RESPONSABILIDADES DE LOS HIJOS SEGÚN LA BIBLIA
Sean todos bienvenidos, estamos en “Respuestas en la Biblia”. Vamos a seguir aprendiendo más de la Palabra del Eterno. El día de hoy llegamos a la pregunta No. 179 que está relacionada con las dos preguntas anteriores sobre el tema familiar. En este caso, vamos a conocer: Las Responsabilidades de los hijos según la Biblia. Sin duda, un tema muy interesante e importante de conocer, sobre todo, para los hijos que están aún en casa y también para los que ya salimos y tenemos otra relación con los padres. Sin embargo, hay este precepto y estas responsabilidades. Así que, yo te invito a que abras tu corazón, tengas la edad que tengas. Incluso, si tus padres ya no están en esta tierra porque ya no viven, hay que aprender ciertas cosas porque debemos seguir honrándoles. Existen ciertas obligaciones que seguimos teniendo aun cuando nuestros padres ya no estén con nosotros. Algunos dirán: ‘Qué bueno, yo ya la libré. Ya cumplí’. No es así.
El otro punto que quería yo resaltar es que la palabra responsabilidad es una palabra fuerte y que no es del agrado de todos escuchar. Oímos responsable o responsabilidad y hay un peso encima. Pero, también debemos verlo con la perspectiva divina y de la fe, de que siempre es para bien y para bendición, que Dios no nos dará una responsabilidad que no podemos llevar. Que no nos ha dado unos padres con los que no podamos lidiar o no podamos honrar o respetar. Por supuesto que, habrá situaciones difíciles, pero siempre es posible con el Eterno y, por eso, te animo a que lo veas con una óptica positiva y con el deseo de decir: ‘Señor, yo sé que cuando guardo y cumplo, yo voy a ser el bendecido y saldré con un saldo, obviamente a favor’. Y, aprendiendo que, cuando honramos a nuestros padres, estamos honrando a nuestro Creador, nuestro Padre Celestial. Por eso, es tan importante este tema, tanto para chicos, como para grandes. Para toda la familia.
A MAYOR EDAD, MAYOR RESPONSABILIDAD
Primeramente, hay que decir esto sobre las responsabilidades de los hijos según la Biblia. Los hijos, evidentemente, según su edad, irán adquiriendo mayores responsabilidades para con Dios y con los hombres. Entonces, a mayor edad, mayor es la responsabilidad.
Dice la Escritura en Lamentaciones 3:27:
“Bueno le es al hombre llevar el yugo desde su juventud.” (Lamentaciones 3:27 RVR60).
Esto es muy cierto porque no hay quien no lleve un yugo. Aun los niños desde muy pequeños, en lo que empiezan a tomar conciencia justamente de eso. Que es parte de un equipo, de una familia, que Dios le ha puesto en el seno de un hogar donde debe de ir creciendo en responsabilidades a la par que va creciendo en edad y en su desarrollo físico.
Vamos a hablar de las responsabilidades de los hijos, pero yo les quiero pedir a los padres que, el estudio no está enfocado exclusivamente para los hijos que están en casa. Aquí es donde les decía que, debemos tener un criterio amplio para saber que, aun cuando nosotros no vivamos con nuestros padres, de todas formas, debemos ponernos el saco -por decirlo así-, vamos a ponernos lo que nos corresponde en cuanto a responsabilidad. Entonces, nos vamos a enfocar en las responsabilidades de los hijos para con sus padres y hermanos porque son parte de la dinámica familiar del hogar.
Lógicamente, los hijos, al ir creciendo, se van a ir dando cuenta de más mandamientos. Aquí sería muy difícil abarcar todos y cada uno de los preceptos y responsabilidades que marca la Biblia. Por ello, nos vamos a ir enfocando en la relación con los padres, en el hogar y la idea es que, cada hijo, se va a ir dando cuenta de los mandamientos que va a tener que ir guardando eventualmente conforme vayan creciendo. Por ejemplo: ‘Amar a Dios’. Un niño pequeño no es consciente de eso, porque no lo sabe, no lo entiende y no lo puede hacer por sí mismo. O, como guardar “shabat” (día de reposo), que también es responsabilidad de los padres. En fin, ellos irán convirtiendo estos preceptos en algo personal.
ADVERTENCIA / DISCLAIMER
Vamos a aclarar algo y a hacer esta advertencia: Es importante que, como padres, no usemos este estudio para exigir o presionar a los hijos a cumplir con lo que Dios ha ordenado. Recuerda que, antes de ver la paja en el ojo ajeno, saquemos la viga de nuestro ojo. El mejor camino es el ejemplo y la instrucción. Estamos seguros de que cuando hay buena relación entre padres e hijos, estas responsabilidades se irán cumpliendo y aún en caso de no cumplirse, los padres encontrarán el mejor camino para exhortar a los hijos a cumplir lo que les corresponde. Estamos confiando en la sabiduría, en el discernimiento y entendimiento de los padres aquí presentes para que no usen esto como espada. Que este estudio no sea usado como medio para ejercer presión para que los hijos cumplan. De hecho, lo sano sería que los padres no escucharan, pero no les voy a decir a los padres que se salgan y vayan a tomar un café y dejen a los hijos, porque, finalmente, todos seguimos siendo hijos y nos compete. Así seamos los más maduros de la tierra, debemos seguir aprendiendo y conociendo. De hecho, hay ciertos aspectos que, dependiendo de la edad de los hijos, son responsabilidad de los padres para inculcarles o enseñarles.
Deseamos para todos los hijos, que Dios toque sus corazones para que, al cumplir con estas responsabilidades, independientemente de la edad que tengan, puedan comprender que ellos como hijos serán los más bendecidos. Así, a tu edad, a tu entendimiento, joven o no, puedas ver esto como bendición y sepas que Dios no te dará una carga, yugo o responsabilidad que no puedas llevar. Así que vamos a revisar las responsabilidades que la “Torá” (Instrucción, Ley) marca para los hijos.
HONRAR A SUS PADRES
Vamos a comenzar con la más conocida de todas las responsabilidades o mandatos que Dios nos da. Estoy seguro de que no hay padre que no se lo haya dicho a sus hijos o no lo haya leído. Creo que hasta el ateo se lo sabe. Aquí la cita que da base a esta responsabilidad o precepto, no quiere decir que sea la única, habrá más porque a través de las Escrituras es evidente este principio, pero no habría espacio para poner todas y cada una ellas.
En este caso es Éxodo 20:12:
“HONRA A TU PADRE Y A TU MADRE, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.” (Éxodo 20:12 RVR60).
El cual se repite en Efesios 6:2:
“HONRA A TU PADRE Y A TU MADRE, que es el primer mandamiento con promesa; ” (Efesios 6:2 RVR60).
