¿POR QUÉ EL MILAGRO DEL ACEITE ES TAN IMPORTANTE?
Bienvenidos a “Respuestas en la Biblia”. Estamos en la pregunta No. 127: ¿Por qué el milagro del aceite es tan importante? Nos referimos al aceite de “Januka” (Fiesta de la Dedicación) cuando se puso en la “menorá” (Lámpara o candelabro de 7 brazos) en el Templo cuando se restableció el servicio. ¿Por qué se hace tanto énfasis en este milagro en particular? Es como si, por ejemplo, vamos a pensar en algo tan burdo como si la batería de tu celular, el día de hoy, te dura un día y, de repente, te durara por ocho días. Dirías: ¡Wow! ¡Qué maravilla! ¡Qué impresionante! Sé que para muchos jóvenes sería su mayor anhelo, tal vez, que no se les acabara la batería del celular por ocho días.
Vamos a ver por qué se hizo tanto énfasis en que éste sea el milagro para recordar de la fiesta de Januka. Resulta que, después que se inicia la batalla entre los griegos y los Macabeos, luego de tres años de luchas, los judíos, finalmente, lograron reconquistar Jerusalén y pues se encontraron, evidentemente, con que el Templo había sido profanado y, que había sido convertido en un santuario pagano, que en el altar se sacrificaban cerdos. Cuando pudieron entrar al Templo, lo primero que intentaron hacer fue encender la menorá. Aunque se dice que la menorá original ya no existía, porque al ser de oro, los griegos ya la habían derretido. Pero así lo hicieron, encendieron la menorá (no sabemos si sea la misma o no) porque era parte del servicio del Templo; sin embargo, solo encontraron un frasco de aceite puro que tenía el sello “kosher” (apto) del Sumo Sacerdote. Usaron este aceite para encender la menorá y, milagrosamente, se mantuvo encendida durante 8 días, hasta que alcanzaron a prensar aceite fresco y llevarlo al Templo.
Posteriormente, los Macabeos purifican el Templo y lo reinauguran el día 25 del noveno mes de Kislev, que es la fecha del calendario hebreo donde se conmemora, a partir de ese día, los días de Januka. Por eso, Januka significa dedicación o reinauguración. Ese día los sacerdotes, dice en la 1ra carta de los Macabeos, en el capítulo 4: se levantaron, ofrecieron sacrificios como indica la ley en el altar nuevo de ofrendas y, finalmente, hubo un motivo festivo, canciones, arpas, etcétera; para reinaugurar el Templo y celebrarlo durante ocho días y así se estableció.
DOCUMENTACIÓN DEL MILAGRO
Durante esos ocho días que hubo el milagro del aceite y que hubo esta celebración, no está documentado el milagro del aceite; sin embargo, si está documentado en el Talmud, lo que se me hace curioso e interesante: “… y cuando la casa real “hasmonea” (dinastía Macabea que gobernó Judea y sus alrededores desde el año 164 a.M. hasta el año 63 a.M.), obtuvo ventaja y venció (a los griegos), (los hasmoneos) buscaron y sólo encontraron un frasco de aceite… con el sello del “Cohen Gadol” (Sumo Sacerdote), y solo contenía (aceite suficiente) para arder durante un día. Ocurrió un milagro y ardió durante ocho días”. (Talmud Shabat 21b).
Januka es una de las dos festividades que fueron agregadas al calendario judío por los rabinos. En Januka se celebran dos tipos de milagros: 1. La victoria militar que es considerada un milagro porque un ejército de personas no entrenadas, no capacitadas, hayan logrado vencer al ejército más poderoso de aquellos días, es en sí un milagro. 2. La victoria espiritual representada en los ocho días que habría de durar el aceite de la menorá.
¿Por qué si hay dos milagros, los sabios de aquellos días decretaron que lo que se tendría que recordar en los días de Januka, no era la victoria militar sino el milagro del aceite que duró ocho días?
UN MILAGRO DENTRO DE OTRO MILAGRO
Primero vamos a ver algo interesante que, de pronto encontramos aquí, un milagro dentro de otro milagro. ¿Cómo es esto? Sin duda, estamos acostumbrados a tratar las leyes de la naturaleza como permanentes e inmutables. Sabemos que una ley siempre se cumple y, en este caso, de la naturaleza, evidentemente siempre se va a cumplir. Por eso son leyes, porque nunca fallan. Entonces, las leyes de la física y de la química, definen el orden natural del mundo. Y, de alguna manera, estamos acostumbrados a funcionar dentro de ese orden. No hay manera de saltarte las leyes de la física. Por ejemplo, si alguien dice: ‘Yo no creo en la ley de la gravedad. Así que, si yo me subo a la azotea y camino por la orilla, no me voy a caer’. ¿Tú crees que eso va a funcionar? Esto no es una cuestión de si lo crees o no. Todos estamos dentro o gobernados bajo las leyes de la gravedad y, por tanto, de la física. No podemos escapar de ellas. Lo interesante es que, el pensamiento judío enseña que, aunque estamos obligados, por llamarlo así, a funcionar dentro de los límites de la naturaleza, ésta carece de existencia propia. Es decir, que las leyes de la naturaleza son establecidas y sostenidas por Dios. Si serán leyes y siempre se cumplirán, pero es porque Dios está detrás de ellas. Y solamente Dios puede cambiar esas leyes si quiere. Por eso, Yeshua podía caminar sobre el agua. Físicamente no se podría, pero por cuanto él creó las leyes, Él creó las leyes del juego, Él las puede cambiar o modificar porque tiene esa facultad. En cambio, los demás no, todos nos regimos dentro de las leyes de la física y de la naturaleza. Y no nos podemos escapar de ellas, lo queramos o no. Sin embargo, Dios está por encima de esas leyes y Él es el que hace que estas leyes se cumplan.
