de la ley, había pecado en el mundo; pero donde no hay ley, no se inculpa de pecado.” (Romanos 5:13 RVR60).
Esto es que no nos pueden culpar de algo que no existe en la ley. Es decir, no nos pueden acusar de algo que la ley no determina. Cuando ya está en la ley, entonces, ya nos podrán culpar. Mientras no exista una ley sobre determinada transgresión, somos inocentes. Por eso dice en Romanos 5:20:
“Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; más cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia;” (Romanos 5:20 RVR60).
Cuando vino la ley, se incrementó el pecado, porque la ley mostró qué era el pecado.
En este caso que estamos analizando, leemos: ‘Cerca de la puerta de las ovejas’, había un estanque llamado ‘Casa de Misericordia’, que tiene cinco pórticos, sigamos leyendo otra vez Juan 5, a partir del verso 3-4:
“En éstos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua. Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese.”
Dice que bajo esos cinco pórticos yacía una multitud de enfermos de diferentes dolencias. Pero pensemos en esto para que podamos identificar a quién representa este hombre y por qué es que Yeshua tiene qué sanarlo. Recordemos que las ovejas pasaban por esta puerta para poder ingresar al Templo. Pero, para que una oveja pudiera pasar por esa puerta y calificar para la fiesta, no podía tener ningún defecto. No podían llevar al Templo una ovejita enferma, ciega, coja o paralítica porque no tenía la calidad “kosher” (apta ritualmente). Entonces, tú y yo, tampoco somos, por nosotros mismos, kosher o aptos porque estamos llenos de pecado. El pecado nos ha enfermado y nos ha dejado fuera de la calidad apta para poder ingresar al Templo. Eso es lo que produce el pecado, nos hace notar que no podemos aplicar para poder entrar. La Torá es lo que valida si es kosher o no (apto o no). No hay otro criterio válido. Lo que validaba que una ovejita fuera kosher eran los levitas y sacerdotes que se basaban en la Torá. Entonces, en este caso, basados en la Torá, no somos aptos para entrar, no somos aptos para llegar al Templo y estos enfermos tampoco eran aptos para poder ingresar a la fiesta, o poder ingresar al Templo porque estaban enfermos en sus pecados y delitos.
Ahora, dice que yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos que esperaban el movimiento del agua y el verso 4 dice: porque un ángel descendía. Prácticamente este verso 4, no aparece en los manuscritos más antiguos. No existe evidencia en ellos de este verso. Es muy probable que se añadiera después, como para, tal vez, darle sentido. Algunas personas dicen que, más bien, esto era una tradición o una costumbre el decir que era un ángel el que venía y agitaba las aguas. Pero más adelante en los siguientes versos leemos que el paralítico dice: ‘No tengo quien me meta al agua cuando se agita’. En este caso, es probable que si fuera una idea que se mantuvo hasta los días posteriores a Juan.
38 AÑOS DE ENFERMEDAD
Vamos a leer el verso 5, que es la parte central del milagro:
“Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo.”
¿A quién representará este hombre enfermo que dice que tenía 38 años enfermo? Es curioso que el apóstol Juan se toma el tiempo y la tinta para describir este detalle que indica que el hombre no era ningún jovencito. Y más adelante Yeshua le dice: ‘No te vaya a venir algo peor’. Lo que quiere decir que esta enfermedad fue consecuencia de un pecado.
Vamos a leer un versículo muy interesante donde se va a revelar específicamente a quién representa este hombre. Deuteronomio 2:14:
“Y los días que anduvimos de Cades-barnea hasta cuando pasamos el arroyo de Zered fueron treinta y ocho años; hasta que se acabó toda la generación de los hombres de guerra de en medio del campamento, como Jehová les había jurado.” (Deuteronomio 2:14 RVR60).