El honrar a los padres es uno de los preceptos con responsabilidades más amplias: ‘El honrar a los padres’. De hecho, es importante notar que, este precepto forma parte de los llamados diez mandamientos o declaraciones, lo que corresponde a la segunda tabla de la Torá. Se entregaron dos tablas de la ley y, se dice que, la segunda tabla está relacionada con los mandamientos hacia el prójimo. Y el primero de ellos con los que inicia la relación con el prójimo es: ‘Honrar al padre y a la madre’.
Entonces, esto nos hace ver, primeramente, la importancia que tiene para Dios este precepto. Más allá de amarlos está primero el honrarlos. Esto hay que decirlo también: no es algo que se dé automáticamente o que se mantenga durante toda la vida del hijo. No podemos esperar que el hijo se eduque a sí mismo. Somos los padres los responsables de inculcar, de inducir y enseñarlos como parte de la educación en la Torá sobre este mandato.
¿Por qué los hijos deben honrar a los padres? Porque en una edad temprana, los padres representan la imagen de Dios ante los hijos. De ahí la importancia de este mandamiento. Aunque parezca exagerado y no estamos hablando de idolatría, ni mucho menos, ya que un niño no entiende de eso. Por ello, se les debe inculcar el honrarles. Ahora, si los hijos han crecido y son mayores, lo deben de entender y buscar hacerlo por sí mismos.
Es interesante notar que este mandamiento, cualquiera pudiera decir que debiera ser: ‘Ama a tu padre y a tu madre’, ya que el amor es y está relacionado con lo más importante: ‘Amarás a Dios y a tu prójimo’. Pero no es así. Antes de amarlos, Dios nos pide que los honremos. ¿Por qué Dios pidió que los honráramos antes de amarlos? Si el amor es el centro de la Torá. Esto es entendible porque si honramos a nuestros padres, estamos, por ende, trasladando este mismo principio de honrar a Dios. Esto es cierto, pero no es lo único.
Es importante honrarlos antes de amarlos porque, en algunas ocasiones, lamentablemente, algunos padres no han actuado conforme a la Torá. Y exigirles a los hijos que amen a los padres podría ser muy difícil. Es diferente amar a honrar. Amarlo puede llegar a ser complicado porque están implicados sentimientos, emociones, pensamientos y mantener este nivel de amor en pensamiento, emoción, sentimiento y acción, puede ser difícil. Por eso, dice honrarlos. La honra no es que esté completamente desligada del amor, pero es algo diferente. Entonces, Dios es tan sabio, cuidadoso, previsor por cualquier cuestión que sabe que antes de amar a los padres, está primero el honrarlos. Y esto sí es posible. Por tanto, no dice: ‘Si tus padres fueron excelentes, unas personas maravillosas y super geniales, hónralos todos los días’. Muchas veces, los padres les vamos a caer “gordos” o muy mal a los hijos. Por tanto, no debe romperse este mandamiento. Entonces, exigirle a un hijo que nos ame puede ser complicado y, por momentos, no lo va a poder cumplir y estaría transgrediendo constantemente. Así que, Dios dijo: ‘Ok. No es el amarlos, sino el honrarlos primero’.
¿Qué es honrar a los padres y qué implica? Honrar a los padres es respetarlos. Implica la palabra ‘honra’ que tiene que ver con ‘honor’. Ver por ellos, pasar tiempo a su lado, cuidarlos en los momentos que lo necesiten y en la enfermedad. El resto de las responsabilidades que vamos a ver, complementan este mandamiento de honrar a los padres. Y hay un típico ejemplo que se da en el judaísmo sobre lo que es honrar a los padres: Un padre llega de la calle a su casa y se sienta y dice: ‘Hace mucho calor’. Entonces, el hijo no puede decir: ‘No hace calor. Está fresco. Yo no siento calor’. Porque ¿quién es el hijo para contradecir a su padre? Si el padre dice: ‘Hace calor’. ¿Qué debe hacer el hijo? Si dice: ‘Es cierto, qué calor está haciendo. Es la época de más temperatura’. Tampoco el hijo debe de decir eso. ¿Por qué? Porque ¿quién es el hijo, para andar afirmando lo que su padre dice? El padre no necesita la afirmación del hijo. Por tanto, no puede contradecirlo y tampoco puede afirmar lo que dice por qué no necesita su validación. Entonces, ¿qué debe decir un hijo si su padre dice que hace calor? Debe decir: ‘Te abro la ventana’. ‘¿Quieres que te traiga un vaso con agua?’. Este es el típico ejemplo de cómo se honra a los padres. No contradecirlos y tampoco reafirmarlos porque no necesitan nuestra afirmación. Más bien, el honrarlos implica el ver por ellos. Estar al tanto de ellos. Darles tiempo, honra, respeto, cuidado, en fin. Por supuesto, cada situación implicará diferentes acciones.
Entonces, hijos recuerden algo: ‘Lo que siembras, cosechas’. Si no honramos a nuestros padres, nosotros no podemos esperar a que el día de mañana, los hijos y los nietos nos honren a nosotros también. Es la ley de la siembra y de la cosecha. ‘Lo que el hombre cosechare, tarde o temprano, eso también segará’. Y se considera como lo mínimo justo porque ellos nos dieron la vida, nos atendieron cuando no podíamos hacerlo por nosotros mismos, nos cuidaron, nos protegieron nuestra integridad física, mental y espiritual. Tal vez, no fueron o no han sido los mejores padres, pero la Torá no dice: ‘Hónralos si acaso fueron excelentes y fueron o son unos grandes padres’. No dice eso, solo dice que los honremos. Eso es posible, independientemente de, si hay un gran afecto, amor y cariño. La honra es algo que no se puede dejar de dar.
Y, por otro lado, aun cuando los padres no están vivos, hay que seguir honrándolos. Ya que lo que se honra es la memoria. De alguna manera, se honra el nombre del padre. Mientras sigamos llevando el apellido, tendremos que ser cuidadosos porque es como quien lleva la camiseta o el uniforme de la empresa. Uno representa a esa empresa mientras uno porte el uniforme. El hijo porta y representa el apellido de la familia y no te lo puedes quitar. No importa que los padres ya no vivan, la honra se debe seguir dando. Por eso, para evitarles vergüenza cuando un hijo se comporta de manera que deshonra a los padres, la gente se pregunta: ‘¿Quién educó a esta persona?’ o ‘¿Quién es la madre de esta niña?’. Aun en la edad adulta, las personas que se han dedicado a hacer el mal se han apartado del bien y han hecho malas acciones de mal corazón, gente perversa, son una vergüenza y deshonra para sus padres. Y, todo lo contrario, cuando un hombre o una mujer caminan en integridad y en el estándar que marca la Torá, le va a dar honra a los padres, aunque los padres no hayan sido los mejores. ¡Eso es parte de cumplir el mandamiento!