Entonces, un acontecimiento que surge de acuerdo con las leyes de la física que conocemos, se llama ‘acontecimiento natural’. Es lo lógico. Un acontecimiento que se desarrolla de forma incompatible con las leyes de la física se denomina ‘milagro’. Porque es ilógico. Es como, si pensamos en la medicina, cuando una persona tiene una enfermedad, se toma cierto medicamento, las leyes de la ciencia y de la química, harán que sane. Es lo lógico y natural. Pero, si esa misma persona con un diagnóstico o pronóstico totalmente negativo, sin tomar ningún medicamento, de pronto resulta que esta persona se sana, entonces, entraría en la categoría de un milagro. Lo más interesante es que, Dios está detrás de ambas partes: detrás de los acontecimientos que llamamos naturales y detrás de los milagros.
Y, en la historia de Januka hubo dos milagros: el milagro del aceite y el milagro de la victoria militar sobre el ejército griego. Recordemos que Grecia era una potencia mundial, tenía el ejército más poderoso del mundo. No sé cuál sea el ejército más poderoso del mundo hoy, pero imagínate que tuvieras que enfrentar a ese ejército hoy. Pues los Macabeos eran una familia de sacerdotes que iniciaron la guerra contra los griegos, pero no eran personas entrenadas en actividades militares, sus oficios eran: herreros, carpinteros, en fin. Además, los griegos los superaban en número, en habilidades, en entrenamiento y los superaban en caballos, elefantes, etcétera. Entonces, el que un grupo de guerrilleros inconforme, de repente, derrote a un ejército así, habría que considerarlo como un milagro. Si pensáramos en las leyes de la naturaleza, de la física y de la lógica, Israel hubiera sido derrotado. Pero la victoria militar, podemos llamarle un milagro oculto dentro del orden natural. Es el tipo de milagro que no es evidente hasta que lo razonamos y nos damos cuenta de que no es lógico que un grupo de gente derrote al ejército más poderoso del mundo. ¡Es un milagro!
De la misma manera, ¿es un milagro que David haya derrotado a Goliat?, ¿Se podría considerar un milagro la derrota del gigante Goliat en esos días? Algunos dirían que sí, porque un jovencito, en contra de toda lógica, lo derrotó. Si lo razonamos, podríamos pensar que David era muy valiente. ¿Cómo es posible que, en la derrota de los griegos a manos de un ejército inferior, se considerara un milagro menos importante que el milagro del aceite? ¿Por qué no destacar más la victoria del ejército Macabeo contra los griegos? La respuesta es: Porque existiría el peligro de que acabáramos desestimando el milagro oculto en el orden natural. Y le atribuiríamos la victoria a otro tipo de habilidades, de situaciones y de estrategias que pudieran haber sido. Hay un ejemplo en la vida real de esto: En la guerra de Yom Kippur en Israel en el año 1973 d.M., contra todo pronóstico, Israel ganó. Y, en un inicio, todos lo consideraron como un milagro porque los pronósticos iban totalmente en contra, ya que una coalición de países árabes atacó sorpresivamente a Israel. No tenían ninguna esperanza de ganar y, al final, terminaron ganando. Sin embargo, poco a poco se fue pasando la euforia y empezaron a salir noticias en los periódicos que decían que el ejército de Israel siempre está alerta y es de los mejores ejércitos del mundo. Además, que la estrategia militar fue la adecuada, en fin. Comenzaron a desestimar que eso había sido un milagro y buscaron razones lógicas. Por eso, les preguntaba del caso de David. Porque si nos fuéramos a la lógica podríamos verlo no como un milagro, sino como que David era muy valiente, había peleado con osos, con leones, sabía usar la honda y, definitivamente, no fue la mano de David quien mató a Goliat, sino tremendo piedrazo en medio de los ojos. Ya luego David tomó la espada cuando él estaba inconsciente y desmayado y le cortó la cabeza. Entonces, podríamos comenzar a buscarle razones y a considerar que fue una proeza, pero no un milagro, pues se trata de David, quien después mató a más gigantes. Esto es parte del por qué, los sabios de aquellos días consideraron que el milagro más relevante e importante, no sería la victoria militar. Porque, aunque es obvio que fue un milagro, tarde o temprano, y más el pensamiento occidental, caracterizado por el raciocinio y la lógica, le terminaría por encontrar la lógica y la razón a la victoria Macabea. Aunque fue un gran milagro, no fue el milagro más importante.