Este hombre representa a Israel que pasó, justamente, 38 años dando vueltas y vagando en el desierto. ¿Por qué pasó Israel en el desierto ese tiempo? ¿Así habrá estado el proyecto original de Dios? ¿Cuál fue la razón por la que pasaron todas estas penurias, angustias y sufrimientos? No cabe duda de que Dios no quería que pasaran tanto tiempo en el desierto. Él quería introducirlos a la tierra prometida, pero sus pecados, sus rebeliones, las consecuencias de esas malas decisiones les hicieron caer en grandes transgresiones hasta que Dios dijo: ‘No entrarán’. No serán capaces de entrar y como leemos lo cumplió, pues anduvieron vagando 38 años por el desierto sin posibilidad de entrar hasta que murieran.
¿QUIERES SER SANO?
¿Qué le sucedería a este hombre si Yeshua no hubiera llegado a hacer este milagro? Vamos a leer el verso 6, de Juan 5:
“Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano?”
Se comprende que a Yeshua alguien le comentó de este hombre, que ya tenía enfermo muchísimos años. Pero, qué interesante pregunta le hace Yeshua: ¿Quieres ser sano? A lo que el paralítico le respondió en el verso 7:
Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo. Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda. Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo. Y era día de reposo aquel día.”
Les decía yo que, me llama mucho la atención esta pregunta: ¿Quieres ser sano? Cualquiera diría: ‘¡Por supuesto!’ Pero esta pregunta es profunda porque nos hace pensar que, en muchas ocasiones, las personas se terminan enamorando de su drama, de su tragedia o de su situación. Es decir, no siempre las personas quieren salir de su condición. Aunque parezca extraño o algo difícil de aceptar. Hay personas que prefieren quedarse en su condición a realmente hacer un cambio en sus vidas. Por tanto, la pregunta de Yeshua tiene mucho fondo y también es una reflexión para este hombre. Que reconsiderara si verdaderamente quería ser sano y para qué deseaba ser sano. Sé que esto puede parecer fuerte, pero hay personas que, aunque dicen querer ser sanas, en el fondo, lo que no quieren es cambiar. Sí desean una restauración física, pero no una restauración espiritual.
Debemos pensar también: ¿Para qué queremos la salud y el bienestar? Tenemos qué pensar que nuestra salud y nuestra vida debe estar enfocada en servir al Eterno, en anhelar guardar su Palabra, en desear acercarnos a Él. Por tanto, la pregunta de Yeshua tiene este trasfondo, sin duda. Y este hombre responde: ‘No tengo quien me meta en el estanque’. No es un método, sino un quién. Por tanto, este también es el principio de la restauración y de la sanidad, reconocer nuestras incapacidades. Este hombre dijo: ‘No tengo quien’. Es decir, no podía por sí mismo, no podía entrar solo y ser restaurado, ni cambiar, para entonces, poder ingresar al Templo y a la fiesta que estaba a punto de comenzar. No podemos ser sanos por nuestras propias obras. Dice la Escritura en Efesios: ‘No por obras, para que nadie se gloríe’. Él esperaba que se agitara el agua, que alguien le ayudara a entrar, pero siempre entra alguien antes que yo.
¿QUÉ REPRESENTA EL MOVIMIENTO DE LAS AGUAS?
El movimiento de las aguas representa el agua viva. Porque las aguas vivas eran necesarias para traer sanidad en ciertos casos como, por ejemplo: la lepra, ciertos casos de flujo, etcétera, se requería de aguas vivas. Así se les conocían a las aguas en movimiento, a las aguas que tenían corrientes. Y esta agua, al ser de un estanque, era de un agua que no se movía. Estaba estancada. De ahí el nombre: estanque. Y el milagro, de acuerdo con lo que sucedía, era que se movía el agua. De ser agua estancada se convertía en agua viva. Digamos: el agua estancada es agua muerta. El agua en movimiento es agua viva. Y el agua viva es lo que trae la sanidad. Pero ¿qué es lo profundo e interesante? ¿Quién es el agua viva? ¿Quién es la fuente del agua de la vida, como dice en Apocalipsis?
Apocalipsis 21:6b:
“Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida.” (Apocalipsis 21:6b RVR60).