Así que, yo te digo a ti, hijo: tengas la edad que tengas, sean tus padres como sean, debes seguir honrándoles y hay que cumplir este precepto que, además, como leímos en Efesios: ‘Es el primer mandamiento con promesa’. Entonces, el más bendecido vas a ser tú. ¡Qué bendición si lo ves así! ¿Quieres que te vaya bien en la vida? Honra a tus padres y adquirirás largos días. No necesariamente es una longevidad física, sino que, parte de lo que se explica es que, adquirirás años de tus padres porque conseguirás sabiduría y entendimiento. La experiencia que ellos tuvieron, te la transmitirán y, por lo tanto, tú serás más sabio, entendido y bendecido por Dios. Los hombres que bendicen a sus padres siempre son bendecidos y no solo en cuestión de longevidad, sino en muchísimas otras áreas: económicamente, espiritualmente, en fin. Muchos aspectos en los que Dios te puede bendecir tan solo por el hecho de cumplir con este mandamiento. Yo creo que, buscando la voluntad del Eterno, todos los hijos irán encontrando la mejor forma de honrar a sus padres. Independientemente de la edad y de cómo sean los padres.
TEMER A LA MADRE Y PADRE
La segunda responsabilidad que tenemos en la Torá es también muy interesante.
Dice en Levítico 19:3:
“Cada uno TEMERÁ A SU MADRE Y A SU PADRE, y mis días de reposo guardaréis. Yo Jehová vuestro Dios.” (Levítico 19:3 RVR60).
La palabra ‘temer’ es la palabra “yaré” (H3372) e implica temer moralmente. Es decir, el principio de la sabiduría es el ‘temor’ a Dios. La palabra en sí también puede implicar reverenciar, pero también implica un término que es lo mismo a estar asustado, atemorizado, espantado. La palabra se traduce como espantoso, miedo, terrible, temible, temor, temeroso, además de reverenciar. Entonces, aunque casi siempre es visto este principio de temer a los padres como respeto y reverencia, lo cual es muy cierto; la misma palabra hebrea, nos deja ver que, en algún momento, los hijos deben de sentir literalmente temor de los padres. No por ellos mismos, sino por el castigo que los padres puedan infligir. Estamos hablando de un temor sano. No hablamos de un miedo al padre, como les decía yo, no como un miedo físico. Si no un temor que va a un nivel más alto, que se debe a la desobediencia o a las consecuencias que van a tener los hijos por sus transgresiones. Ese temor debe funcionar como un freno hacia correr al pecado. ¡Y eso es sano! Es evidente que estamos hablando de hijos de cierta edad: jóvenes, niños o infantes. Aquí no estamos hablando de que los padres deben de imponerse generando un terror o miedo sobre el corazón de los hijos. Por naturaleza misma, todos los hijos nacen con un cierto temor hacia los padres, lo que, hasta cierto punto, es lógico. Si tú eres una personita de 0.80 cm 0 .90 cm de altura y, de repente, ves a un gigante de 1.80 m de altura que te dobla en peso y estatura, pues genera naturalmente en el niño un temor. ¡Eso es sano y necesario también! La Biblia nos muestra en más de una ocasión que Dios infundía un temor en el pueblo y habla de la ira y del castigo que vendría como una amenaza; para que el pueblo, si no era por amor, al menos, por temor se arrepintiera. Y, muchas veces, Dios hablaba fuerte y les decía: ‘Los voy a sepultar y los voy a dejar aquí en el desierto’. Nada más darle una examinada a los libros de los Profetas o al libro de Números y nos daremos cuenta de que esto es así.
No sé cuántos de ustedes, en algún momento, si les daba temor que sus padres les fueran a dar una paliza o de cinturonazos, chanclazos o varazos o lo que te tocara en su momento. Pero, hasta cierto punto, la experiencia es terrorífica, más al final de cuentas, es sana. De hecho, en la entrega de la Torá en Éxodo 20, el pueblo temió y estaba aterrorizado por la experiencia. Realmente tuvieron temor, por eso, Moisés les dijo como animándolos: ‘¡No tengan miedo!’. Porque eso era sano para ellos. Es bueno que exista un cierto nivel de temor en el corazón de los hijos. Hay padres que se empeñan en convertirse completamente en el ‘Winnie Pooh’ o en los ositos cariñositos; es decir, en un personaje tierno y dulce para sus hijos y, prácticamente, el hijo termina pegándole al padre y el padre temiéndole al hijo. Esto de ninguna manera puede ser así. Tampoco estamos hablando de violencia o imposición, pues no tiene nada que ver con eso. Sin embargo, sí es real que, en un momento dado, los hijos deben de pasar por cierta etapa de temor, como describe la Palabra, de miedo reverente hacia los padres. Un miedo basado en el temor a la consecuencia, el castigo o la vara. No es algo que deba perdurar. Conforme la relación de los padres y los hijos va madurando, el temor debe de ir cambiando. Mientras tanto, en los primeros años, eso se debe de mantener porque es el principio de la sabiduría y es el freno para que los niños se alejen del pecado. Va a ser difícil el razonamiento a ciertas edades. Es complicado que a un niño de 2 o 3 años, por más que le quieras explicar ciertas consecuencias de sus actos o los peligros que existen, quieran obedecer. O que sientan tanto amor por sus padres, que lo hagan naturalmente. A veces, lo que hay que infundir ahí es miedo. Porque es la única manera de evitar la acción que, a la larga, le va a terminar dañando mucho más. Es válido porque es bíblico, pero hay que ser cautos y cuidadosos. Sin embargo, tampoco hay que evitarlo porque sería un gran error.
Otra cosa interesante que nos muestra el precepto y la responsabilidad, si observamos bien, en el pasaje anterior leíamos: ‘Honra a tu padre y a tu madre’. Pero en levítico 19:3 ¿quién aparece primero, el padre o la madre? ¿A quién se debe temer primero y por qué? Ahí nombra primero a la madre: ¿cuál será la razón? En cuanto a honra es primero: ‘Honra a tu padre y a tu madre’, porque, por lo general, tenemos mayor temor natural hacia el padre porque está más grande, más fuerte y la mano se le ve más pesada. De alguna manera, cuando la esposa cumple el precepto de la sujeción, los hijos perciben esto. Entonces, por naturaleza, los hijos tienen más temor por el padre. Por eso, aquí dice primero a la madre. Además, habitualmente, los hijos pasan más tiempo con las mamás y, por tanto, es más fácil faltarle al respeto. A veces, los hijos confunden: ‘Mi mamá está sujeta a mi papá. Entonces, a mi papá, si lo respeto y le tengo miedo porque él es quien, cuando llega, me disciplina’. Debido a esto, la Torá enfatiza que, primero, se debe tener temor a la madre y después al padre, porque somos dados a tener menos temor sobre la madre. Así que, debemos ser sabios y entendidos para cumplirlo de esta manera.