¿Cuál es la idea al encender la “janukia” (lámpara o candelabro de 9 brazos)? Es recordar que los acontecimientos naturales, por los cuales nos regimos. Las leyes de la física y del universo de las cuales somos parte, también tienen dentro de ellas, milagros. Porque, finalmente, un milagro nos lleva a otro milagro. Si no se hubiese dado el milagro de la victoria militar, no se hubiese dado el milagro del aceite de la menorá. No podemos desestimar la victoria militar, pero no podemos decir que es la más importante.
¿QUÉ MILAGRO ES MAYOR?
Entonces, es un milagro dentro de otro milagro, pero ¿cuál milagro es mayor? Si lo pensamos, una vez más, muchas personas dirán que uno depende del otro, por tanto, el milagro mayor es el que cubre al pequeño, por decirlo así. Y, si pensamos en la lógica, cualquier persona diría: ‘Encender una lamparita por ocho días, no se me hace que eso cambie al mundo. Pero que un ejército de personas no entrenadas derrote al ejército más grande de este mundo, eso sí es un milagro’. Sin embargo, el milagro del aceite es lo que conmemoramos. Puede ser que la victoria militar haya sido más impresionante, pero la batalla real fue espiritual, no física y, es precisamente, esta victoria espiritual la que es simbolizada por las velas de la janukía. De eso se trataba la batalla de los Macabeos, de eso se trata la historia de Januka que nuestras batallas no son tal cual, físicas o contra un ejército. Sino como dijo Pablo: “No tenemos lucha contra carne y sangre, sino contra principados, contra huestes y contra potestades de maldad.” Así, el milagro de la victoria militar fue el causante de esto, pero la verdadera razón de esta festividad es un mensaje que ya habíamos conocido. Ustedes recordarán que, cuando Moisés conoció al Eterno o tuvo contacto con Él, fue por medio de la zarza ardiente. Moisés estaba cuidando su rebaño, cuando de repente, vio un arbusto encendido, pero lo extraño es que el arbusto desafiaba las leyes de la naturaleza. Así como el aceite desafía las leyes de la física. ¿Qué sucedía con la zarza ardiente y qué le llamó la atención a Moisés? ¿Cuál era el milagro de esta zarza que se estaba quemando? El milagro era que no se consumía, no se quemaba. Estaba ardiendo, pero no se consumía. Esta es una lección para el pueblo de Israel, porque el pueblo de Israel y los Macabeos desafiarían las leyes de la naturaleza, de la física, la lógica y de las estrategias militares y derrotarían al ejército más poderoso. Así, la historia del pueblo de Israel, es una historia que desafía la naturaleza y sus leyes. La supervivencia es un milagro en sí porque, además, estaba en riesgo la supervivencia espiritual. Ese fue un milagro que Dios le permitió ver a Moisés y que se repetirá hasta el final de los días. El pueblo de Israel no se consumirá jamás. Así como esa zarza ardía, así como ese aceite que solo debería durar un día y logró perdurar hasta los ocho días (número que representa ir más allá del tiempo y ascender en el tiempo), el pueblo de Israel así será.
Entonces, ese aceite de la janukía, también representa esa fortaleza interna espiritual de un pueblo que nunca se rinde. A pesar de las dificultades nunca se extingue. Y tú y yo somos parte de ese ADN, parte de este pueblo de Israel, de la descendencia de Abraham Isaac y Jacob. Eso también está en nosotros y debemos recordarlo cuando encendamos nuestra janukía. Tenemos mil batallas, luchamos por muchas cosas y los Macabeos lucharon por principios e ideales de las cuales sabían que, de ellas dependía su supervivencia. No su supervivencia física, esa ya la tenían asegurada, sino la supervivencia espiritual.
ACEITE = ISRAEL
Otra razón por la que el Eterno permitió que el milagro que se recordara finalmente y pasara a la historia, no fuera tanto el militar, sino el del aceite es que, como saben, el aceite, aunque se mezcla con las aguas, el aceite siempre flota sobre ellas y siempre se eleva. Dios nos dijo al pueblo de Israel: “Te he puesto por cabeza y no por cola”. Ese es nuestro destino: estar por encima. Entonces, el agua y el aceite, aparentemente, se pueden mezclar, pero después el aceite toma su lugar y el lugar de Israel podrá estar en el mundo, pero no ser parte de ese mundo. Estará por encima de ese mundo. Por encima de los valores y lo principios de este mundo y de los cuales promovían los griegos. Recordemos que los Macabeos lucharon por hacer esa diferencia.
Tú y yo debemos seguir anunciando este milagro de que el aceite seguirá encendiendo mientras haya alguien que esté dispuesto a luchar por esos principios y valores. Esos son los milagros que debemos transmitirles a nuestros hijos. El milagro de permanecer en la fe.
Que el Eterno te bendiga grandemente y que tengas una excelente fiesta de Januka: ¡“Shalom” / Paz!
Escribe un comentario