El agua de la vida, obviamente, solo puede ser un agua viva. ¡Yeshua es esa fuente de vida! Por eso, me llama la atención que Yeshua no le dice a este hombre: ‘Métete al agua para que, entonces, el agua te purifique y te sane’. Porque no es necesario. Imaginemos que Yeshua es ese manantial de agua de vida. En Él todas las inmundicias son eliminadas. En Él toda la purificación necesaria se puede alcanzar. Tocarlo a Él era como introducirse a las fuentes de agua de vida y quedar limpio de toda impureza, inmundicia y toda enfermedad.
Por eso, en otros casos, cuando Yeshua dice que una mujer con flujo de sangre lo tocó, quedó completamente sana y, además, salva. El flujo se detuvo inmediatamente. Por eso, Yeshua le dijo: ‘Tu fe te ha salvado’. Porque Él es la fuente de agua de vida. Si lo pensamos en términos del Templo, en el contexto de ese momento, es algo único y maravilloso. Lo que más anhelaban los sacerdotes era poder tener esas fuentes de agua de vida. Por ejemplo: cuando en los días de Elías hubo una sequía tremenda, no solamente es que no hubiera agua para beber, sino que no había agua para las purificaciones. Entonces, toda la inmundicia se mantenía. Yo sé que hoy en día, en Occidente, en el siglo XXI, no somos muy dados culturalmente a pensar en esto. No pensamos que Yeshua vino no solamente a traer salvación del pecado, sino también vino a traer sanidad y purificación de todo tipo de inmundicia. Porque el pecado no solamente nos separa de Dios, no solamente es muerte, sino que el pecado también es contaminación e inmundicia, y eso, nos hace no kosher, no apto para poder entrar a la presencia de Dios.
El milagro o la señal que hay detrás de esto es que este hombre que representa a Israel, que se encontraba junto con otra multitud, bajo la ley, bajo la acusación de la Torá, no podía entrar ni por sí mismo, ni por causa de sus obras, porque la ley nos muestra el pecado. La ley dice qué es kosher y qué no. Qué ovejita entra y qué ovejita no entra. Por tanto, la ley no es el problema. El problema es el pecado. Y Yeshua es lo que vino a resolver. No vino a abrogar la ley, al contrario, vino a cumplirla y ahora nos viene a otorgar su sanidad, su salvación, de su pureza, de esa agua para poder ser plenamente limpios y poder entrar.
¿QUÉ DÍA HIZO YESHUA ESTE MILAGRO?
Por último, qué día hizo Yeshua esta señal. No es casualidad, vamos a ver lo que dice el verso 9 de Juan 5:
“Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo. Y era día de reposo aquel día.” (Juan 5:9 RVR60).
Era día de reposo aquel día, es decir, era “shabat”. ¿Qué representa el shabat o séptimo día en el plano profético? Representa el milenio. Es decir, el tiempo, el momento en el que Él finalmente va a reinar, va a traer toda sanidad, toda purificación, restauración y, entonces, seremos aptos para entrar a la presencia de Dios. Mientras tanto: No. No podemos entrar todavía. Pero, por medio del Mesías, podremos hacerlo. Eso es parte de lo que nos espera en ese séptimo día, dentro del reino del milenio, donde no habrá más enfermedad, dolor, lágrimas, impurezas. No entrará nadie impuro, ni inmundo. Todo aquel que se sumerja en las aguas del Mesías será limpio y podrá entrar hasta el mismo lugar Santísimo Celestial.
¡Qué bendición y dicha poder entender la obra de Yeshua también de esta manera! Poder comprender que lo que hizo por este hombre, lo hizo por todos nosotros. Que la condición del hombre paralítico era la condición que teníamos todos nosotros antes de conocerle. En Él podemos ser sanos, salvos y limpios, por supuesto.
¡Qué milagros lleva a cabo Yeshua que nos recuerdan entonces que no solamente es la sanidad física, sino también es la salvación y la purificación de nuestros pecados!
Espero que haya sido de bendición para ti este estudio y, si fue así, vamos a compartirlo para que llegue a más personas.
Que el Eterno te bendiga: ¡“Shalom” / Paz!
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