¿Qué implica temer a los padres? Ya hablamos esta parte del miedo, pero los hijos van creciendo y el temor disminuyendo. Entonces, temerles debe implicar respetar, reverenciar, no contradecirles, no ocupar su lugar en la mesa, no alzarles la voz, no engañarles o mentirles. Obviamente, no agredirles de ninguna forma, no burlarse de ellos porque esto es algo que se va dando con los años. Lamentablemente, muchos jóvenes van creciendo y les es más fácil perderles el respeto a los padres porque se van dando cuenta de que no saben tanto como creíamos, no son tan capaces como los pensábamos o, simplemente, ya nos sentimos más autosuficientes. Entonces, es muy fácil caer en falta de respeto y eso lo que tiene detrás es falta de temor. Todo esto está prohibido, así como no ser despectivos, no regañarles, ya que, hoy en día, estamos viendo cómo los hijos regañan a los padres, tienen malas actitudes, comentarios, manifestaciones de desprecio, de impaciencia. El temor libra de todas estas faltas de respeto y, por eso, es algo que se debe de perder, tengan la edad que tengan, tanto tú, como tus padres.
Esta es la queja actual de muchos padres. Lamentablemente, estamos en una sociedad donde la falta de respeto se ha disparado a un nivel como nunca. El Talmud dice que, una de las maneras de entender que, los últimos días se están viviendo y que los días del Mesías están a la vuelta, es cuando los hijos deshonren a los padres. Imagínense, cuando eso se escribió ya sentían que estaban en ese tiempo, con mayor razón ahora. Hijos demandando a sus padres, mandándolos a las cárceles, golpeándolos, abandonándolos, engañándolos, robándolos. No acabamos con tantas cosas que podemos ver y leer en redes sociales constantemente. Actualmente, el perro está bien alimentado, cepillado y bañado, cada semana visita al veterinario, pero los padres abandonados completamente. Hoy más que nunca es lamentable lo que se vive. Como padres tenemos que inculcarles esto también a los hijos. No podemos esperar que de los hijos nazca porque, al contrario, es algo que, con los años, se va perdiendo. A lo mejor, con los hijos chiquitos nos podíamos imponer delante de ellos con un grito, un zapatazo, un derechazo, etcétera. Pero después los hijos van creciendo y como ya es un ropero enorme, fortachón y con la voz bien ronca, los padres les tienen miedo. Sin embargo, los padres deben de imponerse a esto y no tener temor de los hijos, sino más bien al revés, los hijos deben darse cuenta de que deben tener temor a los padres. Los padres no deben permitir ninguna falta de respeto de los hijos a ninguna edad. Pero si permites esto en tu casa desde que son pequeños, no puedes esperar que, de pronto, cambien de la noche a la mañana. Si tus hijos son pequeños y detectas estas faltas de respeto que se disfrazan de berrinches y de otras cosas, ten cuidado.
Hay un libro muy controversial que se llama: ‘Para entrenar a un niño’. Ha sido muy polémico porque está enfocado en el uso de la vara, lo cual está respaldado en la Escritura. Pero ha sido muy criticado porque les ha parecido muy exagerado o extremista. Sin embargo, tiene muchos principios interesantes y sabios sobre que los hijos no pueden faltarle el respeto a los padres, deben ser obedientes, en fin. Se narra una anécdota en el libro donde, en una ocasión, la esposa del autor se encontró platicando con una mamá que estaba cargando a su hijo. De repente, el hijo desesperado, ya se quería ir, se quería bajar y la mamá luchaba con él por controlarlo. De pronto, el hijo le suelta un golpazo con un juguete a la mamá. Pero la mamá, lejos de corregirlo, solo le decía que le estaba haciendo daño, que ya no le pegara, pero él no paraba de pegarle. Y súbitamente, cuando el niño se cansa de pegarle a la mamá, le da un golpe a la Señora que está narrando la anécdota. Ella tomó el juguete de la mano del niño y le regresó el golpe. La mamá se quedó sorprendida, pero el niño se dio cuenta de que él pegaba, más la Señora le seguiría pegando también, por lo que se quedó quieto. Esta es una lección proporcional en la que, a lo mejor, no todos estarán de acuerdo con ella, pero es la forma de parar con la falta de respeto de un niño. Aquí la situación es que esa es la realidad, muchos padres han permitido que sus hijos les falten al respeto. Y eso ha sucedido porque se ha ido perdiendo el temor.
Yo creo que, aquí no hay nadie que quede exento y, yo me incluyo, en algunos momentos de la vida hemos caído y transgredido en esto. Pero, ahora hay que aplicar y cumplir lo que dice la Torá. No esperes que el temor nazca, debemos de alguna manera inculcarlo y pedirle a Dios que haya ese temor.
Y, pues joven o niño que estás con tus padres, yo te digo algo: Si no tienes temor de tus padres, no vas a tener temor de Dios el día de mañana. No esperes que puedas cumplir con los preceptos y recibas la bendición de Dios si no tienes temor de tus padres. Por eso el principio: ‘No podemos amar a un Dios que no vemos, si no amamos a nuestros padres que sí vemos’. ‘No puedes temer a un Dios que no ves, si no puedes temer a los padres que sí ves’. Además, la falta de temor es un indicio de orgullo, de soberbia y falta de sabiduría.
Sin embargo, quisiera cerrar con algo importante hacia los hijos: Tener temor a los padres no se debe de confundir con el miedo a decepcionarlos. Los hijos no pueden vivir toda la vida buscando agradar completamente a los padres en todo lo que los padres quieran. Porque esto se traslada a la edad adulta, incluso, cuando se casan, hay jóvenes recién casados que siguen buscando que todo lo que hagan les agrade a los papás porque tienen el sentimiento de enojar, defraudar o decepcionar a sus padres. Hay que entender que no se trata de vivir agradándoles, sino de agradar a Dios. Primero está Dios y, cuánto más, cuando los hijos han crecido y madurado, también necesitan tener discernimiento para no confundir el temor del que habla la Escritura, con un deseo errado de quererles agradar. También hay papás que abusan de este principio para infundirles tremendo terror y eso también está mal. Espero que esto quede claro porque es un punto muy importante dentro de las responsabilidades de los hijos según la Biblia.
OBEDECER A SUS PADRES
El siguiente punto es sumamente importante e interesante: Obedecer a los padres. Este mandato lo encontramos de parte de Dios en la pluma del apóstol Pablo en Colosenses 3:20:
“HIJOS, OBEDECED A VUESTROS PADRES EN TODO, porque esto agrada al Señor.” (Colosenses 3:20 RVR60).
También se expresa esta misma idea en Hebreos 12:9:
“Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿POR QUÉ NO OBEDECEREMOS MUCHO MEJOR al Padre de los espíritus, y viviremos?” (Hebreos 12:9 RVR60).
Aquí está dando, por hecho, que los hijos deben obedecer a los padres.
Hay que entender un principio muy importante que es: “La obediencia es insustituible”. No podemos cambiar obediencia por otros sacrificios. Si no pregúntenle a Saúl que se le dio una orden, fue desobediente y le costó el puesto. Entonces, no importa cuántos sacrificios o acciones hagas, la obediencia es irreemplazable. Eso es algo de lo que más puede apreciar un padre en sus hijos. Si tú como hijo, lo dudas, pregúntales a tus padres. Habitualmente, lo que más piden los padres hacia sus hijos es obediencia. A veces, no es que seas el mejor atleta, el mejor alumno, el más “tzadik” (justo) de la Congregación o la comunidad. ¡No! Simplemente es: Obedéceme, así me quedo tranquilo y contento. Es fundamental la obediencia en una correcta relación de padres e hijos.
Yo te digo a ti, joven, niño, ¿quieres llevarla bien con tus papás y estar en una buena relación con ellos? ¡Obedéceles! Ahora, si los padres obedecen y temen al Eterno, entonces, no te van a pedir nada que vaya en contra de la Torá, ni algo que sea completamente imposible. Pero, si lo hicieran, te invito a que veas la pregunta No. 53 que dice: ¿Debo obedecer a mis padres si me piden que transgreda? En los videos de la serie Respuestas en la Biblia. Porque habrá excepciones para no obedecer a los padres, que se deberán revisar en cada caso en particular. No hay un listado específico como tal. La regla general es, obedece a tus padres en todo. No solamente cuando nos encanta obedecerlos en las tareas fáciles o con lo que nos gusta. Debemos obedecerles, aunque no sea una cuestión de gusto o que nazca del corazón. Hay que obedecerles. Si los padres están actuando mal o están haciendo algo indebido, ten por seguro que Dios va a tratar con ellos y les va a pedir cuentas. Si tú, a lo mejor, obedeciste a tus padres en tu niñez o juventud en algo que era indebido o en algo que te dañó, Dios sanará y restaurará tus heridas porque, además, les pedirá cuentas a tus papás. Tú, en tanto, sé fiel, obediente, haz lo que te corresponda como hijo. Porque si tú no obedeces estás poniéndote en una posición en la que tú darás cuenta de ellos, tengas la edad que tengas. Es cierto, a veces, es difícil obedecer, porque las cosas son complicadas, pero si amas a Dios hazlo por Él. Por eso dice que: ‘Esto agrada al Señor’ en Colosenses 3:20. No lo hagas porque te agrade a ti o porque te nazca, ni por tus padres mismos, sino por el Eterno. Y Él, sin duda, te bendecirá grandemente.
ATENDER A SUS INSTRUCCIONES, DIRECCIONES Y CONSEJOS
Esta es la siguiente responsabilidad y el libro de los Proverbios nos da amplios recursos para entender mejor este principio:
*Proverbios 1:8:
“OYE, HIJO MÍO, LA INSTRUCCIÓN DE TU PADRE, Y NO DESPRECIES LA DIRECCIÓN DE TU MADRE;” (Proverbios 1:8 RVR60).
*Proverbios 13:1:
“EL HIJO SABIO RECIBE EL CONSEJO DEL PADRE; Mas el burlador no escucha las reprensiones.” (Proverbios 13:1 RVR60).
*Proverbios 30:17:
“El ojo que escarnece a su padre Y MENOSPRECIA LA ENSEÑANZA DE LA MADRE, Los cuervos de la cañada lo saquen, Y lo devoren los hijos del águila.” (Proverbios 30:17 RVR60).
*Proverbios 23:22:
“OYE A TU PADRE, a aquel que te engendró; Y CUANDO TU MADRE ENVEJECIERE, NO LA MENOSPRECIES.” (Proverbios 23:22 RVR60).
Esto es más que nada, seguir los consejos, escuchar sus palabras como a personas sabias que saben, tienen más experiencia y ya han vivido. Hoy, que vivimos en una era de tanto flujo de información, es más fácil que los hijos tiendan a menospreciar los consejos, la dirección y enseñanza que les dan los padres. Sin embargo, esto es importante entenderlo aún siendo mayores. Es importante seguir estos principios que, como les digo, no son consejos, son preceptos de la Palabra. Tal vez, no tengan toda la razón tus padres, puede ser así y es válido, pero atiéndelos, escucha y considéralos siempre. No te creas más sabio que ellos. No quieras enseñarles porque eso es parte de la juventud misma el pensar que los padres no tienen nada que enseñarnos. Más ahora que tenemos tantas fuentes de información, el internet es prácticamente infinito, pero, aun así, te aseguro que hay cosas que no vas a encontrar en el internet, el cual no va a poder superar el entendimiento de muchas cuestiones de la vida que sí tienen tus padres. Información no es igual a sabiduría. Información es conocimiento, pero no es sinónimo de ser sabio, entendido, lo cual tiene que ver con madurez. Recibe, acepta y atiende el consejo de tus padres, aun cuando tú también seas padre y ya lo sepas. Como una cuestión de honrarles, respetarles y temerles, escúchalos. Esto incluye una actitud correcta, no solo obedecerlos en la letra, sino en la intención y en la disposición del corazón. Entonces, por más información que haya, no todo lo vas a encontrar en Google, Chat GPT o en cualquier otra inteligencia artificial
SUJETARSE A SUS PADRES
Otra responsabilidad de los hijos hacia los padres que nos marca la Escritura es sujetarse a sus padres. Y, aunque esto es parte de la honra y la obediencia, vemos muy claro este principio que aplica para todos, pero principalmente para los hijos en Romanos 13:1:
“SOMÉTASE TODA PERSONA A LAS AUTORIDADES SUPERIORES; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas.” (Romanos 13:1 RVR60).
Hijo, tienes qué entender que tus padres son tu autoridad, porque así lo diseñó Dios. Ya crecerás, te irás de casa y cambiará esa relación, pero hay que sujetarse a ellos sí o sí. Dios ha puesto a tus padres como una autoridad para tu vida. Y, siguiendo el principio del temor, si no te sujetas a ellos, no puedes tampoco estar sujeto al Eterno. Debes entender que, mientras vivas bajo su techo, son sus reglas. Dice el verso siguiente de Romanos 13: 2 ‘Que se acarrean condenación para sí mismos’. Dios no desea condenarte, ni que te vaya mal, sino todo lo contrario. Y para que esto suceda, debes sujetarte a tus padres. Por supuesto que, la sujeción debe de partir de un acto voluntario, ya que empieza en el corazón de buena manera y con agrado. No dice propiamente: ‘Padres, sujeten a sus hijos’. ¡No! Aunque si fuera necesario, pueden hacerlo porque tienen este derecho. Pero la Biblia apela a que cada uno lo haga por sí mismo, con el fin de agradar a Dios.
De aquí vienen tantos conflictos entre padres e hijos porque los hijos quieren saltarse la autoridad de los padres y los padres van a tratar de mantenerla y se van a dar estas constantes fricciones. Dice la Escritura que, “Yeshua” (Jesús) se sujetó a sus padres terrenales.
Vamos a leer Lucas 2:51:
“Y descendió con ellos, y volvió a Nazaret, Y ESTABA SUJETO A ELLOS. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón.” (Lucas 2:51 RVR60).
Y por supuesto que se sujetó a su Padre Celestial. Él dijo: ‘No se haga mi voluntad sino la tuya’. Y también: ‘Se escuchó una voz del cielo que dijo: este es mi hijo amado; en él tengo complacencia’. Yeshua se sujetó a sí mismo a la autoridad y a todo lo que implicaba la autoridad del Padre. Este es un principio que tenemos que seguir y mantener. ¿Cuánto más cuando los hijos viven en casa?
AGRADECER A SUS PADRES POR TODO LO QUE HACEN
Los hijos deben agradecer a sus padres por todo lo que hacen, como dice en 1 Tesalonicenses 5:18:
“DAD GRACIAS EN TODO, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.” (1 Tesalonicenses 5:18 RVR60).
Y dice Colosenses 3:15:
“Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; Y SED AGRADECIDOS.” (Colosenses 3:15 RVR60).

Este también es un precepto para todos, no solo para los hijos. Lo incluyo en la lista, porque los hijos deben agradecer como parte de un valor o un rasgo básico de la vida. El agradecimiento es algo fundamental que debe formar parte del paquete de nuestros rasgos de habilidades personales. Una persona malagradecida, siempre será una persona desagradable. Los hijos deben de aprender a dar las gracias y a ser agradecidos con sus padres. De hecho, es de las primeras cosas que se les enseña a los hijos. Les decimos: ‘Da gracias o agradece siempre’. Es algo básico, pero parece que se está perdiendo y se debe de enfatizar. Sea mucho o poco lo que tus padres te den, siempre debes ser agradecido por lo que tú recibes. Hay que agradecer a Dios, pero también a los padres, porque los padres son el medio para recibir las bendiciones. Aunque los padres, ciertamente, tengan la responsabilidad de proveer para los hijos en lo fundamental: alimento, abrigo, sustento, educación, seguridad, integridad y un techo, generalmente, los padres dan mucho más que eso y los hijos deben de ser conscientes o ir tomando conciencia y agradecer.
Por tanto, los padres deben de inculcar el agradecimiento en los hijos, haciéndoles tomar conciencia de ello. Y, tu hijo, muchas veces, no sabes el sacrificio que fue para tus papás, comprarte juguetes, ropa, celular, pagar la colegiatura mensual de tus estudios o simplemente la comida que tienes en la mesa. Todo lo que tuvieron que trabajar para que a ti, no te faltara nada. Por eso, no hay que perder el piso ni la conciencia, hay que ser agradecidos e inculcarles a los hijos esto. Muchas veces, la inmadurez no permite ver esto, pero tu hijo, si ya estás en edad o empiezas a tomar conciencia de ello, hoy agradece a Dios que tengas una cama, casa, unos padres, que haya alimento para comer, en fin. Estoy seguro de que tienes mucho más de lo que necesitas. Siempre habrá otras personas que tengan más, pero eso no significa que tú tengas poco. No importa, lo importante es ser agradecidos. Un corazón agradecido es un corazón humilde. Un hijo malagradecido entristece a los padres grandemente. Entonces, considera el esfuerzo que han hecho tus padres y agradéceles de todo corazón todo lo que tengas. No solo cosas materiales porque pueden ser principios, valores, buenos hábitos que generaron en ti de alimento, ejercicio, etcétera. Los padres están todo el tiempo dando. Y los hijos todo el tiempo recibiendo. Por tanto, lo mínimo que debe haber como correspondencia es el agradecimiento.
AYUDAR EN LAS TAREAS DEL HOGAR
Otra parte importante dentro de las responsabilidades de los hijos es: ayudar en las tareas del hogar. Esto es parte de lo que la Torá marca, de una u otra forma, aunque parezca evidente y obvio, no puedo enseñarte un versículo que diga que los hijos deben barrer, trapear, sacudir, lavar el baño. No aparece así de forma literal, pero es un principio intrínseco de la Escritura y, de alguna manera, el siguiente versículo nos da esta idea en Tito 2:5:
“a ser prudentes, castas, CUIDADOSAS DE SU CASA, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada.” (Tito 2:5 RVR60).
Aquí no solo se refiere a las casadas, sino que las jóvenes deben de aprenderlo, justamente, en casa. ¿Cómo se aprende a ser una buena esposa, una buena ama de casa? ¿O un buen esposo? Eso se aprende desde la casa misma. No resistas esta labor porque, aunque parezca un mandato exclusivo para las señoras, algún día te casarás o te irás de casa y, entonces, lo vas a tener que aplicar. Una vez más, esto es un principio de vida. Debes de ayudar en las labores del hogar y en el cuidado del hogar mismo. Por la simple razón de tú también vives ahí. Tú mismo ensucias, comes, usas los utensilios de la casa, también tiras basura, etcétera. Es una forma de compensar el uso o desgaste y el gasto que implica que tú vivas ahí. Piensa en esto: si tú vivieras solo, aún tendrías que hacerlo. No porque vivas con tus padres, significa que no tengas qué hacerlo o que sea responsabilidad exclusiva de los padres. Todo esto, obviamente, va a depender de la edad de los hijos. En la medida que van creciendo, van aumentando también las responsabilidades en el hogar. Y, como padres, si no les inculcamos esto, más tarde vendrán los problemas cuando se casen porque no va a ser una persona madura y responsable para llevar a cabo esto en su propio hogar.
La educación matrimonial no empieza en el matrimonio, empieza en la casa cuando todavía los hijos están ahí. Acorde a la edad de los hijos, es lo que ellos, deben de hacer: recoger sus juguetes, tender su cama, lavar la ropa, cortar el césped, etcétera. Pero esto hay que hacerlo sí o sí, o estaremos provocando una generación de cristal que no quiere mover un dedo, que todo lo quiere fácil y sencillo sin que les cueste trabajo. La realidad de la vida es que no es así. Y les estaríamos dando una mala guía a nuestros hijos si no les damos responsabilidades en el hogar.
ALEGRAR A LOS PADRES CON TU VIDA
Otro precepto que se considera una responsabilidad de los hijos es, alegrarlos. Sí, dice Proverbios 23:25:
“Alégrense tu padre y tu madre, Y gócese la que te dio a luz.” (Proverbios 23:25 RVR60).

La idea detrás de esto es que, además de honrarlos con tu vida, también debes de alegrarlos. Esto puede implicar pasar tiempo con ellos, llamarlos, llevar una vida justa y santa para que se gocen por ello. Aunque ya no vivas con tus padres, esto debes seguir haciéndolo. Obedecerlos con una buena actitud, hacer más de lo que te piden, será una forma de que ellos se alegren y se gocen. De no causarles vergüenza o momentos amargos directamente por ti. La vida traerá por sí misma, amargura y dificultades, pero no seas tú, hijo, quien traiga amargura a tus padres. Si no, todo lo contrario, dales alegría. Y será cuestión del Espíritu Santo de que, a cada uno, les muestre de qué manera puede alegrar a sus padres. Los papás tienen muchos problemas de los que tú, a veces, no te das cuenta y presiones que no imaginas. Entonces, no les causes mayor amargura, al contrario, bendícelos dándoles alegrías. Si sabes que, para ellos, es importante obedecer: obedece. Si es que saques buenas calificaciones o seas ordenado, que ayudes en la casa, habrá qué pensar, pues hay muchas cosas por hacer, pero busca alegrar a tus padres.
PROVEER PARA SUS NECESIDADES CUANDO NO SE PUEDAN VALES POR SÍ MISMOS
Aquí también hay varios versos que respaldan esta idea en:
*1 Timoteo 5:8:
“porque si alguno NO PROVEE PARA LOS SUYOS, Y MAYORMENTE PARA LOS DE SU CASA, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo.” (1 Timoteo 5:8 RVR60).
*1 Timoteo 5:4:
“Pero si alguna viuda tiene hijos, o nietos, aprendan éstos primero a ser piadosos para con su propia familia, Y A RECOMPENSAR A SUS PADRES; porque esto es lo bueno y agradable delante de Dios.” (1 Timoteo 5:4 RVR60).
*Isaías 58:7:
“¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano?” (Isaías 58:7 RVR60).
Estos pasajes nos dejan muy en claro que, se debe de proveer para nuestro hogar, para nuestra familia y para los necesitados. Pero, particularmente, los hijos deben hacerlo para los padres cuando ellos no puedan sostenerse económicamente por sí mismos. Aquí, el enfoque es cuando los hijos tienen ya un poder adquisitivo económico. Esto no significa y, debemos dejarlo claro que, los hijos no deben descuidar su propio hogar y su propia responsabilidad, tanto a su esposa como a sus hijos. Sin embargo, sería negligente y un pecado, el descuidarles en esta área. También hay que apoyar a los padres material y económicamente cuando ellos no puedan valerse por sus propios recursos en sus necesidades básicas. Tampoco quiere decir que tú debas vivir en una choza y tus padres en un palacio, porque vas a tener muchos problemas matrimoniales por esto.
Yeshua, por ejemplo, en Mateo 15 tiene una discusión muy interesante con los fariseos sobre el tema de las tradiciones. Que, si no se lavan, no comen y así con otras cosas y Él les dice: ‘Ustedes han trasgredido el mandamiento de honrar al padre y a la madre, porque toman un discípulo y este, en lugar de darle el recurso a sus padres, ustedes se lo quedan’. No está hablando aquí del diezmo, porque ese es otro tema. Simplemente, está hablando de ofrendas adicionales que se daban a los rabinos o para el Templo y que, en lugar de dárselas a los padres, se las daban de forma adicional para ellos (los fariseos).
Hay que discernir bien lo que realmente es más importante y la necesidad de lo que apremia más. Por ejemplo: Yeshua, aun estando en la cruz, dejó encargada a su madre “Myriam” (María) a “Yohanan” (Juan) antes de morir en Juan 19:26-27:
“Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.” (Juan 19:26-27 RVR60).
¡Qué manera de Yeshua de honrar, proveer y cuidar de su madre! Porque se considera que, en este caso, “Yosef” (José) ya había fallecido. Aun en el último momento no la dejó sola, ni la descuidó. Juan fue el último discípulo en morir. Así que, posiblemente, vio hasta el final por Myriam.
También lo dice Pablo en la carta a Timoteo: ‘Para que aprendan a recompensar a sus padres’. De alguna manera, esto es como una devolución, una recompensa de todo lo que nuestros padres hicieron por nosotros. No saliste muy barato, desde el parto ya saliste caro. ¡Esa es la verdad! Además de todos los sacrificios que implicó tenerte. Muchas veces, ellos se tuvieron que abstener de varias cosas para poderte mantener a ti. Espero que ningún parde le reclame esto a su hijo, pero es la verdad. Un hijo no es barato y, hoy en día, menos. Las colegiaturas no son económicas o la ropa, las actividades deportivas o la tecnología que los hijos quieren y piden. Todo eso tiene un costo y, si ellos sacrificaron muchas veces, como dice aquí, hay que recompensar eso que dieron durante muchísimos años de manera desinteresada.
Si el hijo vive aún en casa y es adulto, ya trabaja y, por tanto, es una persona económicamente activa, debe de contribuir al sostenimiento del hogar en el que vive para no ser una carga más para los padres. Si no más bien, de bendición. Hoy en día es muy difícil sostener los gastos del hogar. Entonces, los hijos, además de honrar así a los padres, pueden ser una bendición económica, en este caso, para su propio hogar, pues es el lugar donde viven.
¿Qué pasa si el hijo vive con los padres y estos no tienen ninguna necesidad económica? ¡Qué bendición! Que haya holgura y que sobre. El hijo trabaja, pero realmente los padres no necesitan del aporte del hijo. Lo primero es que, el hijo no debe ser más gravoso económicamente. No por ello, puede exigirles más a los padres, cuando él mismo puede sostenerse económicamente. Si el hijo trabaja, que vea por él mismo, por lo menos. ¿A qué me refiero con esto? A que se compre su ropa, sus gustos y muchas otras cosas que puede hacer sin problema. Si los padres no requieren el apoyo económico, los puede honrar de otra manera con sus bienes. Por ejemplo: con regalos u otro tipo de contribución al hogar como: la compra de algún electrodoméstico, reparación de algún mueble o alguna mejora que se requiera en casa.
ORAR POR LOS PADRES
Aquí hay otra responsabilidad importante que es: orar por los padres.
Dice en 1 Timoteo 2:1:
“Exhorto, ante todo, A QUE SE HAGAN ROGATIVAS, ORACIONES, PETICIONES Y ACCIONES DE GRACIAS, por todos los hombres;” (1 Timoteo 2:1 RVR60).
Aunque esto no es un mandato directo para los hijos, es primordial hacerlo para ellos también. Los hijos no debe ser el sostén espiritual de los padres, así como: ‘Ora por mi hijo para que me vaya bien’. Pero, si pueden contribuir y ser un apoyo por medio de la oración y deben de aprender a hacerlo. Los hijos deben orar por sus padres para que Dios bendiga a sus papás y Dios les guarde, les bendiga y de sabiduría. La oración debe ser parte de la vida familiar, pero también parte de la vida personal de los hijos.
SEGUIR LAS ENSEÑANZAS DE LA TORÁ
Dice en Deuteronomio 17:11:
“SEGÚN LA LEY QUE TE ENSEÑEN, Y SEGÚN EL JUICIO QUE TE DIGAN, HARÁS; NO TE APARTARÁS NI A DIESTRA NI A SINIESTRA de la sentencia que te declaren.” (Deuteronomio 17:11 RVR60).
Y Proverbios 22:6 dice:
“Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo NO SE APARTARÁ DE ÉL.” (Proverbios 22:6 RVR60).
Aunque este último versículo viene enfocado más hacia los padres, realmente aquí la idea es: Dios ha puesto a los padres como jueces y maestros de la enseñanza de la Torá a los hijos. Ya vimos que no hay que apartarse, sino seguir sus consejos, escucharlos, atender sus direcciones porque son sabios. Aquí habla específicamente de la Torá. Hay que aceptar y entender que Dios ha puesto a los padres como maestros, guías y jueces de la Torá y como pastores de los hijos. Por tanto, el camino que se les enseñe a los hijos, deben de seguirlo aun cuando fueren viejos. ¡Esa es la idea! Que puedan pasar muchísimos años y los hijos se mantengan en el camino de la Torá y no se aparten de lo que los padres les enseñaron.
Hijos, créanme que, para un padre, lo mejor que podrá ver en su vida, antes de morir, es ver que sus hijos seguirán en el camino de la Torá y del Mesías. Podrá haber muchas situaciones difíciles en las relaciones, pero si hay algo que pueda darles descanso a todos los padres y shalom, es el saber que sus hijos no se apartarán de la verdad, del Mesías, ni de la Escritura. Yo aprecio y veo con admiración y anhelo la vida de Aarón, el primer “Cohen Hagadol” (Sumo Sacerdote) porque lo último que vio antes de morir, fue a su hijo Eleazar, vestido con las ropas del sumo sacerdote, pues hubo una transferencia de la autoridad. ¡Qué descanso tuvo que, al menos al final, vio cómo ahora su hijo iba a ejercer el cargo del Sumo Sacerdote! Ya había tenido dos tristezas lamentables, Nadab y Abiú, pero en este caso, qué dicha, bendición y gozo de que lo último que vio fue a su hijo portando las vestiduras, que implicaban que seguiría el camino de la santidad.
Ahora, si tus padres no te enseñaron la Torá porque no la conocieron o porque no son creyentes hoy en día, sin duda, si te enseñaron algunos principios morales. Entonces, tú debes seguir esos principios establecidos en la Torá. Hablo de cosas básicas como: ‘No robar, no matar, no mentir, no engañar’. Creo que cualquier padre enseña eso a sus hijos. Así que, no te apartes de eso, ni a diestra ni a siniestra, sigue en ese camino.
AMAR A SUS PADRES COMO ASÍ MISMOS
Otra responsabilidad de los hijos que los mismos padres deben obedecer también está en Levítico 19:18:
“No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino AMARÁS A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO. Yo Jehová.” (Levítico 19:18 RVR60).
Justamente es lo que nos han dado a nosotros, ya sea física o emocionalmente nuestros padres. La Escritura nos enseña que: ‘Amemos al prójimo como a nosotros mismos’. Por tanto, el prójimo más cercano de los hijos, en casa, son sus padres. Esto aplica a los hijos que, todavía, son solteros y aún viven con sus papás. Cuando se casen, eso cambiará, porque su cónyuge se convertirá en el prójimo más cercano. Esto es un precepto que también podríamos aplicar para los hijos: ‘Amar a sus padres como a sí mismos’, por el principio de ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. En la medida que los hijos maduran y fructifican su relación con los padres, también debe de ir creciendo este amor, la decisión, la emoción y el sentir de amarlos. Ya hablamos de que primero debemos honrarlos, porque a veces, no siempre es fácil o no se dan las condiciones de amarlos. Pero, como se va madurando, la idea es que se les vaya amando, hasta llegar al punto de amar a nuestro prójimo como a ti mismo.
SIEMPRE HABRÁ BENDICIÓN POR CUMPLIR
Hijos: siempre habrá bendición por cumplir las responsabilidades para con los padres y por obedecer la Palabra de Dios. En el capítulo 35 de Jeremías, el cual es muy lindo porque nos habla de esta idea, nos muestra una historia donde los Recabitas fueron puestos a prueba y casi al final del capítulo dice: 35:18-19:
“Y dijo Jeremías a la familia de los recabitas: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Por cuanto obedecisteis al mandamiento de Jonadab vuestro padre, y guardasteis todos sus mandamientos, e hicisteis conforme a todas las cosas que os mandó; por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: No faltará de Jonadab hijo de Recab un varón que esté en mi presencia todos los días.” (Jeremías 35:18-19 RVR60).
Aquí Dios les dice que pasaron la prueba porque fueron fieles a los preceptos y a lo que les enseñó su papá y no se apartaron, por lo cual, van a ser grandemente bendecidos. Yo creo que esto será siempre así. Y Dios siempre bendecirá a los hijos.
Sabe Dios lo mucho que te puede costar obedecer, honrarlos, temerles, ayudar en casa, en fin. Tal vez, tus padres no te entiendan completamente, pero Dios sí lo hace. Dios no es deudor de nadie y Dios va a bendecirte. Esta es la mejor inversión que tú puedas hacer como hijo en tu infancia, en tu juventud y en la edad adulta, es honrarlos, respetarlos, temerles, ayudarles, obedecerles y todo lo que vimos hoy. Por último, dice en Efesios 6:1-3:
“1 Hijos, obedezcan a sus padres porque ustedes pertenecen al Señor, pues esto es lo correcto.
2 «Honra a tu padre y a tu madre».
Ese es el primer mandamiento que contiene una promesa: 3 si honras a tu padre y a tu madre, «te irá bien y tendrás una larga vida en la tierra.” (NTV).
Así que, yo te pregunto a ti hijo, independientemente de la edad que tengas, si estás o no en casa de tus padres aún, si ellos están vivos o no: ¿Quieres que te vaya bien, quieres que Dios te bendiga? Aquí está la solución: Dios quiere bendecirte y está a tu alcance y a la medida de tus posibilidades.
Yo te invito a que oremos y cumplamos todo lo que está escrito aquí para todos, porque, finalmente, todos somos hijos y también los que hemos entregado nuestra vida al Eterno, somos hijos de Dios. Entonces, todo esto aplicaría para aquellos que son hijos de Dios; es decir, con nuestro Padre Celestial. Oremos y agradezcamos a Dios por la vida de nuestros padres, por la vida de nuestros hijos y cumplamos lo que nos corresponda.
Si fue de bendición para tu vida, te invito a que compartamos el estudio y le demos “like” (me gusta) a los videos y a que te suscribas al canal para apoyar esta obra también.
Que el Eterno te bendiga grandemente: ¡“Shalom”! / ¡Paz!
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